Martes, 25 de marzo de 2025 Abby Crawford (MAR 2022) – Iglesia Anglicana All Souls

Lucas 9:18-27

18 Un día Jesús estaba orando a solas; cuando llegaron sus discípulos, preguntó: —¿Quién dice la gente que soy yo? 19 Le respondieron: —Unos dicen que Juan el Bautista, otros que Elías y otros que uno de los antiguos profetas ha resucitado. 20 —Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? —preguntó Jesús. —El Cristo de Dios —afirmó Pedro. 21 Jesús ordenó terminantemente que no dijeran esto a nadie. 22 Y les dijo: —El Hijo del hombre tiene que sufrir muchas cosas y ser rechazado por los líderes religiosos, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley. Es necesario que lo maten y que resucite al tercer día. 23 Dirigiéndose a todos, declaró: —Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. 24 Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. 25 ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se destruye a sí mismo? 26 Si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras, el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en su gloria y en la gloria del Padre y de los santos ángeles. 27 Además, les aseguro que algunos de los aquí presentes no sufrirán la muerte sin antes haber visto el reino de Dios.

Es apropiado que el devocional de hoy tenga como telón de fondo la fiesta de la Anunciación, porque tanto en nuestra lectura como en la Anunciación escuchamos la proclamación de la Buena Nueva de una manera sorprendente, incluso abrumadora. En ambas escenas Dios, en Cristo, da vuelta a las expectativas; hace y dice cosas aparentemente imposibles. Para los discípulos, su conversación con Jesús en este pasaje marca un punto de inflexión en su relación con Él: Pedro confiesa que Jesús es el Mesías de Dios y Jesús responde prediciendo su propio sufrimiento, rechazo, muerte y resurrección a manos de quienes también deberían reconocerle y confesarle como el Cristo. A continuación, dice en términos inquietantemente crudos que los que le siguen deben compartir abiertamente su sufrimiento: «Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día, y me siga» (Lc. 9:23). Lucas no registra la respuesta de los discípulos a estas declaraciones de Jesús; en su lugar, deja que nos pongamos en su posición, que sintamos el peso de la confusión, que nos hagamos preguntas. ¿Por qué la confesión más clara sobre la identidad de Jesús hasta ahora (en Lucas) va seguida de la descripción más clara de su sufrimiento y del costo de seguirlo? ¿Cómo puede ser así, si Jesús es el poderoso Mesías de Dios, el Hijo del Altísimo cuyo reino no tendrá fin (Lc. 1:32-33)? Y tal vez lo más importante para nosotros, ¿cómo podemos tener oídos para escuchar este anuncio de Jesús como una buena noticia?

Aquí, el contexto de la Anunciación toma mucha relevancia. Cuando María, humilde y perpleja, se hace preguntas, nos está dando un modelo de respuesta fiel a este tipo de anuncio: acepta plenamente su vocación, aun sabiendo que llevar al Mesías implicará –con certeza– cargar con una cruz; en lugar de renunciar a su alma, elige el camino del sufrimiento con Él. Mientras estamos con los discípulos, haciendo confesiones sobre Jesús que trascienden toda nuestra comprensión y oímos con asombro que el camino de la salvación es una cruz, no podemos ofrecer mejor oración que la humilde declaración de María: «Aquí tienes a la sierva del Señor. Que él haga conmigo como me has dicho" (Lc. 1:38).

Abby Crawford (MAR 2022)

Iglesia Anglicana All Souls

Indianapolis, IN

Credits:

Created with an image by Faith Stock - "Annunciation. Angel Gabriel announcing to Mary that she will conceive and give birth to Jesus. Watercolor digital painting."