LA INCREDULIDAD DE SANTO TOMÁS Y LA DUDA CARTESIANA REVISTA LOGIA

LA INCREDULIDAD DE SANTO TOMÁS Y LA DUDA CARTESIANA

Por Inma Angélica Inclán

Fe, duda y certeza en Caravaggio

La pintura La incredulidad de Santo Tomás (1601-1602) de Michelangelo Merisi da Caravaggio es una obra maestra del claroscuro que captura un momento crucial en la tradición cristiana: la comprobación empírica de la resurrección de Cristo. En esta escena, Tomás, uno de los discípulos, introduce su dedo en la herida de Cristo como respuesta a su propia incredulidad. La tensión dramática, la iluminación y la composición refuerzan la fragilidad del conocimiento humano frente a lo trascendental. Sin embargo, esta obra puede ser analizada más allá del ámbito religioso, estableciendo un diálogo con la filosofía cartesiana y su célebre cogito ergo sum.

Contexto histórico y artístico

Caravaggio, una figura clave del Barroco italiano, se caracterizó por su naturalismo crudo y su rechazo de la idealización renacentista. En una Europa sacudida por la Reforma y la Contrarreforma, la Iglesia católica utilizó el arte como una herramienta pedagógica y emocional para reafirmar la fe. Esta pintura responde a esa necesidad al representar la incredulidad de Tomás como un acto de racionalidad humana que solo se disuelve ante la evidencia empírica de la divinidad.

El uso del claroscuro y la composición cerrada invitan al espectador a participar en la escena, intensificando la sensación de proximidad con la divinidad. La gestualidad y la expresión de los personajes sugieren la lucha interna entre la duda y la certeza, un dilema que resuena profundamente en la modernidad filosófica.

La duda y la certeza: Santo Tomás y Descartes

En el relato evangélico, Tomás se niega a creer en la resurrección de Cristo hasta que pueda verlo y tocarlo. Esta actitud se asemeja a la duda metódica cartesiana. Descartes, en su Meditaciones metafísicas (1641), plantea que solo puede aceptar como verdadero aquello que resista la duda radical. Sin embargo, mientras Tomás necesita de la evidencia sensorial para creer, Descartes encuentra su certeza en el pensamiento mismo: cogito ergo sum.

Si bien ambos casos parten de la desconfianza ante lo inmediato, divergen en sus resoluciones. Tomás confía en la percepción empírica como fuente de certeza, mientras que Descartes rechaza los sentidos como potencialmente engañosos y se refugia en la razón. La pintura de Caravaggio, con su hiperrealismo táctil, nos sitúa en una encrucijada entre estas dos posturas: ¿debemos confiar en lo que tocamos y vemos o en lo que pensamos y deducimos?

La obra de Caravaggio no solo refleja un episodio bíblico, sino que nos invita a reflexionar sobre la tensión entre fe y razón, experiencia y pensamiento. En una Europa donde la duda empezaba a emerger como método filosófico y científico, La incredulidad de Santo Tomás ilustra el punto de inflexión entre la certeza religiosa y la certeza racional. En última instancia, la pregunta que subyace en la pintura es la misma que en Descartes: ¿qué significa conocer?

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