Miércoles, 26 de marzo de 2025 Nube – Música (poema de Miguel de Unamuno)

Lucas 9:28-36

28 Unos ocho días después de decir esto, Jesús, acompañado de Pedro, Juan y Santiago, subió a una montaña a orar. 29 Mientras oraba, su rostro se transformó y su ropa se volvió blanca y radiante. 30 Y aparecieron dos personajes —Moisés y Elías—, que conversaban con Jesús. 31 Tenían un aspecto glorioso, y hablaban de la partida de Jesús, que él iba a cumplir en Jerusalén. 32 Pedro y sus compañeros estaban rendidos de sueño, pero cuando se despabilaron, vieron su gloria y a los dos personajes que estaban con él. 33 Mientras estos se apartaban de Jesús, Pedro, sin saber lo que estaba diciendo, propuso: —Maestro, ¡qué bien que estemos aquí! Podemos levantar tres albergues: uno para ti, otro para Moisés y otro para Elías. 34 Estaba hablando todavía cuando apareció una nube que los envolvió y al entrar en la nube se asustaron. 35 Entonces salió de la nube una voz que dijo: «Este es mi Hijo, mi escogido. ¡Escúchenlo!». 36 Después de oírse la voz, Jesús quedó solo. Los discípulos guardaron esto en secreto y por algún tiempo a nadie contaron nada de lo que habían visto.

Nube — Música

Nube eres de blancura al par de aquella. -Números 9:15, etc.

que a través del desierto fuera al pueblo

de Dios guiando; nube de blancura

como la perla de tu negra nube

sin contornos, del infinito concha,

que es tu Padre. Nube blanca teñida

por la sangre del sol que entra en la tierra

y se pone a nacer en otro mundo

donde es su reino. Blanco cual las nubes,

espuma de los cielos, los vellones

celestiales que riegan a la tierra.

Como la nieve blanca está el vestido -Marcos 9:2, Éxodo 34:29

de tu alma cansada, Nazareno;

como la nieve; lavador en tierra

no hay que la haga tan blanca: resplandece

cual nieve, espejo de la luz. Convida -Mateo 17:1, Lucas 9:28

a quedarse en el monto, y acampados

gozar de su blancura. Mas de pronto

ve, otra nube hace sombra de tristeza

sobre tu frente lívida, y nos dice

suave voz en su seno: «¡Este es mi Hijo,

mi Hijo amado en quien me gozo, oídle!».

Y el níveo albor de tu divino cuerpo

de resurgir de entre los muertos canta

–no dice–, porque es música tu cuerpo

divino, y ese cántico callado–música de los ojos su blancura–,

como arpa de David de refrigerio -1 Samuel 16:14-23

a nuestras almas cuando ya el espíritu

del Malo las tortura, y a las notas

de la armonía de pecho santo

se aduermen nuestras penas hechizadas

en los nidos de nuestros corazones

abrigados. Y entonces la pobre alma,

hecha antes un ovillo por la tétrica mano del Tentador, que nos la estruja -Lucas 13:11-13

y engurruñe, al sentir la sinfonía

de tu cuerpo, como un retoño ajado

a que la savia vuelve, se endereza

y en postura de marcha se recobra.

El canto eres sin fin y sin confines; -Lucas 13:10

eres, Señor, la soledad sonora,

y del concierto que a los seres liga

la epifanía. Cantan las esferas

por tu cuerpo, que es arpa universal.

Miguel de Unamuno