Lucas 20:9-19
9 Pasó luego a contarle a la gente esta parábola: —Un hombre plantó un viñedo, se lo arrendó a unos labradores y se fue de viaje por largo tiempo. 10 Llegada la cosecha, mandó un siervo a los labradores para que le dieran parte de la cosecha. Pero los labradores lo golpearon y lo despidieron con las manos vacías. 11 Les envió otro siervo, pero también a este lo golpearon, lo humillaron y lo despidieron con las manos vacías. 12 Entonces envió un tercero, pero aun a este lo hirieron y lo expulsaron. 13 »Entonces pensó el dueño del viñedo: “¿Qué voy a hacer? Enviaré a mi hijo amado; seguro que a él sí lo respetarán”. 14 Pero cuando lo vieron los labradores, trataron el asunto. “Este es el heredero —dijeron—. Matémoslo y la herencia será nuestra”. 15 Así que lo arrojaron fuera del viñedo y lo mataron. »¿Qué les hará el dueño? 16 Volverá, acabará con esos labradores y dará el viñedo a otros. Al oír esto, la gente exclamó: —¡Dios no lo quiera! 17 Mirándolos fijamente, Jesús les dijo: —Entonces, ¿qué significa esto que está escrito: »“La piedra que desecharon los constructores ha llegado a ser la piedra angular”? 18 Todo el que caiga sobre esa piedra quedará despedazado y, si ella cae sobre alguien, lo hará polvo. 19 Los maestros de la Ley y los jefes de los sacerdotes, cayendo en cuenta que la parábola iba dirigida contra ellos, buscaron la manera de echarle mano en aquel mismo momento. Pero temían al pueblo.
Como suele ocurrir, en la lectura de hoy Jesús cuenta a su audiencia una verdad importante a través de una poderosa parábola. Durante mucho tiempo, los viñedos habían sido una referencia a la nación de Israel. Jesús y sus oyentes estarían familiarizados con el canto de Isaías sobre el viñedo que enfrenta el juicio por no producir fruto; el propietario iba a permitir que fuera desolada como consecuencia de su infructuosidad. En Isaías 5:7, el profeta revela: «La viña del SEÑOR de los ejércitos es la nación de Israel».
Al saber que la viña era la nación, los sumos sacerdotes y los escribas no tendrían ningún problema en identificarse como los arrendatarios; ¿y qué habían estado haciendo estos labradores? Golpeando, hiriendo y expulsando a los siervos que obedecían al dueño del viñedo, una referencia obvia al trato dado a los profetas a lo largo de la historia de la nación.
A continuación, Jesús añade un último personaje a lo que hasta ahora ha sido una historia muy familiar: el hijo amado del propietario. Predice su propia muerte a manos de los arrendatarios y luego indica la consecuencia de esa decisión. Sin embargo, a pesar de todas sus intrigas, no son los arrendatarios quienes se beneficiarán de la propiedad del campo: la viña les será arrebatada y entregada a otros. A través de la parábola, Jesús pronunció un juicio sobre el pueblo de Dios porque no hicieron aquello para lo que habían sido redimidos: declarar su alabanza y producir frutos para el reino.
¿Cuál es el mensaje de esta parábola para la Iglesia de hoy? ¿Somos labradores fieles que producimos fruto para el dueño de la viña, o buscamos maneras de mejorar nuestra propia comodidad y posición a expensas de alcanzar a los perdidos?
Oh, Dios, Padre celestial nuestro, que manifestaste tu amor enviando a tu Hijo unigénito para que todos vivan por Él: derrama tu Espíritu sobre tu Iglesia para que podamos cumplir el mandato de predicar el Evangelio a todos los pueblos. Envía obreros a tu mies, defiéndelos de todos los peligros y tentaciones, y acelera el tiempo en que se reunirá la plenitud de los gentiles y se salvará el Israel fiel por medio de tu Hijo Jesucristo, Señor nuestro. Amén.
Rev. Dr. Bradley P. Roderick
Vicepresidente de Asuntos Académicos
Seminario Anglicano Trinity
Ambridge, PA
Credits:
Created with an image by PawelUchorczak - "Autumn in Moravian vineyards near Velke Bilovice in Czech Republic"