Jueves, 12 de diciembre de 2024 Reverendo Cn. Wesley Jagoe (MDiv 2017) - Capellán y director del Centro Trophimus
Mateo 3:1-12
1 En aquellos días se presentó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea. 2 Decía: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca». 3 Juan era aquel de quien había escrito el profeta Isaías: «Voz de uno que grita en el desierto: “Preparen el camino para el Señor, háganle sendas derechas”».[a] 4 La ropa de Juan estaba hecha de pelo de camello. Llevaba puesto un cinturón de cuero y se alimentaba de langostas y miel silvestre. 5 Acudía a él la gente de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región del Jordán. 6 Cuando confesaban sus pecados, él los bautizaba en el río Jordán. 7 Pero al ver que muchos fariseos y saduceos llegaban adonde él estaba bautizando, dijo: «¡Camada de víboras! ¿Quién les advirtió que huyeran del castigo que se acerca? 8 Produzcan frutos que demuestren arrepentimiento. 9 No piensen que podrán decir: “Tenemos a Abraham por padre”. Porque les digo que aun de estas piedras Dios es capaz de darle hijos a Abraham. 10 El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles y todo árbol que no produzca buen fruto será cortado y arrojado al fuego. 11 »Yo los bautizo a ustedes con[b] agua como señal de su arrepentimiento. Pero el que viene después de mí es más poderoso que yo y ni siquiera merezco llevarle las sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. 12 Tiene el aventador en la mano y limpiará su era recogiendo el trigo en su granero. La paja, en cambio, la quemará con fuego que nunca se apagará».
Han transcurrido 400 años de silencio bíblico desde las escenas finales del Antiguo Testamento, las de un Israel que después del exilio reconstruye Jerusalén y el templo. El telón cae con la advertencia profética de Malaquías al pueblo para que se aleje de su apatía espiritual y vuelva a la obediencia y al culto correcto a Dios. Aunque su juicio estaba próximo, les dio esperanza; el día del Señor se acercaba, pero Él cumpliría su promesa de traer al Mesías. Primero, no obstante, vendría un mensajero, otro Elías, para preparar el camino. Durante 400 años esperaron en silencio.
Luego, el silencio se rompió con la santa y sigilosa noche de la Natividad, cuando la encarnación de Cristo trajo paz a la tierra y buena voluntad a los hombres. Gracias a los escritores de los Evangelios, hoy podemos asomarnos al relato del nacimiento y la infancia de Jesús, una historia de la que sólo fueron testigos unos pocos elegidos. Sin embargo, los primeros indicios de que Dios estaba activo de nuevo fueron mensajes severos para el pueblo de Israel (como los de Malaquías): «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca», «¡Camada de víboras!», «La paja […] la quemará con fuego que nunca se apagará». Esto dista mucho de los temas apacibles que rememoramos en nuestros villancicos, pero es indispensable para el propósito de la encarnación de Cristo.
En el tiempo de advenimiento y Navidad, incluso los no cristianos admiran el mensaje de paz, esperanza y amor que trae el niño en el pesebre; sin embargo, no debemos olvidar que ese niño vino a separar «el trigo de la paja» en su ejecución del juicio sobre la tierra. Al igual que los profetas cuatro siglos antes, Juan el Bautista exhortó al pueblo a arrepentirse, a apartarse de sus malos caminos y a volver al Señor.
Por eso, mientras admiramos y celebramos la maravilla de un niño nacido en un pesebre, no olvidemos que vino a restituirnos a sí mismo. Abandonemos nuestra rebeldía y sigamos a Aquel que lo dio todo por nosotros.
Oh, Dios, en tu misericordia, enviaste a Jesús para vencer nuestros pecados, a Satanás y a la misma muerte. Sostennos para que nos arrepintamos de nuestros propios caminos y nos volvamos a Él, que nos dio su vida para que tengamos vida eterna contigo, amén.
Reverendo Cn. Wesley Jagoe (MDiv 2017)
Capellán y director del Centro Trophimus
Seminario Anglicano Trinity
Ambridge, PA
Credits:
Created with an image by nickolae - "John the Baptist Preaches in the Wilderness"