AUSTERIDAD REPUBLICANA
ÉTICA Y RESPONSABILIDAD EN EL SERVICIO PÚBLICO
El Nigromante
La austeridad republicana no se reduce a la gestión eficiente de los recursos; es ante todo un principio ético que guía la conducta de quienes gobiernan.
Desde la tradición republicana clásica hasta la práctica moderna, la austeridad ha sido entendida como un compromiso con la moderación, la honestidad y la responsabilidad hacia la sociedad.
En México, el pensamiento de Benito Juárez aporta una dimensión ética singular a este principio: la idea de la “justa medianía” como norma de vida y ejercicio público.
Juárez sostenía que los servidores públicos debían vivir en la “justa medianía”, evitando tanto la opulencia como la miseria, y enfocándose en el servicio de la sociedad. En sus discursos y escritos, enfatizó que la función pública exige una vida sobria, donde los recursos se administren con responsabilidad y respeto a la ley. Este principio no solo regula el estilo de vida de los gobernantes, sino que también protege la integridad del sistema republicano, asegurando que el poder se ejerza con ética y prudencia.
La austeridad es una virtud que fortalece la legitimidad de la autoridad. Un gobernante austero, que respeta la “justa medianía”, comunica coherencia entre palabras y acciones, reforzando la confianza de la ciudadanía.
La moderación y la prudencia no solo son herramientas de gestión; son expresiones de respeto hacia quienes confían su representación a los servidores públicos. Por el contrario, la ostentación o el uso indebido de recursos públicos debilita la credibilidad institucional y erosiona la cohesión social.
Contraste entre austeridad y despilfarro
El impacto de la austeridad se percibe en la relación entre gobierno y sociedad. Cuando se administra con prudencia, cada recurso destinado a la educación, la salud o la seguridad refleja un compromiso con el interés público. En cambio, el despilfarro y la corrupción generan desconfianza, frustración y un sentimiento de injusticia que debilita la autoridad del Estado. La diferencia no está únicamente en cifras; reside en la coherencia ética y en la percepción de que los recursos públicos se emplean para objetivos colectivos legítimos.
Desde un enfoque humanista y republicano, la austerdad protege la dignidad ciudadana y asegura que los recursos disponibles se empleen en función de objetivos sociales compartidos. Vivir y gobernar bajo la “justa medianía” significa priorizar decisiones que beneficien al conjunto de la sociedad y que garanticen transparencia y equidad en la administración pública. La austeridad se convierte así en una expresión de responsabilidad cívica, una forma de cuidar lo que pertenece a todos y de asegurar que la administración pública cumpla con su propósito.
A nivel global y local, la aplicación de la austeridad con transparencia y moderación ha fortalecido la confianza ciudadana y mejorado la eficiencia de los servicios públicos. Por el contrario, la austeridad simulada, combinada con corrupción o mal manejo, genera descontento y erosiona la credibilidad institucional.
La diferencia radica en el respeto a principios éticos que priorizan el interés público por encima de beneficios personales.
Créditos:
Creado con una imagen de olly - "Handsome man drinking wine"