Juan 1:1-18
1 En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Él estaba con Dios en el principio. 3 Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir. 4 En él estaba la vida y la vida era la luz de la humanidad. 5 Esta luz resplandece en la oscuridad y la oscuridad no ha podido apagarla. 6 Vino un hombre llamado Juan. Dios lo envió 7 como testigo para dar testimonio de la luz, a fin de que por medio de él todos creyeran. 8 Juan no era la luz, sino que vino para dar testimonio de la luz. 9 Esa luz verdadera, la que alumbra a todo ser humano, venía a este mundo. 10 El que era la luz ya estaba en el mundo y el mundo fue creado por medio de él, pero el mundo no lo reconoció. 11 Vino a lo que era suyo, pero los suyos no lo recibieron. 12 Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hechos hijos de Dios. 13 Estos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios. 14 Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y contemplamos su gloria, la gloria que corresponde al Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. 15 Juan dio testimonio de él y a voz en cuello proclamó: «Este es aquel de quien yo decía: “El que viene después de mí es superior a mí, porque existía antes que yo”». 16 De su plenitud todos recibimos gracia sobre gracia, 17 pues la Ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo. 18 A Dios nadie lo ha visto nunca; el Hijo único, que es Dios y que vive en unión íntima con el Padre, nos lo ha dado a conocer.
Meditación
El teólogo Thomas Brodie sostiene que «permanencia, reposo y unión» son el lente a través del cual Juan escribe su evangelio; el tema comienza en el prólogo y continúa a lo largo de todo el libro. Esta permanencia en unión reposada es la manera en que navegamos la turbulencia de la vida en este mundo caído. «En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios» (v. 1). Juan comienza en la eternidad con Dios antes de la creación usando tres afirmaciones serenas, desapasionadas, estoicas: el Verbo en la eternidad, en unión con Dios, es distinto, está junto a él y permanece en reposo. «Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y contemplamos su gloria, la gloria que corresponde al Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad» (v. 14). Aquí está la gran irrupción en la creación en tres afirmaciones sobre el Verbo que implican movimiento: el Verbo se hizo carne, habitó (permaneció) entre nosotros y vimos su gloria. El Verbo entra en el tiempo en unión con nosotros, por el amor de Dios, «lleno de gracia y de verdad». «A Dios nadie lo ha visto nunca; el Hijo único, que es Dios y que vive en unión íntima con el Padre, nos lo ha dado a conocer» (v. 18). Jesús, «en el seno del Padre», permanece en unión reposada, una imagen de profunda intimidad con el Padre. Brodie sostiene que los discursos del Aposento Alto constituyen el punto culminante de la permanencia de los discípulos en unión reposada. En esa Pascua, Jesús se despoja de sus vestiduras, lava los pies, habla de la muerte, inicia una disputa, enseña que los discípulos deben amarse unos a otros y acusa a Pedro de negación. En medio de la confusión, Juan se recuesta sobre el pecho de Jesús para entender lo que está pasando; al escuchar el latido de su corazón, Juan cambia de identidad y se convierte en el «discípulo amado», sincronizándose con Jesús durante el resto de su vida. Cerca del final de este evangelio, escribe: «Al volverse, Pedro vio que los seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había reclinado sobre Jesús…» (Jn. 21:20). Navegar este mundo turbulento requiere una postura como la de Juan. No buscamos simplemente un descanso de la turbulencia de la vida, por valioso que sea, sino que debemos apoyarnos en la presencia prometida de Dios. «Así como el Padre me ha amado a mí, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo he obedecido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor» (Jn. 15:9-10). Señor Cristo, en esta temporada, ayúdanos a permanecer y descansar en ti. Amén. Rdo. Jack Gabig, PhD (MDiv 1995) Profesor asociado de Teología práctica Seminario Anglicano Trinity Ambridge, PA
Credits:
Created with an image by Adam Ján Figeľ - "Vranov, Slovakia.,2019/8/22.,Icon of the Last Supper.,Chapel of the Convent of the Holy Trinity in Lomnica, Vranov nad Toplou, Slovakia."