Lunes, 24 de marzo de 2025 Rev. Cn. Laura B. Bowman (MDiv 2020) – Canóniga de Iglesias Seguras Diócesis Anglicana de Carolina del Sur
Lucas 9:1-17
1 Habiendo reunido a los doce, Jesús les dio poder y autoridad para expulsar a todos los demonios y para sanar enfermedades. 2 Entonces los envió a predicar el reino de Dios y a sanar a los enfermos. 3 «No lleven nada para el camino: ni bastón, ni bolsa, ni pan, ni dinero, ni dos mudas de ropa —les dijo—. 4 En cualquier casa que entren, quédense allí hasta que salgan del pueblo. 5 Si no los reciben bien, salgan de ese pueblo y sacúdanse el polvo de los pies como un testimonio contra sus habitantes». 6 Así que partieron y fueron por todas partes de pueblo en pueblo, predicando las buenas noticias y sanando a la gente. 7 Herodes, el tetrarca, se enteró de todo lo que estaba sucediendo. Estaba perplejo porque algunos decían que Juan había resucitado; 8 otros, que se había aparecido Elías; y otros, en fin, que había resucitado alguno de los antiguos profetas. 9 Pero Herodes dijo: «A Juan mandé que le cortaran la cabeza; ¿quién es, entonces, este de quien oigo tales cosas?». Y procuraba verlo. 10 Cuando regresaron los apóstoles, contaron a Jesús lo que habían hecho. Él se los llevó consigo y se retiraron solos a un pueblo llamado Betsaida, 11 pero la gente se enteró y lo siguió. Él los recibió y les habló del reino de Dios. También sanó a los que lo necesitaban. 12 Al atardecer se acercaron los doce y le dijeron: —Despide a la gente, para que vaya a buscar alojamiento y comida en los campos y pueblos cercanos, pues donde estamos no hay nada. 13 —Denles ustedes mismos de comer —dijo Jesús. —No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a menos que vayamos a comprar comida para toda esta gente —objetaron ellos, 14 porque había allí unos cinco mil hombres. Pero Jesús dijo a sus discípulos: —Hagan que se sienten en grupos como de cincuenta cada uno. 15 Así lo hicieron los discípulos y se sentaron todos. 16 Entonces Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados y, mirando al cielo, los bendijo. Luego los partió y se los dio a los discípulos para que se los repartieran a la gente. 17 Todos comieron hasta quedar satisfechos y de los pedazos que sobraron se recogieron doce canastas.
«Habiendo reunido a los doce, Jesús les dio poder y autoridad para expulsar a los demonios y para sanar enfermedades. Entonces los envió a predicar el reino de Dios y a sanar a los enfermos» (Lucas 9:1-2).
¿Se imaginan cómo se sintieron los discípulos cuando Jesús los envió? Habían aprendido de Él y lo habían visto hacer milagros, pero esto era diferente. Jesús los enviaba solos a continuar su obra.
No sabemos cuánto tiempo estuvieron fuera, pero nuestro pasaje dice que recorrieron las aldeas,predicando el Evangelio y sanando por todas partes; cuando regresaron, le contaron a Jesús, llenos de emoción. Luego, todos fueron a Betsaida, tal vez para retirarse y descansar; aunque, ¡no se aislaron! Una multitud los había seguido.
Jesús habló a la multitud y sanó a los enfermos; era un grupo enorme, de unos 5000 hombres ¡con sus familias! Cuando por fin se puso el sol, los discípulos instaron a Jesús a que enviara a la gente a buscar comida y alojamiento, y Él les respondió que ELLOS debían alimentarlos. Se quejaron de que no tenían comida para compartir, excepto cinco panes y dos peces; entonces, hablaron de ir a la ciudad a comprar comida. Estos discípulos, que acababan de volver de expulsar demonios y sanar enfermedades en nombre de Jesús, ¡no podían imaginar que Dios pudiera proveer comida para ellos!
Jesús pidió a los discípulos que todos se sentaran en grupos de cincuenta. Luego tomó los panes y los peces, miró al cielo y los bendijo; los partió y se los dio a los discípulos para que los repartieran entre la multitud. Todos comieron hasta saciarse y se recogieron los sobrantes. Quedaron doce cestos de trozos, ¡un cesto lleno para cada discípulo!
Jesús estaba mostrando a los discípulos la provisión y el poder de Dios, que podemos ver si tenemos fe. A los discípulos todavía les faltaba fe. Cuando regresaron de su viaje, hablaron de todo lo que ELLOS habían hecho, no de lo que Dios había hecho a través de ellos; incluso después de ver y participar de todas las obras maravillosas de Dios en las aldeas, seguían sin considerar que ese mismo Dios podía proporcionar alimento a su pueblo. En este tiempo de Cuaresma, caminemos por fe y sintamos su presencia con nosotros.
Querido Padre celestial, te damos gracias por alimentarnos con tu Palabra. Señor, procuramos ser fieles; guíanos y utilízanos como mejor te parezca. Gracias por darnos el Pan de Vida y gracias por tu continua provisión para nosotros. A medida que avanzamos en este tiempo de Cuaresma, guía nuestros pensamientos y acciones para que podamos encontrar maneras de acercarnos más a Ti. Te lo pedimos en el precioso nombre de Jesús, amén.
Rev. Cn. Laura B. Bowman (MDiv 2020)
Canóniga de Iglesias Seguras
Diócesis Anglicana de Carolina del Sur
Charleston, SC
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