En un tiempo marcado por la hiperconexión, la aceleración y la fragmentación de la experiencia humana, la universidad se enfrenta a una pregunta incómoda y decisiva: ¿basta con formar profesionales competentes o estamos llamados a algo más profundo? Frente a un modelo educativo centrado casi exclusivamente en resultados medibles, la formación integral reaparece no como nostalgia, sino como una respuesta contemporánea a los grandes desafíos culturales, sociales y personales de nuestro tiempo.
Esta fue la cuestión de fondo que articuló el III Congreso Internacional de Formación Integral celebrado el pasado mes de diciembre en la Universidad Francisco de Vitoria. Un encuentro internacional que reunió a académicos, rectores y expertos en educación para reflexionar sobre el papel de la universidad en la configuración de personas capaces de buscar la verdad, asumir responsabilidades y transformar la sociedad desde dentro.
La universidad como experiencia vital, no solo académica
La universidad no trabaja con expedientes, sino con personas”
Esta convicción, expresada por el rector de la UFV, Daniel Sada, atravesó todo el congreso y sintetiza una visión educativa con siglos de historia y plena vigencia actual. Desde sus orígenes, la universidad ha sido un espacio donde el conocimiento se pone al servicio del crecimiento humano, no un simple sistema de certificación de competencias.
Cada estudiante que llega a la universidad trae consigo preguntas profundas —a veces explícitas, a veces latentes— sobre su identidad, su vocación y su lugar en el mundo. La formación integral parte precisamente de ahí: de reconocer que educar no es solo transmitir contenidos, sino acompañar procesos personales que afectan a la manera de pensar, decidir y vivir.
Educar es humanizar: el papel insustituible de las humanidades
La formación integral se sostiene sobre una determinada concepción de lo humano. Así lo planteó el filósofo Higinio Marín en la conferencia inaugural del congreso, donde propuso entender la educación como un auténtico proceso de civilización: un camino de desvelamiento de lo humano en cada persona. “La educación es, antes que nada, un proceso de civilización, es decir, un proceso de desvelación de lo humano en el hombre”, afirmó.
Desde esta perspectiva, las humanidades no aparecen como un complemento ornamental, sino como un cimiento imprescindible de la educación universitaria. Son el espacio donde se aprende a comprender la libertad, la norma, la gratitud y los hábitos que configuran el carácter. Marín subrayó que “no hay educación de lo humano que no incluya prohibiciones inaugurales” y que educar implica modelar los llamados “hábitos del corazón”.
La gratitud es, en términos antropológicos, el estado de gracia”
En este horizonte, la cultura se convierte en mediación para descubrir la verdad de lo humano. No como un saber abstracto, sino como una experiencia que atraviesa la vida y orienta las decisiones. De ahí que el pensamiento humanístico siga siendo, hoy, una clave irrenunciable de la formación integral.
Acompañar para crecer: pastoral, diálogo y sentido
Educar integralmente exige también crear espacios donde las grandes preguntas no sean silenciadas. La mesa redonda dedicada a pastoral y acompañamiento puso el foco en esta dimensión esencial: la universidad como lugar de encuentro, diálogo y búsqueda compartida de sentido.
En el diálogo compartido por Cristian Nazer, exrector de la Universidad Finis Terrae; el P. Florencio Sánchez, L. C., director del Instituto John Henry Newman de la UFV; y Ricardo Virués, vicerrector de Formación Integral de la Universidad Anáhuac Querétaro, emergió con fuerza la idea de una universidad que sale al encuentro.
La pastoral universitaria, lejos de ser un ámbito aislado, forma parte de una propuesta educativa integrada que genera vínculos reales y abre espacios donde creyentes y no creyentes pueden plantearse juntos las preguntas últimas sobre la verdad, la vocación o la trascendencia.
Cuando el conocimiento se hace servicio
La formación integral se verifica cuando el conocimiento abandona la abstracción y entra en contacto con la realidad. El bloque dedicado al aprendizaje-servicio mostró cómo la educación universitaria alcanza su plenitud cuando el saber se pone al servicio de los demás.
En su intervención, Nieves Tapia, referente internacional en este ámbito, defendió el aprendizaje-servicio como una pedagogía capaz de integrar conocimiento académico, compromiso social y crecimiento personal. Según expuso, cuando el aprendizaje se vincula a necesidades reales y se orienta al bien común, los estudiantes no solo adquieren competencias, sino que desarrollan una conciencia ética más profunda y una implicación personal más madura.
Desde esta perspectiva, la responsabilidad social deja de ser un añadido voluntarista para convertirse en un espacio formativo estructurado donde el alumno aprende a leer la realidad, reflexionarla críticamente y actuar en ella con responsabilidad.
Formar el carácter y liderar para el bien común
Uno de los ejes más reiterados a lo largo del congreso fue la necesidad de formar no solo capacidades, sino carácter. La educación en virtudes apareció como una dimensión decisiva para el florecimiento personal y la vida social. En este marco se situó la aportación de Claudia Vanney, que puso el acento en la educación de las virtudes intelectuales como disposiciones estables que permiten buscar la verdad con rigor, apertura y humildad. Tal como defendió, sin virtudes el conocimiento corre el riesgo de fragmentarse o instrumentalizarse; con ellas, se ordena y se orienta al bien. Esta mirada subrayó que la formación integral implica también educar la madurez afectiva, la capacidad de juicio y la responsabilidad personal. Un horizonte que conecta directamente con una concepción del liderazgo entendida no como ejercicio de poder, sino como servicio al bien común.
Un instituto al servicio de la educación en liderazgo: una apuesta institucional con vocación internacional
Esta reflexión encontró una concreción institucional de la Universidad Francisco de Vitoria por educar en liderazgo como parte esencial de la formación integral: un liderazgo basado en el carácter, la verdad y el servicio.
Así, se presentó el Instituto de Educación en Liderazgo de la Universidad Francisco de Vitoria, impulsado junto a la Red Internacional de Universidades del Regnum Christi (RIU) en el marco del propio congreso.
Durante el acto de presentación, su director, Salvador Ortiz de Montellano, explicó que el Instituto nace con la voluntad de “proponer un nuevo estilo de liderazgo y los medios para educarlo”, entendiendo el liderazgo como “el acto humano de guiar a otros hacia el bien común”. Un liderazgo que no se apoya únicamente en competencias instrumentales, sino en disposiciones del carácter que sostienen una forma de servir.
El Instituto se articula en torno a un modelo propio de educación en liderazgo que identifica tres ámbitos fundamentales: la comprensión de la realidad (dimensión cognitiva), la relación con los otros (dimensión relacional) y la dedicación a la tarea (dimensión performativa). Un enfoque que permite pasar de una noción intuitiva del liderazgo a una propuesta educativa rigurosa, investigable y evaluable.
En este contexto, Jorge López, decano de la Facultad de Educación y Psicología de la UFV, subrayó que el liderazgo forma parte esencial de la formación integral que la UFV quiere ofrecer a todos sus estudiantes, insistiendo en que su raíz no está en la eficacia, sino en el carácter y la disponibilidad para servir. Desde la dimensión internacional, Cristian Nazer, representante de la RIU, destacó que esta iniciativa responde a una preocupación compartida por las universidades de la red: la necesidad de definir no solo qué es el liderazgo, sino cómo se educa.
La formación integral como revolución humana
Educar integralmente no es una moda pedagógica ni una estrategia de diferenciación. Es una apuesta de fondo por la persona. En ese horizonte se sitúa la propuesta educativa de la Universidad Francisco de Vitoria: formar personas capaces de buscar la verdad, elegir el bien y transformar la sociedad desde dentro.