Juan 1:1-18
1 En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Él estaba con Dios en el principio. 3 Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir. 4 En él estaba la vida y la vida era la luz de la humanidad. 5 Esta luz resplandece en la oscuridad y la oscuridad no ha podido apagarla. 6 Vino un hombre llamado Juan. Dios lo envió 7 como testigo para dar testimonio de la luz, a fin de que por medio de él todos creyeran. 8 Juan no era la luz, sino que vino para dar testimonio de la luz. 9 Esa luz verdadera, la que alumbra a todo ser humano, venía a este mundo. 10 El que era la luz ya estaba en el mundo y el mundo fue creado por medio de él, pero el mundo no lo reconoció. 11 Vino a lo que era suyo, pero los suyos no lo recibieron. 12 Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hechos hijos de Dios. 13 Estos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios. 14 Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y contemplamos su gloria, la gloria que corresponde al Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. 15 Juan dio testimonio de él y a voz en cuello proclamó: «Este es aquel de quien yo decía: “El que viene después de mí es superior a mí, porque existía antes que yo”». 16 De su plenitud todos recibimos gracia sobre gracia, 17 pues la Ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo. 18 A Dios nadie lo ha visto nunca; el Hijo único, que es Dios y que vive en unión íntima con el Padre, nos lo ha dado a conocer.
El triunfo del cristianismo sobre el paganismo de Gustav Doré (más detallado abajo) es un óleo monumental creado en 1868. Representa una escena alegórica acerca del ascenso histórico del cristianismo sobre las creencias paganas en Europa.
El cuadro está dividido en dos ámbitos distintos: en la mitad superior, bañada por una luz radiante, se elevan figuras cristianas y ángeles; en el centro hay una cruz, símbolo de Cristo, rodeada de apóstoles, santos y mártires. La mitad inferior representa deidades paganas y criaturas mitológicas en la oscuridad, cayendo en desorden; dioses griegos y romanos como Júpiter, Venus y Apolo aparecen junto a deidades nórdicas y celtas. Su caída representa el declive de las religiones politeístas.
Doré emplea contrastes dramáticos de luz y sombra para enfatizar la batalla espiritual.
La composición del cuadro atrae la mirada hacia arriba, reforzando el triunfo del cristianismo. Además, la riqueza de detalles y el magistral uso de la perspectiva de Doré crean una sensación de profundidad y movimiento.
Esta obra constituye una poderosa representación de la transformación cultural y religiosa de la civilización occidental, una transformación llevada a cabo por Jesucristo, el Verbo eterno de Dios, cuya encarnación marcó un importante comienzo para su gran triunfo.
Reverendísimo Cn. Bryan C. Hollon
PhD Decano y presidente
Seminario Anglicano Trinity
Ambridge, PA