LA EDUCACIÓN DEL HOMBRE REVISTA LOGIA

LA EDUCACIÓN DEL HOMBRE

Por Gerardo Aguilar

Las emociones más peligrosas son aquellas que reconfortan. ¿Cómo distinguir la felicidad del placer?

En la Introducción a Lecciones sobre la historia de la filosofía (1), Hegel habla del ser como algo que se busca y encuentra a sí mismo. Todo en la naturaleza, explica, no nace pleno, sino que, una cierta potencia se gesta y alumbra un prototipo de sí. Del árbol, el retoño; del perro, el cachorro; del adulto, el niño. Un hombre, por ejemplo, que puede definirse como un animal racional, no llega al mundo siéndolo, sino que el prototipo de hombre debe desarrollar sus facultades físicas e intelectuales hasta convertirse en tal, en un animal racional, o, dicho de otro modo, un individuo que piensa por sí mismo. De este modo, el ser es algo que se busca a sí mismo: la semilla busca al árbol, el cachorro al perro, el infante al adulto. Los últimos sustantivos son la plenitud de un determinado ser: árbol, perro, hombre. Siendo así, podemos deducir lo bueno como todo aquello que acerca al ser a sí mismo; y lo malo como aquello que lo aleja de sí. Este proceso conlleva una búsqueda de sí, conocimiento de sí, desarrollo y evolución. Dicho proceso evolutivo se traduce, por tanto, en el cumplimiento de las necesidades del ser para alcanzar su plenitud.

Si entendemos felicidad como el estado de plenitud del ser, el estado de completa satisfacción de las necesidades, podemos encontrar como primera diferencia que las necesidades de la felicidad no son los apetitos del placer. Las necesidades responden a insatisfacciones generales, mientras que los apetitos a insatisfacciones personales. Lo general es un principio que felicita, que acerca al ser a su plenitud. Lo personal, sin embargo, aleja al ser de sí porque es un principio que beneficia a un solo individuo. Lo cual es contrario al proceso evolutivo del ser que, dividido, cada parte suya necesita reunirse, mediante la colectividad, es decir, mediante lo general (de aquí la justificación de un código moral).

Todo hombre sufre la necesidad de alimentarse, más no todos comparten el deseo por las hamburguesas. El principio general de alimentarnos, no satisface a todos si sólo se comen hamburguesas porque alguien así lo impone. Alimentarse es una cuestión de supervivencia de la especie; comer hamburguesas es un apetito personal. A esta categoría la denominamos placer, y es la categoría del egoísmo cuando es desmedida. "Toda la gente que se propone enderezar al mundo lo que en realidad quiere es enchuecarlo a su medida. No hay nada más torcido que un enderezador (2)." El placer nos separa en gustos; la necesidad nos hermana, nos iguala porque todos necesitamos comer. Nos acercamos. Nos une.

Por tanto, la felicidad no se alcanza por el cumplimiento de deseos, gustos, preferencias, apetitos, etc. De ahí que el camino a la felicidad parezca para muchos, tortuoso. Más tortuosos mientras más apego se tenga a los apetitos. Necesidades y apetitos. Distinguir entre ellos es distinguir entre felicidad y placer. Entre prácticas evolutivas y prácticas involutivas. Las prácticas evolutivas son aquellas que se apegan a principios generales que satisfacen necesidades del ser, y no del individuo o persona. Las prácticas involutivas persiguen principios personales que satisfacen apetitos del yo. Las primeras felicitan, las segundas placen.

La pregunta se asoma: ¿cuáles conductas son buenas y cuáles son malas? Antes: ¿qué es bueno para mí?; y antes: ¿quién soy? Si no respondo a la última pregunta, difícilmente sabré discernir entre lo bueno y lo malo. Si un perro no sabe que él es un perro, no sabrá tampoco elegir las conductas que le conduzcan a llegar a ser un perro pleno. Muchos hombres no saben que lo son, renuncian a su derecho natural de pensar por sí mismos y se entregan a manos de gobiernos (familia, moda, sociedad, cultura, presidentes, instituciones, filosofías, etc.). ¿Qué conductas me completan, y qué conductas me separan? Es más, ¿qué conductas me ayudan a saber quién soy, y qué conductas me lo arrebatan? A tales preguntas responden los principios generales.

A pesar de esto, los principios generales son limitados. Son generales, no absolutos. Cada hombre debe granjearse su felicidad mediante su trabajo personal. Es su deber moral compartir su experiencia y ensanchar los principios generales en pro de la humanidad.

Un principio general, por mucho el primero de todos ellos, es el silencio. En el sentido más superficial, podemos decir que muchas riñas, muchas guerras, se hubiesen evitado si alguien se hubiese callado. Si deseamos aprender algo, por ejemplo, los principios generales, antes de practicarlos, debemos hacer silencio para comprender y absorber su contenido nutricional.

El segundo, o quizá el primero después del silencio, ese lienzo en blanco equivalente al cero, es la duda y su desarrollo. En la tierra del silencio se siembra la duda, en su oscuridad se gesta, alumbra y madura, y en su muerte engendra el fruto: se transmite un principio del que gozarán los futuros. De la duda al saber, del saber al enseñar.

El segundo principio es el estudio. El estudio gesta la duda. La gestación no ha de interrumpirse; el estudio debe ser constante para dar a luz a cierto conocimiento. La interrupción en el estudio del hombre, es como un aborto contra el ser, contra su desarrollo.

El tercer principio es el conocimiento. Pero no el conocimiento de los objetos, no el conocimiento científico y positivo del mundo sensorial y fenoménico, ya que ello es la educación académica o científica que genera erudición. La educación del hombre es el estudio del hombre, y el conocimiento en este sentido es el conocimiento del hombre. El conocimiento de uno mismo arrebata el miedo a morir, y lo transforma en fruto.

El cuarto principio es el saber. Podemos entender al saber como el conocimiento maduro, experimentado y absorbido. El conocimiento consciente. La conciencia de que el final de un ciclo, es el principio de otro. Sea esto una idea o una materia, un estado de consciencia, una enfermedad, etc.

El quinto principio es la devoción. El ser que en su evolución adquiere la conciencia de sí, se admira: es el Eureka, el paso cuántico que acerca a la fe. La admiración y devoción de la conciencia de una inteligencia suma de las individualidades, general y colectiva, unida y única, como un Gran Hombre. Uno del que todos somos parte. Es la comprensión del factor fractal entre lo individual y lo colectivo expresado en aforismos tales como: “como arriba es abajo”, o en filosofemas como la cuadratura del círculo.

El sexto principio, derivado de la conciencia del ser, su admiración y devoción, busca su evolución mediante la preocupación, no ya personal, sino general de su especie o pueblo. Se enfoca en la relación fractal que lo une a su comunidad. De modo tal que no hay más camino, en beneficio de la evolución, que hallar la causa de la involución o estancamiento de nuestros congéneres, y el modo de remediarlo. A este principio, esencialmente preocupado del otro, podemos llamarlo curiosidad, en tanto que es el paso que damos para salir de lo propio y entrar a lo ajeno.

El séptimo principio es el de justiciaEl séptimo principio es el de justicia. No cuesta definirla al tenor de lo expuesto. Justicia significa no interceder negativamente en la evolución del otro (hacerlo es, en todo caso, hacerlo contra uno mismo), ni permitir que otros lo hagan, lo que equivale a hacer justicia.

Lo más justo entonces es educar a los pueblos sobre tales principios generales, para que callen sus apetitos, duden, estudien, conozcan, sepan, admiren, desarrollen fe, renuncien a sus ambiciones, busquen el bien general, sean justos, y respeten la libertad.

Al resultado de seguir tales principios podemos denominarlo propiedad, nuestra propiedad de nosotros, y solamente de nosotros, en tanto que es resultado de nuestro trabajo individual, y es nuestro testamento o herencia a la humanidad. También puede entenderse como propiedad si lo pensamos como el fruto de un trabajo que nadie puede arrebatarnos, y es nuestro capital o riqueza personal.

El conocimiento y práctica de tales principios es la educación del hombre. Su propiedad, su deber y su trabajo.

(1) C. W. F. Hegel. Lecciones sobre la historia de la filosofía. FEC. 2024 P. 26

(2) Xavier Velasco. Diablo Guardián. Ed. Alfaguara. 2003.

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Créditos:

Creado con imágenes de Best - "The ability to evaluate information, challenge beliefs, and reason clearly to make sound decisions and solve problems. " • Alla - "Chronicles of prehistoric life: primitive man, delving into the mysteries of early human existence, tools, culture, and survival in the ancient epochs of our evolutionary past" • c80 - "Silhouettes of early humans gathered in a prehistoric landscape during sunset" • jordirenart - "Silueta de una mujer joven disfrutando de una tranquila caminata al atardecer en la suave arena. Serenidad, naturaleza, puesta de sol, bienestar." • radekcho - "Creative people, thinking and meeting for schedule planning, brainstorming or team strategy at the office." • Esin Deniz - "Düşünen Adam" • by-studio - "Sprung"