Lucas 21:25-28
25 »Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas. En la tierra, las naciones estarán angustiadas y perplejas por el bramido y la agitación del mar. 26 Se desmayarán de terror los hombres, temerosos por lo que va a sucederle al mundo, porque los cuerpos celestes serán sacudidos. 27 Verán entonces al Hijo del hombre venir en una nube con poder y gran gloria. 28 Cuando comiencen a suceder estas cosas, cobren ánimo y levanten la cabeza, porque se acerca su redención.
No tenemos claros muchos detalles sobre el segundo advenimiento de nuestro Señor Jesucristo, es decir, cuando vendrá de nuevo en gloria para redimir a su pueblo y juzgar a las naciones; sin embargo, la promesa de Jesús sobre su regreso es clara como el cristal, y esa promesa resuena a lo largo de los Evangelios y del Nuevo Testamento. En la lectura de hoy, observamos el marcado contraste entre la reacción del pueblo de Dios ante este acontecimiento y la reacción de las naciones: en lugar de «desmayar de terror» ante la perspectiva de su regreso, Jesús llama a sus discípulos a «cobrar ánimo» y a levantar la cabeza en señal de disposición y expectativa.
El contexto inmediato de esta lectura es la profecía de Jesús sobre la destrucción del templo y de Jerusalén, pero su palabra va más allá de ese acontecimiento –tan terrible como debió ser– y habla de calamidades y la persecución futuras del pueblo de Dios. Dos mil años después, nos encontramos viviendo en un mundo igual de caótico, lleno de guerras y catástrofes, con cristianos en muchas partes del mundo igualmente perseguidos por su fe. Como discípulos de Jesús, ¿cómo responderemos a estas temibles circunstancias?, ¿sucumbiremos al miedo y a la aprensión o haremos caso a sus palabras, nos erguiremos, levantaremos la cabeza y avanzaremos en la fe, la esperanza y el amor?
Amigos, no nos aislemos temerosos ante los desafíos de nuestro tiempo. Seamos contados entre los fieles: Proclamemos el amor de Cristo de palabra y de obra. ¡Y esperemos el día de su regreso con valentía y alegría!
Señor Jesucristo, ayúdame a no vivir con miedo mientras espero tu regreso. Por el poder de tu Espíritu Santo, fortalece mi fe, aviva mi esperanza y aumenta mi amor, tanto por ti como por el mundo que has creado. Te lo ruego en tu nombre, amén.
Rev. Dr. Joel Scandrett
Profesor Asociado de Teología Histórica
Seminario Anglicano Trinity
Ambridge, PA
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