Lucas 16:19-31
19 »Había un hombre rico que se vestía con púrpura y lino fino, y daba espléndidos banquetes todos los días. 20 A la puerta de su casa se tendía un mendigo llamado Lázaro, que estaba cubierto de llagas 21 y que hubiera querido llenarse el estómago con lo que caía de la mesa del rico. Hasta los perros se acercaban y le lamían las llagas. 22 »Resulta que murió el mendigo y los ángeles se lo llevaron para que estuviera al lado de Abraham. También murió el rico y lo sepultaron. 23 En los dominios de la muerte, en medio de sus tormentos, el rico levantó los ojos y vio de lejos a Abraham y a Lázaro junto a él. 24 Así que alzó la voz y lo llamó: “Padre Abraham, ten compasión de mí y manda a Lázaro que moje la punta del dedo en agua y me refresque la lengua, porque estoy sufriendo mucho en este fuego”. 25 Pero Abraham contestó: “Hijo, recuerda que durante tu vida te fue muy bien, mientras que a Lázaro le fue muy mal; pero ahora a él le toca recibir consuelo aquí, y a ti, sufrir mucho. 26 Además de eso, hay un gran abismo entre nosotros y ustedes, de modo que los que quieren pasar de aquí para allá no pueden, ni tampoco pueden los de allá para acá”. 27 »Él respondió: “Entonces te ruego, padre, que mandes a Lázaro a la casa de mi padre, 28 para que advierta a mis cinco hermanos y no vengan ellos también a este lugar de tormento”. 29 Pero Abraham contestó: “Ya tienen a Moisés y a los Profetas; ¡que les hagan caso a ellos!”. 30 “No les harán caso, padre Abraham —respondió el rico—; en cambio, si se les presentara uno de entre los muertos, entonces sí se arrepentirían”. 31 Abraham le dijo: “Si no hacen caso a Moisés y a los Profetas, tampoco se convencerán aunque alguien se levante de entre los muertos”».
Las iglesias medievales del valle de Bohí, situado en los Pirineos al norte de Barcelona, eran algo así como vasijas de barro (2 Co. 4:7-9). Eran humildes por fuera, pero estaban pintadas con frescos exquisitos por dentro. Estas pinturas adornan ahora las paredes del Museo Nacional de Arte de Cataluña. Como piezas de museo, ahora les es difícil cumplir su función original. Como buena parte del arte de la cristiandad medieval, su objetivo era enseñar la fe a una población mayoritariamente analfabeta. El fresco más famoso se llama Cristo en Majestad. Fue pintado alrededor del 1130 en la iglesia de San Clemente, donde predicó su sermón a todos los que lo veían. Este Cristo sostiene un libro abierto que revela cuatro sencillas palabras latinas: EGO SUM LX MUNDI, «Yo soy la luz del mundo». Sobre los hombros de Cristo aparecen la primera y la última letra del alfabeto griego; este Cristo proclama: «Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin».
Entre las otras representaciones bíblicas en el interior de la iglesia se encontraba Lázaro espera a la puerta, un fresco que representa la historia que Jesús narra en Lucas 16:19-31. El sermón que predicaba este fresco habría sido difícil de ignorar. Mientras miraba a los adinerados, le recordó al hombre rico que pasó por alto al Lázaro sufriente que esperaba a su puerta: «Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya han recibido consuelo! ¡Ay de ustedes los que ahora están saciados, porque sabrán lo que es pasar hambre! ¡Ay de ustedes los que ahora ríen, porque sufrirán y llorarán!» (Lc. 6:24-25). Y para quienes sufrían a diario tales indignidades, era igualmente la confirmación de que el mensaje de esperanza de Cristo sigue siendo cierto: «Dichosos ustedes los pobres, porque el reino de Dios les pertenece. Dichosos ustedes que ahora pasan hambre, porque serán saciados. Dichosos ustedes que ahora lloran, porque luego habrán de reír» (Lc. 6:20-21).