Jueves, 6 de marzo de 2025 Rev. Bill Clarkson

Lucas 3:1-14

1 En el año quince del reinado de Tiberio César, Poncio Pilato gobernaba la provincia de Judea, Herodes era tetrarca en Galilea, su hermano Felipe en Iturea y Traconite, y Lisanias en Abilene; 2 el sumo sacerdocio lo ejercían Anás y Caifás. En aquel entonces, la palabra de Dios llegó a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. 3 Juan recorría toda la región del Jordán predicando el bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados. 4 Así está escrito en el libro del profeta Isaías: «Voz de uno que grita en el desierto: “Preparen el camino para el Señor, háganle sendas derechas. 5 Se levantarán todos los valles y se allanarán todas las montañas y colinas. Los caminos torcidos se enderezarán y las sendas escabrosas queden llanas. 6 Y toda humanidad verá la salvación de Dios”». 7 Muchos acudían a Juan para que los bautizara. —¡Camada de víboras! —dijo—. ¿Quién les advirtió que huyeran del castigo que se acerca? 8 Produzcan frutos que demuestren arrepentimiento. Y no se pongan a decir: “Tenemos a Abraham por padre”. Porque les digo que aun de estas piedras Dios es capaz de darle hijos a Abraham. 9 Es más, el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles y todo árbol que no produzca buen fruto será cortado y arrojado al fuego. 10 —¿Entonces qué debemos hacer? —preguntaba la gente. 11 —El que tiene dos camisas debe compartir con el que no tiene ninguna —contestó Juan—, y el que tiene comida debe hacer lo mismo. 12 Llegaron también unos recaudadores de impuestos para que los bautizara. —Maestro, ¿qué debemos hacer nosotros? —preguntaron. 13 —No cobren más de lo debido —respondió. 14 —Y nosotros, ¿qué debemos hacer? —preguntaron unos soldados. Y les dijo: —No extorsionen a nadie ni hagan denuncias falsas; más bien confórmense con lo que les pagan.

«¡Camada de víboras! ¿Quién les advirtió que huyeran del castigo que se acerca?».

Este es el famoso llamado al arrepentimiento de Juan el Bautista en Lucas 3:7. «Camada de víboras», en efecto, o tal vez «engendros de la serpiente» –haciendo referencia a Génesis 3. Juan se encuentra con las multitudes que salieron a verlo, probablemente judíos comunes curiosos de ver quién era este hombre salvaje y si él podría ser el anhelado ungido, el Mesías que salvaría al pueblo elegido de Dios de la opresión romana. El evangelio de Mateo nos dice que fue a los fariseos y saduceos a quienes Juan dirigió este epíteto acusador; Lucas no califica el público al que iba dirigido.

Es fácil señalar con el dedo acusador a las autoridades religiosas, pues tres años más tarde, cuando no habían aceptado el testimonio de Jesús, pidieron su condena y ejecución. En el evangelio de Juan, Jesús dice: «Ustedes son de su padre, el diablo, cuyos deseos quieren cumplir» (8:44). Me pregunto si Lucas no fue tan específico en cuanto a quién acusaba Juan el Bautista de manera intencional.

Todos empezamos la vida nacidos de la carne de nuestra madre y de nuestro padre. Sí, hemos sido creados a imagen de Dios, pero no, no hemos sido creados hijos de Dios; todos hemos heredado la naturaleza pecaminosa –desde el encuentro con la Serpiente en el jardín– y en esa naturaleza todos estamos sujetos a la justicia de Dios por nuestros pecados, «la ira venidera».

Imaginen entonces, al comenzar este tiempo de Cuaresma, que Juan el Bautista les está hablando: «¿Quién les advirtió, pecadores, que huyeran del juicio de Dios, que se arrepintieran de sus pecados y nacieran de nuevo por el Espíritu?». ¿Quién compartió con ustedes la buena nueva de Jesucristo?

Padre celestial, te damos gracias por la buena nueva de tu Hijo, nuestro Salvador Jesucristo. Nos arrepentimos de nuestra naturaleza y de nuestras obras pecaminosas, que exigen tu justicia, y te alabamos porque por la persona y la obra de Jesús somos ahora tus hijos y coherederos con Cristo de tu Reino celestial. Oramos en el nombre de tu Hijo.

Rev. Bill Clarkson (MDiv 2020)

Rector de la Iglesia Anglicana Holy Apostles

Barnwell, SC