ASÍ HABLABA ZARATUSTRA REVISTA LOGIA

ASÍ HABLABA ZARATUSTRA

MUERE DIOS, NACE EL SUPERHOMBRE

Gerardo Benwville Márquez

Publicado entre 1883 y 1885, Así hablaba Zaratustra representa no solo una obra central en el pensamiento nietzscheano, sino también un desafío a los modos tradicionales de hacer filosofía. Escrita en un estilo poético, parabólico y deliberadamente provocador, la obra se distancia de los sistemas conceptuales y se ofrece como una experiencia de pensamiento que exige al lector participar activamente en la construcción de sentido.

El humanismo que podemos rastrear en Zaratustra no es el clásico, fundado en la confianza en la razón universal o en la dignidad otorgada por una trascendencia, sino un humanismo radical, terrenal y crítico. Nietzsche articula aquí una antropología filosófica que libera al individuo de dependencias externas —Dios, moralidad tradicional, dogmas metafísicos— para situarlo en la tarea de crear sus propios valores. En este contexto, el célebre concepto del Übermensch (“superhombre”) no puede ser reducido a una caricatura biológica o elitista: debe leerse como la figura simbólica de la superación del hombre actual, limitado por el “último hombre”, ese ser conformista, satisfecho con la comodidad y carente de aspiraciones.

La obra propone una ética de la autoafirmación. Al proclamar la “muerte de Dios”, Nietzsche no busca únicamente un gesto de negación, sino abrir el horizonte de una humanidad capaz de fundamentar su sentido en la vida misma, sin apelaciones a lo trascendente. En palabras del propio Zaratustra: “Permanece fiel a la tierra y no creas a quienes te hablan de esperanzas sobrenaturales”. Esta fidelidad a la tierra es, quizás, la formulación más clara de un humanismo inmanente, que coloca en el centro la creatividad, la voluntad y la responsabilidad individual.

La proclamación de la muerte de Dios y el llamado a permanecer “fieles a la tierra” expresan un desplazamiento fundamental: el hombre queda despojado de garantías trascendentes y debe crear sus propios valores. Sin embargo, este gesto no es una simple apología del individualismo. Derrida subrayó que la escritura nietzscheana, con su proliferación de metáforas y voces, erosiona cualquier pretensión de fundamento estable. El humanismo que se desprende de Zaratustra es, por tanto, inestable, conflictivo y autocrítico: un humanismo que se sabe atravesado por el vacío de la trascendencia y que, precisamente por ello, se constituye en la tarea inacabada de la autoafirmación.

Desde esta lectura, Así hablaba Zaratustra puede ser comprendido como un proyecto de humanización radical. El texto desplaza al hombre de su comodidad, lo confronta con la necesidad de crearse a sí mismo y lo llama a ejercer una libertad que no está garantizada por instituciones ni dogmas, sino que debe conquistarse cotidianamente. En un presente donde proliferan nuevas formas de alienación —tecnológicas, económicas y culturales—, la voz de Zaratustra resuena como una interpelación vigente: ¿estamos dispuestos a asumir el desafío de vivir de manera creadora y afirmativa, sin subterfugios trascendentes?

Lejos de ser un tratado sistemático, este libro es un experimento literario-filosófico que exige al lector un compromiso hermenéutico y vital. Nietzsche nos recuerda que la filosofía no es un mero ejercicio académico, sino una praxis que incide directamente en la manera de existir. En este sentido, Así hablaba Zaratustra sigue siendo una obra fundamental para repensar el lugar del ser humano en un horizonte que se resiste a otorgar seguridades últimas, pero que abre la posibilidad de una afirmación plena de la vida.

En el plano estilístico, Nietzsche recurre a la forma de un evangelio invertido: Zaratustra desciende de la montaña no para revelar una verdad definitiva, sino para convocar a los hombres a su propia transformación. El texto parodia y subvierte la tradición bíblica, mostrando que todo discurso de autoridad debe ser leído con sospecha. Aquí reside también su potencia humanista: el rechazo de toda tutela, incluso la del propio Zaratustra, cuya voz no es la de un maestro a seguir, sino la de un provocador que incita a pensar por cuenta propia.

En la actualidad, Así hablaba Zaratustra conserva una vigencia incómoda. Frente a nuevas formas de alienación —ya no solo religiosas o metafísicas, sino tecnológicas y económicas—, la obra plantea la pregunta decisiva: ¿cómo afirmar la vida sin recurrir a verdades exteriores? Este desafío, lejos de estar resuelto, constituye la herencia más fecunda del texto.

En suma, Así hablaba Zaratustra no debe ser leído como un manual doctrinal ni como una utopía cerrada. Es un ejercicio crítico que desmantela certezas y obliga a repensar el sentido de lo humano desde su propia fragilidad. Su humanismo es, en última instancia, un humanismo sin garantías: un llamado a la afirmación creadora en un mundo despojado de fundamentos.

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Créditos:

Creado con imágenes de Hettie - "Faravahar: The Timeless Zoroastrian Symbol of Good Thoughts, Good Words, and Good Deeds" • Hope, Faith and Love - "Jesus kneels alone in silent prayer on a rocky mountain at dawn, overlooking a vast desert as golden sunlight breaks over the horizon in a moment of sacred peace." • Hettie - "Embodying Ubermensch: A Higher State of Being Amidst the Cosmos" • kangnam - "Ultra-realistic cinematic depiction of the prophet Elijah being taken up into heaven in a chariot of fire. " • Narongsak - "A striking visualization of a human head transforming into a cascade of colorful birds, symbolizing freedom and creativity escaping the confines of thought, represented by an empty birdcage." • AungMyo - "Silhouette of hands in handcuffs with sunset background"