Mateo 6:1-6, 16-21
1 »Cuídense de no hacer sus obras de justicia delante de la gente para llamar la atención. Si actúan así, su Padre que está en el cielo no les dará ninguna recompensa. 2 »Por eso, cuando des a los necesitados, no lo anuncies al son de trompeta, como lo hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que la gente les rinda homenaje. Les aseguro que ellos ya han recibido toda su recompensa. 3 Más bien, cuando des a los necesitados, que no se entere tu mano izquierda de lo que hace la derecha, 4 para que tu limosna sea en secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará. 5 »Cuando oren, no sean como los hipócritas, porque a ellos les encanta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que la gente los vea. Les aseguro que ya han obtenido toda su recompensa. 6 Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará. 16 »Cuando ayunen, no pongan cara triste como hacen los hipócritas, que cambian sus rostros para mostrar que están ayunando. Les aseguro que estos ya han obtenido toda su recompensa. 17 Pero tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara 18 para que no sea evidente ante los demás que estás ayunando, sino solo ante tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará. »No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. 20 Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. 21 Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.
El imaginario popular sobre las disciplinas espirituales que tienen lugar después del Miércoles de Ceniza parece limitarse a la renuncia de cosas como el alcohol, el chocolate, la carne, o tal vez alguna de las comidas del día. Aunque, sin duda, estas son disciplinas valiosas, me pregunto si esta limitación es un síntoma del materialismo occidental ya que, en general, la cultura cristiana ha descuidado la relación entre la caridad y la Cuaresma. Durante el Advenimiento, la Navidad y el período previo al Año Nuevo es cuando la mayoría de los cristianos se muestran generosos, indudablemente alentados por la perspectiva de cerrar las cuentas financieras del año, así como por aprovechar las exenciones fiscales que ofrece el Estado.
¿Estás cómodo con lo que esto parece decir sobre tu práctica cristiana? ¿Con que el tiempo de Advenimiento y los días posteriores tengan un papel clave para las donaciones económicas en la Iglesia, más que durante la Cuaresma? Jesús dice en Mateo 6:3 que, al dar, «no se entere tu mano izquierda de lo que hace la derecha»; esto sugiere que debemos tener una mentalidad diferente acerca de nuestros donativos, una que no se base en las formas de contabilidad del mundo.
En lugar de permitir que nuestras donaciones se vean afectadas por el cálculo de nuestras finanzas anuales y la búsqueda implícita de ventajas y beneficios fiscales, deberíamos estar abiertos a vivir más plenamente la práctica de la caridad durante la Cuaresma como parte de un camino holístico de disciplina espiritual. Participar en donativos verdaderamente sacrificiales durante la Cuaresma, en lugar de hacerlo al final del año –cuando sabemos exactamente cómo han ido nuestras finanzas–, nos brinda la oportunidad de «dar en secreto», como manda Jesús, así como tener un mayor impacto en nuestras vidas, ya que tenemos más tiempo para meditar sobre el sacrificio y permitir que el espíritu de generosidad habite en nuestras almas. En lugar de adaptarnos a la práctica cultural de la generosidad, amoldemos nuestra vida según el calendario de la Iglesia y ajustemos nuestras donaciones con la Cuaresma.
Oh, Señor, en este camino de Cuaresma, por favor, llena nuestros corazones de generosidad hacia las necesidades de los demás; ayúdanos a dar según nos guíe tu Espíritu sin pensar en el reconocimiento ni la recompensa terrenal; también, disciplina nuestros corazones para que podamos dar como Tú quieres, no sólo de nuestras finanzas, sino de nuestras propias vidas para tu reino. Amén.
Rev. Cn. Dr. David Beer
Canónigo de Desarrollo de Capacidades, Diócesis Anglicana de los Grandes Lagos
Iglesia Anglicana St. John
Canton, OH
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