ECONOMÍA SIMBÓLICA Y ESTRUCTURAS DEL PODER
Por Carlos Ramírez Enriquez
Vivimos en un mundo donde lo visible gobierna: estadísticas, encuestas, precios, indicadores. Y sin embargo, debajo de todo lo cuantificable, hay un subsuelo invisible que sigue dictando el sentido de las cosas: el símbolo.
Detrás de cada moneda, de cada institución, de cada arquitectura del poder, hay una economía simbólica que regula no solo lo que vale, sino lo que puede valer. Esta economía no se mide en dinero, pero determina cómo se distribuyen el prestigio, la legitimidad, el deseo y el miedo. Es, en palabras simples, la arquitectura oculta del poder: la que determina qué imágenes controlan la imaginación colectiva.
El término “economía simbólica” no remite a una ciencia alternativa, sino a una dimensión profunda de la vida social: la manera en que circulan los símbolos y cómo éstos estructuran jerarquías, pertenencias y exclusiones. Toda comunidad humana organiza sus relaciones no solo en función de recursos materiales, sino también en función de significados compartidos.
Así, los símbolos no son adornos del poder: son su condición. Una bandera, un logotipo, un uniforme, una firma, un ritual parlamentario o un acto religioso no tienen poder en sí mismos, pero lo vehiculan. Son tecnologías del sentido. Herramientas de legitimación.
En este plano, una economía simbólica implica formas de distribución (¿quién accede al símbolo? ¿quién puede hablar en su nombre?), acumulación (¿quién tiene el monopolio de la representación?), exclusión (¿quién queda fuera del relato dominante?) y circulación (¿cómo se transforman los significados en el tiempo?).
De la hegemonía al algoritmo
Gramsci lo entendió bien: ningún poder dura sin consentimiento. Pero ese consentimiento no se logra solo con fuerza ni con leyes, sino con símbolos. Las élites no gobiernan sólo desde los palacios o los bancos; gobiernan también desde los relatos. A lo largo de la historia, la nobleza ha sido santificada por linajes míticos, la burguesía legitimada por la narrativa del mérito, y el capitalismo digital ha sido investido por la estética de la innovación.
Hoy, sin embargo, entramos en una nueva fase: la simbología de la eficiencia, de la automatización, de la transparencia. Nos gobiernan, literalmente, los datos. Y los símbolos dominantes ya no son los escudos de armas ni las proclamas ideológicas, sino los íconos de apps, los dashboards, los KPI’s, las marcas personales. El poder ya no se presenta como autoridad, sino como usabilidad.
La economía simbólica contemporánea ha sido colonizada por el algoritmo: lo que no se puede medir no existe. Pero lo paradójico es que lo simbólico no ha desaparecido; ha sido codificado en nuevas formas. El storytelling, el branding, la viralidad, la estética UX… Todo sigue siendo símbolo, pero con ropaje de eficiencia.
El símbolo como resistencia
En este contexto, recuperar una economía simbólica consciente no es un acto nostálgico, sino político. Porque donde el símbolo ha sido reducido a marketing, recuperar su densidad es resistir la banalización del sentido. Frente a la gestión del deseo por parte de la industria publicitaria, frente al vaciamiento del lenguaje por parte de la política espectáculo, frente al dominio del algoritmo sobre la narrativa, el símbolo auténtico se presenta como una grieta en el sistema.
Un símbolo no es un dato. Es una forma que condensa una experiencia compartida. Es ambigüedad, es misterio, es evocación. Y eso, hoy, es subversivo.
Frente a los imperios digitales que colonizan nuestra atención, el símbolo reaparece como acto de libertad. Una libertad que no se mide por la capacidad de elegir entre opciones prefabricadas, sino por la posibilidad de imaginar otro orden del mundo.
El símbolo y las estructuras de poder
Todo poder necesita una cosmología. Incluso el más secularizado. Un relato que lo sostenga. Los antiguos imperios se legitimaban con teogonías, los modernos con ideologías, y hoy lo hacen con retóricas de innovación y progreso. Pero siempre hay un mito fundante detrás.
Por eso, el poder no se disuelve con datos: se disuelve cuando se rompe su relato. Y ahí entra el símbolo: como matriz de sentido, como detonador de nuevas visiones, como instrumento de reescritura.
El símbolo permite fracturar los discursos dominantes desde dentro, al ofrecer imágenes alternativas. Por ejemplo, el mito del héroe solitario —tan útil al neoliberalismo— puede ser desplazado por mitologías del cuidado, de la comunidad, del vínculo.
Por eso, hoy más que nunca, necesitamos una alfabetización simbólica. No para volver a los templos antiguos, sino para aprender a leer los templos de hoy: las corporaciones, los medios, los algoritmos. Y también para reencantar el mundo con otros relatos. Más humanos. Más justos.
Hacia una nueva praxis simbólica
La pregunta urgente no es solo qué sistema económico queremos, sino qué economía simbólica estamos dispuestos a habitar. ¿Seguiremos produciendo sujetos endeudados, competitivos, individualistas, atrapados en una semántica del rendimiento? ¿O apostaremos por un nuevo imaginario donde la cooperación, la ternura, el misterio y la reciprocidad sean también valores legítimos?
Esta no es una utopía ingenua. Es un desafío ético, político y estético. Recuperar el símbolo no es evadirse del mundo: es intervenirlo en su raíz. Porque el poder más profundo no es el que se impone, sino el que se vuelve invisible.
La economía simbólica es el corazón oculto de toda estructura de poder. Nombrarla es ya empezar a liberarse. En un mundo saturado de ruido, el símbolo verdadero vuelve a ser radical: devuelve densidad al lenguaje, espesor a la experiencia y dignidad a lo humano.
Reconfigurar el mundo no es solo cuestión de leyes o estructuras: también es cuestión de formas. Y quizás la más poderosa de esas formas siga siendo —como siempre— el símbolo.
Créditos:
Creado con imágenes de Dmytro Synelnychenko - "Conspiracy theory concept. All Seeing Eye and Pyramid on USA dollar banknote, Portrait from United States of America 1 Dollar 1935 Banknote." • ChaoticMind - "Stock market trading floor bustling with activity and shimmering screens in a major financial district" • Ala - "Exploring the depths of uncertainty in urban financial markets and data" • TRAVELARIUM - "Group of businessmen in suits sitting around an illuminated dollar symbol surrounded by mystical atmosphere, symbolizing worship of money, reflecting on complexities of capitalism and materialism" • C.Castilla - "Criptomonedas y tecnología. Cartera digital con bloque cifrado. Concepto de blockchain y moneda global. Transacciones económicas a través de Internet." • theo - "Data analysts reviewing real-time analytics dashboards in a modern office setting"