SURREALISMO: ARTE LIBERADOR REVISTA LOGIA

SURREALISMO: ARTE LIBERADOR

INMA ANGÉLICA INCLÁN

En 1924, André Breton nos invitó a imaginar un mundo donde el arte pudiera liberarnos de la fría tiranía de la razón. En su Manifiesto Surrealista, habló del surrealismo como “automatismo psíquico puro mediante el cual se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento” [1]. Pero más allá de las palabras técnicas, lo que realmente proponía era algo profundamente humano: recuperar nuestra capacidad de soñar, de crear y de sentir con autenticidad. Nos ofrecía un refugio para nuestra vida interior, tan a menudo sacrificada en un mundo que parecía medirlo todo por la eficiencia y la rutina. Su propuesta era, al mismo tiempo, un acto de rebelión y una caricia a nuestra esencia más íntima, un abrazo al espíritu humano en tiempos de posguerra, incertidumbre y cambio.

El surrealismo nos enseñó a mirar el mundo con ojos nuevos, a maravillarnos de nuevo. Breton afirmaba: “Lo maravilloso es siempre bello, cualquier maravilloso es bello, no hay, es más, que lo maravilloso que sea bello” [2]. En medio de una sociedad obsesionada con la utilidad y la lógica, los surrealistas nos recordaron que cada instante cotidiano podía esconder un misterio, un asombro inesperado.

René Magritte nos hace dudar de lo que vemos: su obra La traición de las imágenes, con la famosa frase “Esto no es una pipa”, nos recuerda que la realidad es mucho más que lo que percibimos. Dalí, por su parte, con sus relojes blandos que se derriten al sol en La persistencia de la memoria, nos enseña que el tiempo puede ser flexible, poético, casi un sueño tangible.

Ese juego con lo cotidiano no era un capricho: era una invitación a sentir que la vida es más que cumplir con tareas; es un terreno donde florecen el misterio, la imaginación y la reflexión sobre nosotros mismos.

El surrealismo también fue una forma de resistencia, un acto de valentía frente a la deshumanización de la modernidad. En un mundo marcado por guerras, burocracia y la repetición mecánica, crear se convirtió en un gesto de libertad, un acto de vida. Dalí hablaba de su “método paranoico-crítico”:  [3].

Max Ernst explicaba que su arte era “una investigación de lo inconsciente con medios pictóricos” [4]. Ambos nos invitan a romper las barreras que nos imponen la lógica, las normas y la rutina, recordándonos que crear es un derecho y una forma de afirmarnos como seres humanos.

La escritura automática, practicada por Breton y Philippe Soupault en Los campos magnéticos (1920), era como abrir una ventana al alma. Breton aconsejaba: “Escribid deprisa, sin tema preconcebido, escribid lo suficientemente deprisa para no poder refrenaros, y para no tener la tentación de leer lo escrito” [5]. Dejar que las palabras broten sin censura nos conecta con emociones y pensamientos que permanecen ocultos en lo más profundo.

Escribir de esta manera se convierte en un acto de autenticidad, en un diálogo con nuestro yo más verdadero, un espejo que refleja la riqueza de nuestra vida interior.
El surrealismo también nos devolvió la dignidad de soñar. Gérard de Nerval, en Aurélia, escribió: “El sueño es una segunda vida” [6].

Los surrealistas entendieron que nuestros sueños no son meras fantasías: son mapas de nuestra esencia, caminos hacia lo más profundo de nuestro ser. Leonora Carrington y Remedios Varo construyeron universos donde lo onírico, lo mítico y lo femenino se entrelazan, recordándonos que imaginar es comprender y nutrir la experiencia humana. En un mundo que nos dice qué hacer y cómo vivir, el arte onírico nos dice: “Tu mundo interior también importa; tus sueños también son reales”.

En definitiva, el surrealismo fue mucho más que una corriente artística: fue un canto al humanismo del inconsciente.

Nos enseñó a recuperar el asombro, a dejar fluir la creatividad, a escuchar nuestros sueños y a explorar nuestra interioridad. Breton y sus compañeros no solo querían transformar el arte; querían recordarnos que dentro de cada uno hay un caudal inagotable de imaginación, sensibilidad y autenticidad que merece ser cuidado y celebrado.

Hoy, en un mundo dominado por algoritmos y la obsesión por la productividad, el surrealismo nos susurra: ¿qué rincones de tu libertad interior estás dispuesto a proteger?

Quizá, como ellos, debamos atrevernos a soñar con los ojos abiertos y dejar que esa chispa de asombro ilumine cada día de nuestra vida, recordándonos lo que significa ser verdaderamente humanos.
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Créditos:

Creado con imágenes de Ryzhkov - "Surreal Minimalist Portrait of Young Woman with Cloud as Head in Stylish Outfit Under Blue Sky" • zef art - "Distorted soft melting clock on a wooden bench, the Persistence of Memory of Salvador Dali" • salongok - "Abstract Colorful Paint Splash Portrait of a Woman Screaming" • rinrada - "A wooden ladder floating in the air leads to the moon, like climbing to a lofty dream." • blckpichstudio - "A surreal scene featuring a woman in a red dress standing before a portal, looking into a cosmic landscape with a large moon against a vivid red backdrop." • amelisk - "Abstract surreal staircase leading through a giant human head into a glowing dreamlike sky." • Veayo - "Cinematic surrealism"