Miércoles, 19 de marzo de 2025 Rev. Eric Phillips (MAR 2020) – Pastor Iglesia Anglicana del Redentor

Lucas 7:18-35

18 Los discípulos de Juan le contaron todo esto. Él llamó a dos de ellos 19 y los envió al Señor a preguntarle: —¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro? 20 Cuando se acercaron a Jesús, ellos le dijeron: —Juan el Bautista nos ha enviado a preguntarte: “¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?”. 21 En ese mismo momento Jesús sanó a muchos que tenían enfermedades, dolencias y espíritus malignos, además dio la vista a muchos ciegos. 22 Entonces respondió a los enviados: —Vayan y cuéntenle a Juan lo que han visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los que tienen alguna enfermedad en su piel son sanados, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncian las buenas noticias. 23 Dichoso el que no tropieza por causa mía. 24 Cuando se fueron los enviados, Jesús comenzó a hablarle a la multitud acerca de Juan: «¿Qué salieron a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? 25 Si no, ¿qué salieron a ver? ¿A un hombre vestido con ropa fina? Claro que no, pues los que se visten ostentosamente y llevan una vida de lujo están en los palacios reales. 26 Entonces, ¿qué salieron a ver? ¿A un profeta? Sí, les digo, y más que profeta. 27 Este es de quien está escrito: »“Yo estoy por enviar a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino”. 28 Les digo que entre los mortales no ha habido nadie más grande que Juan; sin embargo, el más pequeño en el reino de Dios es más grande que él». 29 Al oír esto, todo el pueblo, y hasta los recaudadores de impuestos, reconocieron que el camino de Dios era justo y fueron bautizados con el bautismo de Juan. 30 Pero los fariseos y los expertos en la Ley no se hicieron bautizar por Juan, rechazando así el propósito de Dios respecto a ellos. 31 «Entonces, ¿con qué puedo comparar a la gente de esta generación? ¿A quién se parecen ellos? 32 Se parecen a niños sentados en la plaza que se gritan unos a otros: »“Tocamos la flauta y ustedes no bailaron; cantamos por los muertos y ustedes no lloraron”. 33 Porque vino Juan el Bautista que no comía pan ni bebía vino y ustedes dicen: “Tiene un demonio”. 34 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y ustedes dicen: “Este es un glotón y un borracho, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores”. 35 Pero la sabiduría queda demostrada por los que la siguen».

Durante la mayor parte de mi vida cristiana, la duda ha sido una huésped no invitada que aparece en los momentos más inoportunos; tan pronto como la fe comienza a florecer, la duda inevitablemente llega para arruinar la fiesta. Pero sé que no soy el único, ya que esta visitante descortés ha acosado incluso a grandes hombres como Juan.

En la narración del evangelio de hoy, encontramos a Juan en la cárcel recibiendo la visita de esa indeseable huésped que es la duda, que lo llena de un afán de certeza, y lo empuja a enviar mensajeros para asegurarse de que Jesús fuera–de verdad–quien Juan había proclamado.

Dadas las circunstancias de Juan, no es de extrañar que se pusiera a prueba su fe, pero teniendo en cuenta quién era Juan, resulta un tanto sorprendente. Se trataba de aquel que saltó en el vientre de su madre ante la presencia de Cristo, aún sin nacer, y que sin duda oyó hablar de las visitas angélicas que precedieron su nacimiento. Juan, quien había proclamado audazmente que Jesús era el «Cordero de Dios», quién también estuvo presente cuando la voz atronadora del Padre irrumpió proclamando acerca de Jesús «Tú eres mi Hijo amado; estoy muy complacido contigo». Este era Juan, el gran profeta, quien ahora desesperadamente trataba de aferrarse a un poco de certeza frente a la duda.

Me Imagino a Juan, temiendo lo que le esperaba, pero aún más atemorizado por que aquello a lo que había entregado su vida fuera una farsa. De todas las personas, Juan debería tener confianza en quién es Jesús, y sin embargo, la duda visitó su celda de la prisión y lo llevó a formular la abrumadora pregunta: «¿Eres tú el que ha de venir?».

Aunque la duda es una invitada descortés que aparece inevitablemente en los momentos más inoportunos, ella tiende a redirigir nuestra conversación hacia la pregunta más importante: «¿Es Jesús quien proclama ser?». Una inquietante pregunta de fe que se responde con un recordatorio de la fidelidad de Cristo en todo lo que ha dicho y hecho. Los relatos pascuales de testigos presenciales nos conceden ese glorioso convencimiento de que nuestra seguridad no reside en nuestra certeza de fe, sino en la inquebrantable fidelidad de Cristo.

A medida que la fe crece, la duda probablemente seguirá apareciendo sin anunciarse, hasta que un día ya no lo haga. Porque un día la fe será reemplazada por la vista y la duda será reemplazada por una nueva amiga: la gloriosa y absoluta certeza.

Señor, cuando nos asalten momentos de duda e incertidumbre, concédenos la fe suficiente para clamar a ti y el valor para formular la intimidante pregunta de fe: ¿Eres quien dices ser? Oh, Dios, cuando acudimos a Ti con nuestras dudas e interrogantes, Tú, en tu gran misericordia, nos recuerdas la verdad de tu Evangelio y nos das la certeza de nuestra seguridad con tu abrazo amoroso. Amén.

Rev. Eric Phillips (MAR 2020)

Pastor

Iglesia Anglicana del Redentor

Franklin, PA

Credits:

Created with an image by Renáta Sedmáková - "TREVISO, ITALY - NOVEMBER 4, 2023: The painting Saint John the Baptist in visited in prison in the church Chiesa di San Gaetano by unknown artist."