DUSSEL Y WITTGENSTEIN: SOBRE LA AISTHESIS Y EL LENGUAJE REVISTA LOGIA

DUSSEL Y WITTGENSTEIN: SOBRE LA AISTHESIS Y EL LENGUAJE

Por: Diego Alejandro Ramírez Mendoza

“Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito (Sor Juana Inés de la Cruz)”.

Una breve nota introductoria

El presente escrito no es más que un ejercicio de carácter filosófico que buscó establecer nexos posibles entre el lenguaje y la belleza (áisthesis), mas no significa que lo aquí planteado busque pretensiones de verdad, sino solo ejercitar el pensamiento en sí mismo, el nuestro y el de los lectores, para abrir cauces reflexivos entre, precisamente, la belleza y el lenguaje, lo que sobre estas cuestiones se puede decir, sin que por ello todo lo dicho sea verdadero o correcto.

Sin embargo, no significa que el ejercicio haya sido fútil, todo lo contrario, y esto quisiéramos subrayarlo fervorosamente: pensar siempre es bueno, nadie debería privarse de hacerlo, ya que el pensar abre siempre caminos. Quien transita los caminos del pensar, nunca pierde, pues camina por sendas que lo llevan al error o al acierto. Errores y aciertos son siempre valiosos, pues nadie podría negar que es también un enorme regalo saber por dónde no se ha de transitar, como tampoco es nada desdeñable descubrir la verdad, ya que ésta nos permite movernos con más seguridad por la vida. Descubrir la verdad es, pues, nuestro cometido como seres humanos, el más elevado e importante de todos. Además, los errores y los aciertos siempre se pueden compartir con los otros para mostrarles el mejor camino posible. Al respecto, Séneca (1986), en sus Epístolas morales a LucilioSin embargo, no significa que el ejercicio haya sido fútil, todo lo contrario, y esto quisiéramos subrayarlo fervorosamente: pensar siempre es bueno, nadie debería privarse de hacerlo, ya que el pensar abre siempre caminos. Quien transita los caminos del pensar, nunca pierde, pues camina por sendas que lo llevan al error o al acierto. Errores y aciertos son siempre valiosos, pues nadie podría negar que es también un enorme regalo saber por dónde no se ha de transitar, como tampoco es nada desdeñable descubrir la verdad, ya que ésta nos permite movernos con más seguridad por la vida. Descubrir la verdad es, pues, nuestro cometido como seres humanos, el más elevado e importante de todos. Además, los errores y los aciertos siempre se pueden compartir con los otros para mostrarles el mejor camino posible. Al respecto, Séneca (1986), en sus Epístolas morales a Lucilio, dice lo siguiente:

En cuanto a mí, deseo comunicarte a ti todo; precisamente me complazco en aprender algo a fin de enseñártelo; ni doctrina alguna me deleitaría, por más excelente y saludable que fuese, si tuviera que conocerla solamente yo. Si la sabiduría se me otorgase bajo esta condición, de mantenerla oculta y no divulgarla, la rechazaría: sin compañía no es grata la posesión de bien alguno (p. 111).

Siguiendo ese mismo espíritu extraído de las palabras de Séneca, compartimos nuestros pensamientos con la esperanza de que catalice en ustedes, queridos lectores, los movimientos del pensar, sus propias reflexiones que reten a las nuestras propias.

¿Cómo podría relacionarse la belleza con un campo aparentemente tan dispar como lo son las Ciencias de la comunicación? Esa es la pregunta que ha catalizado este brevísimo ensayo. Sencillo. El filósofo alemán Hans-Georg Gadamer (1998), nos dice que “hablar es hablar a alguien” (p. 150). Ello significa que aquel que hace emerger su propio idioma, uno que nadie conoce, éste no se podrá comunicar a no ser que los otros aprendan aquel idioma, lo adopten antinaturalmente, ¿no es así? Pues bien, que no se nos olvide que la áisthesis tiene un componente semiótico muy fuerte, esa es una clave muy importante para establecer la conexión. Tampoco podemos perder de vista que el filósofo Ludwig Wittgenstein (2009) escribió en su conocido Tractatus lógico-philosóphicus que, “de lo que no se puede hablar hay que callar” (p. 137), porque si nosotros prestamos atención podremos inferir que el filósofo nos está invitando a permanecer callados cuando lo que nos asalta son temas como la religión, la estética y la ética, en razón de que acerca de ellos no se pueden hacer juicios con valor de verdad, según su concepción, ya que tiempo después, ofreció, sin embargo, dos conferencias acerca de esos temas. En la primera, dedicada a la ética, expuso:

A muchos de ustedes la respuesta les parecerá clara. Dirán: bien, si ciertas experiencias nos incitan a atribuirles una cualidad que denominamos importancia o valor absoluto o ético, eso solo muestra que a lo que nos referimos con esas palabras no es un sinsentido. Después de todo, a lo que nos referimos al decir que una experiencia tiene un valor absoluto es simplemente a un hecho como cualquier otro y todo se reduce a esto: todavía no hemos dado con el análisis lógico de lo que queremos decir con nuestras expresiones éticas y religiosas […] Este arremeter contra las paredes de nuestra jaula es perfecta y absolutamente desesperanzado. La ética, en la medida en que surge del deseo de decir algo sobre el sentido último de la vida, sobre lo absolutamente bueno, lo absolutamente valioso, no puede ser una ciencia. Lo que dice la ética no añade nada, en ningún sentido, a nuestro conocimiento. Pero es una tendencia del espíritu humano que yo personalmente no puedo sino respetar profundamente y que por nada del mundo ridiculizaría (Wittgenstein, 1989, pp. 42-43).

Sin embargo, a pesar de que este pensador alemán sugiera que debemos callar ante los resultados de las investigaciones de aquellas áreas que nos intentan decir algo sobre “[…] el sentido último de la vida […]” (Wittgenstein, Op. Cit., p. 43), la realidad es que, sobre ellas, sobre esas áreas, es mucho lo que podemos decir, y ello en virtud del lenguaje que configura el modus vivendi que compartimos, pues, con nuestra comunidad que nos lo ha enseñado o, mejor, que nos ha habituado a él. Al respecto, Wittgenstein, al inicio de sus Investigaciones filosóficas (2009), nos dice, al referirse a San Agustín y sus Confesiones, que nosotros aprendemos y aprehendemos el lenguaje cuando oímos que los mayores, aquellos otros entes que nos circundan, articulan un lenguaje que tiene su manifestación óntica en las palabras que éstos pronuncian repetidas veces y que, una vez habituados a ellas es que nosotros (quienes nos encontramos aprendiendo y aprehendiendo el lenguaje, quienes nos habituamos a él) nos vemos inmersos con los otros en una plataforma común —el lenguaje— en la que podemos expresar aquello que nos resulta deseable o indeseable, con palabras que se pronuncian, pero también con nuestro cuerpo en toda su concreción (gestos corporales, como movimientos de ojos, por ejemplo, que hacen referencia a lo que se desea y a lo que no). En las Investigaciones filosóficas, Wittgenstein nos escribe: “Llamaré también «juego de lenguaje» al todo formado por el lenguaje y las acciones con las que está entretejido” (p. 171). Por lo cual, justo es decir que la áisthesis es también un “juego del lenguaje” en tanto que, así como lo es también el que cuando un niño está siendo adiestrado en el lenguaje, “el instructor señale los objetos, dirija la atención del niño hacia ellos y pronuncie a la vez una palabra […] mientras muestra esa forma” (Wittgenstein, 2009, p. 169), también lo es cuando la madre o el padre de un niño le compra a éste un chocolate y se lo da de sorpresa provocando en el viviente un tono de alegría.

Supóngase lo siguiente: el padre o la madre, al llegar a casa, grita el nombre del chico para que éste vaya hacia él o ella y, conforme se acerca, señala, el padre o la madre, el chocolate sin decir más nada sólo para ver cómo el niño (gracias a la experiencia a cumulada de un gran número de casos) se alegra por ver el chocolate que le han comprado. El chico entonces lo gusta con sus papilas gustativas, el sabor dulce que es fuente de vida y motivo de alegría, pero que además, y como sucede con el lenguaje, lo ayuda a diferenciar entre el chocolate de sabor dulce y algún otro alimento distinto por su forma y su sabor, que puede gustarle menos y que, por tanto, rechaza cuando se lo sirve en el plato a la hora de la comida. El sentimiento de la áistesis también nos ayuda a diferenciar entre las cosas incorporadas a nuestro mundo igual que cuando se las nombra en el lenguaje. Lo mismo pasaría con el arte perfumario que enmascara los malos olores que recuerdan a la muerte (porque así hemos sido adiestrados) para, con el aroma del perfume, recordar otros que por su fresco aroma evocan a la vida. Al respecto, el filósofo Enrique Dussel (2020), en su libro intitulado: Siete ensayos de filosofía de la liberación. Hacia una fundamentación del giro decolonial, específicamente en el capítulo Siete hipótesis para una estética de la liberación, dice lo siguiente:

En cuanto el cosmos se manifiesta en el mundo como mediación universal para la vida, en cuanto bello, entonces, debe contar con tipos de manifestación o aparición fenoménica que permitan al sujeto estético (áisthesis) acceder a la realidad de lo real en su belleza. Es decir, advertir en la manzana por su forma y su color que es una manzana y no una piedra; por su gusto que es apetitoso y no causa náusea; por su perfume que es deleitoso y no como cuando la manzana se pudre; por su momento de plenitud nutritiva apropiada para ser consumida (es decir, por su madurez a punto para ser digerida), etcétera. Es decir, se constata semióticamente (descubriendo hermenéuticamente) su contenido, y probándose ser efectivamente una cosa disponible o una mediación posible actual para la vida (p. 164).

Así pues, lo que queremos plantear, tan solo como una hipótesis surgida de un ejercicio de dejar que el pensamiento estableciera conexiones lógicas (sin que por ello implique verdad, sino solo buscando que se abran cauces al respecto) entre las propuestas de Dussel y Wittgenstein, es que lenguaje y belleza, ambos implican o se ven atravesadas por un componente semiótico que los atraviesa con fuerza, nos ayudan a significar al mundo y establecen experiencias que pueden ser compartidas.

Referencias

Dussel, E. (2020). Siete hipótesis para una estética de la liberación. En Siete ensayos de filosofía de la liberación (pp. 156-196). Editorial Trotta.

Gadamer, H-G. (1998). Hombre y lenguaje. En M. Olasagasti (Ed.), Verdad y método II (pp. 145-153). Sígueme.

Séneca. (1986). Libro I, epístola 6. En I. Roca Meliá (Ed. y Trad.), Epístolas morales a Lucilio (pp. 111-112). Gredos.

Wittgenstein, L. (1989). Conferencia sobre ética (F. Birulés, trad.). Paidós.

––––––––––––– (2009). Wittgenstein I (A. García Suárez, C. Moulines, J. Muñoz Veiga, J. Prades, I. Reguera Pérez, V. Raga, trads.). Gredos.

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