2 Samuel 7:8-16
8 »Pues bien, dile a mi siervo David que así dice el Señor de los Ejércitos: “Yo te saqué del redil para que, en vez de cuidar ovejas, gobernaras a mi pueblo Israel. 9 Yo he estado contigo por dondequiera que has ido y he aniquilado a todos tus enemigos. Y ahora voy a hacerte tan famoso como los más grandes de la tierra. 10 También voy a designar un lugar para mi pueblo Israel, y allí los plantaré para que puedan vivir sin sobresaltos. Sus malvados enemigos no volverán a oprimirlos como lo han hecho desde el principio, 11 desde el día en que nombré líderes sobre mi pueblo Israel. Y a ti te daré descanso de todos tus enemigos.
»”Pero ahora el Señor te hace saber que será él quien te construya una casa. 12 Cuando tu vida llegue a su fin y vayas a descansar entre tus antepasados, yo pondré en el trono a uno de tus propios descendientes y afirmaré su reino. 13 Será él quien construya una casa en honor de mi Nombre y yo afirmaré el trono de su reino para siempre. 14 Yo seré su Padre y él será mi hijo. Así que, cuando haga lo malo, lo castigaré con varas y azotes, como lo haría un padre. 15 Sin embargo, no le negaré mi amor, como se lo negué a Saúl, a quien abandoné para abrirte paso. 16 Tu casa y tu reino durarán para siempre delante de mí;[a] tu trono quedará establecido para siempre”».
Este cuadro de Ferdinand Bol (más detallado abajo) representa un momento bíblico importante narrado en 1 Reyes 2:1-9, cuando el rey David da sus últimas instrucciones a su hijo y heredero, Salomón, para cumplir parcialmente la promesa de Dios escrita en 2 Samuel 7:12-13. La escena representa el traspaso del liderazgo y la sabiduría de una generación a la siguiente, simbolizado por la corona y la espada depositadas en el lecho del rey moribundo. Junto a David está su esposa Betsabé.
Artísticamente, Bol fue alumno de Rembrandt. Este cuadro demuestra su dominio del estilo barroco holandés: la obra presenta colores ricos y cálidos y la iluminación dramática característica de la época. Bol prestó especial atención a las expresiones emocionales y al lenguaje corporal de David y Salomón, transmitiendo la gravedad del momento. La composición enfatiza la conexión entre los dos personajes, simbolizando la transferencia de la autoridad real que recayó en el heredero de David, Jesús de Nazaret.
Reverendísimo Cn. Bryan C. Hollon, PhD Decano y Presidente
Seminario Anglicano Trinity
Ambridge, PA