Juan 8:31-41
31 Jesús se dirigió entonces a los judíos que habían creído en él, y les dijo: —Si se mantienen fieles a mis palabras, serán realmente mis discípulos; 32 y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres. 33 —Nosotros somos descendientes de Abraham —le contestaron—, y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo puedes decir que seremos liberados? 34 —Les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado —afirmó Jesús—. 35 Ahora bien, el esclavo no se queda para siempre en la familia; pero el hijo sí se queda en ella para siempre. 36 Así que, si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres. 37 Yo sé que ustedes son descendientes de Abraham. Sin embargo, procuran matarme porque no está en sus planes aceptar mi palabra. 38 Yo hablo de lo que he visto en presencia del Padre; y ustedes hacen lo que de su padre han escuchado. 39 —Nuestro padre es Abraham —replicaron. Entonces Jesús les contestó: —Si fueran hijos de Abraham, harían lo mismo que él hizo. 40 Ustedes, en cambio, quieren matarme a mí, que les he expuesto la verdad que he recibido de parte de Dios. ¡Abraham jamás hizo algo así! 41 Las obras de ustedes son como las de su padre. —Nosotros no somos hijos ilegítimos —le reclamaron—. Un solo Padre tenemos y es Dios mismo.
Meditación
«Jesús se dirigió entonces a los judíos…». Si no tenemos cuidado, estas palabras iniciales podrían llevarnos a mirar hacia fuera, hacia el «otro» al que se dirige Jesús. Con demasiada frecuencia, al leer las palabras de Jesús, juzgamos con desdén a aquellos a quienes se dirigen, menospreciando sus palabras o acciones como si estuviéramos por encima de ellas. No obstante, al reflexionar sobre este pasaje, las palabras de Jesús calaron hondo en mí, llegando a lo más profundo de mi alma. Si soy sincero conmigo mismo, sé que me gusta pensar que soy aprendiz de los santos que me han precedido: Ireneo, Agustín, Gregorio, entre otros. Podía oír el versículo 39 brotando de mi corazón: «Nuestro padre es Abraham (o Ireneo o Agustín)» Sin embargo, como hizo con la multitud que le rodeaba, me dice las mismas palabras: «Si se mantienen fieles a mis palabras, serán realmente mis discípulos, y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres». Sobre este pasaje, dice Juan Crisóstomo: «Nuestro Señor quería poner a prueba la fe de los creyentes para que no fuera meramente superficial, y por eso ahonda en sus almas con una palabra más impactante». Creo que la Cuaresma debe ser una Vía Dolorosa. Un tiempo para que participemos en el viaje de Cristo a la cruz, un tiempo para soportar el peso de nuestra cruz y seguirle. Nuestro pasaje nos llama a ser honestos sobre a quién seguimos, a qué nos hemos dejado esclavizar y a considerar quién es realmente nuestro padre; no podemos recorrer el camino de Cristo sin llevar nuestras almas ante él. Jesús estaba dando a estos seguidores la oportunidad de convertirse en verdaderos discípulos, de ser aquellos que permanecerían en él para que él pudiera permanecer en ellos. Les estaba ofreciendo una oportunidad de verdadera comunión, de verdadera libertad. Gracias a Dios que, a través de la Sagrada Escritura, se nos ha ofrecido a todos la oportunidad de ser sus discípulos, de permanecer en su palabra. Hoy, y cada día, tenemos la oportunidad de tomar nuestra cruz y seguirle. Hoy tenemos la oportunidad de encontrar el valor para dejar que las palabras de Dios penetren en nuestros corazones y ser sus discípulos. Señor, danos gracia para recorrer el camino de la cruz. Danos la fuerza para seguirte cada día, y para abrir nuestros corazones ante ti, para que seamos tuyos en lo más profundo de nuestro ser. Rdo. Robert Steele (MAR 2022) Diócesis Anglicana de Canadá Lethbridge, Alberta
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