Sábado, 14 de diciembre de 2024 Dr. Alexander H. Pierce - Profesor adjunto de Teología Histórica

Lucas 1:26-38

26 A los seis meses, Dios envió al ángel Gabriel a Nazaret, pueblo de Galilea, 27 a visitar a una joven virgen comprometida para casarse con un hombre que se llamaba José, descendiente de David. La virgen se llamaba María. 28 El ángel se acercó a ella y le dijo: —¡Te saludo,[a] tú que has recibido el favor de Dios! El Señor está contigo.[b] 29 Ante estas palabras, María se perturbó y se preguntaba qué podría significar este saludo. 30 —No tengas miedo, María; Dios te ha concedido su favor —le dijo el ángel—. 31 Quedarás embarazada y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. 32 Él será un gran hombre y lo llamarán Hijo del Altísimo. Dios el Señor le dará el trono de su padre David 33 y reinará sobre el pueblo de Jacob para siempre. Su reinado no tendrá fin. 34 —¿Cómo podrá suceder esto —preguntó María al ángel—, puesto que soy virgen?[c] 35 Y el ángel dijo: —El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Así que al santo niño que va a nacer lo llamarán Hijo de Dios. 36 También tu parienta Elisabet va a tener un hijo en su vejez; de hecho, la que decían que era estéril ya está en el sexto mes de embarazo. 37 Porque para Dios no hay nada imposible. 38 —Aquí tienes a la sierva del Señor —contestó María—. Que él haga conmigo como me has dicho. Con esto, el ángel la dejó.

Al igual que María y José, debemos esperar al niño Jesús en paz, confiando en la promesa de Dios. En la Anunciación, el ángel Gabriel declara a María: «¡Te saludo, tú que has recibido el favor de Dios! El Señor está contigo». Pero ella no se llena de júbilo, gratitud o paz, en cambio, está «perturbada»; María está confundida por el tipo de saludo que le estaba dando Gabriel, pero él la tranquiliza: «No tengas miedo, María; Dios te ha concedido su favor». Entonces Gabriel revela la promesa de Dios a María: «Quedarás encinta y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Él será un gran hombre, y lo llamarán Hijo del Altísimo».

Esta promesa, por supuesto, se remonta al pacto con David, pero también anticipa la apertura de la casa de Dios a quienes sigan al niño Jesús. Consciente de su virginidad, María permanece perpleja, pero entonces Gabriel le explica la milagrosa acción del Espíritu Santo sobre ella: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Así que al santo niño que va a nacer lo llamarán Hijo de Dios».

Jesús, el hijo de María, será el Hijo de Dios y ella tendrá un hijo porque el Espíritu actuará sobre ella. Que Jesús sea concebido por el Espíritu Santo y nazca de la virgen María es exclusivo de su encarnación, pero la orden de la promesa divina y la entrega del Espíritu para evocar una humilde respuesta humana (la de María en el caso de la Anunciación), se mantiene cuando contemplamos el nacimiento de los miembros de Cristo en su amada Iglesia; Dios nos envía a su Hijo y a su Espíritu para que nazcamos de nuevo como partícipes en el nacimiento de Jesús a María. Al celebrar la natividad de nuestro Señor, recordemos el don de nuestra adopción y la gracia de pertenecer a la casa de Dios. Aunque las naciones fueron estériles durante mucho tiempo –como Elisabet–, el ángel Gabriel asegura a María y (a nosotros con ella) que «para Dios no hay nada imposible».

Padre nuestro que estás en los cielos, al rendir nuestras vidas al don del Advenimiento de tu Hijo, que cada uno de nosotros responda a nuestro Señor como María: «Aquí tienes a la sierva del Señor; que Él haga conmigo como me has dicho». Amén.

Dr. Alexander H. Pierce

Profesor adjunto de Teología Histórica

Seminario Luterano Norteamericano

Seminario Anglicano Trinity

Ambridge, PA

Credits:

Created with an image by matthia - "CARAVAGGIO, ITALY - 24-8-2017. Mosaic: Annunciation of VIrgin."