Martes, 24 de diciembre de 2024 Rev. Dr. Eric M. Riesen – Presidente Seminario Luterano Norteamericano
Isaías 9:1-7
1 A pesar de todo, no habrá más penumbra para la que estuvo angustiada. En el pasado Dios humilló a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pero en el futuro honrará a Galilea de los gentiles, desde el Camino del Mar, al otro lado del Jordán. 2 El pueblo que andaba en la oscuridad ha visto una gran luz; sobre los que vivían en tierra de sombra de muerte una luz ha resplandecido. 3 Tú has hecho que la nación crezca; has aumentado su alegría. Y se alegran ellos en tu presencia como cuando recogen la cosecha, como cuando reparten el botín. 4 Ciertamente tú has quebrado, como en la derrota de Madián, el yugo que los oprimía, la barra que pesaba sobre sus hombros, el bastón de mando que los subyugaba. 5 Todas las botas guerreras que resonaron en la batalla y toda la ropa teñida en sangre serán arrojadas al fuego, serán consumidas por las llamas. 6 Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; la soberanía reposará sobre sus hombros y se le darán estos nombres: Consejero Admirable, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. 7 Se extenderán su soberanía y su paz y no tendrán fin. Gobernará sobre el trono de David y sobre su reino, para establecerlo y sostenerlo con justicia y rectitud desde ahora y para siempre. Esto lo llevará a cabo el celo del Señor de los Ejércitos.
La lectura de Isaías muestra una visión profética que data del siglo VIII a.C. y refleja la realidad política y religiosa de la época. Tras la muerte de Salomón (931 a.C.), una guerra civil dividió a Israel en dos reinos: el del norte, Israel, con Samaria como capital; y el del sur, Judá, con su capital Jerusalén. La superpotencia de la época era Asiria. Con el tiempo, Asiria destruyó el reino de Israel, el pueblo fue exiliado y, finalmente, absorbido por otras culturas; hoy se les conoce como «las diez tribus perdidas» de Israel. Dos de esas tribus perdidas se mencionan en nuestra lectura, Zabulón y Neftalí.
Isaías mira hacia delante con los ojos de la fe y ve un futuro mejor. Tiene tanta confianza en Dios que habla como si ese futuro fuera ya presente: «El pueblo que andaba en la oscuridad ha visto una gran luz», así que ahora hay alegría porque «ciertamente tú has quebrado, como en la derrota de Madián, el yugo que los oprimía, la barra que pesaba sobre sus hombros, el bastón de mando que los subyugaba».
Ante la mención de Madián, todo judío del siglo VIII a.C. habría sabido que se trataba de una referencia a Números 31, donde Israel destruyó por completo a Madián. Los corazones de aquel temeroso pueblo derrotado latían con renovada esperanza: «Se nos ha concedido un hijo» y se llamará «Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz» y su reinado de justicia y será interminable. Naturalmente, estas palabras se entendían en términos políticos y militares.
Una de las ideas clave de toda la tradición profética es que vivimos en un universo moral donde la fe nos asegura que la rectitud y la justicia acabarán prevaleciendo. Sin embargo, no es nuestro celo religioso o militar (a menudo equivocado) el que lo logrará; más bien, «esto lo llevará a cabo el celo del SEÑOR todopoderoso». Lo que nos lleva a la Navidad.
Cristo es la victoria y la venganza de Dios sobre sus (y nuestros) verdaderos enemigos: el pecado, la muerte y el diablo. Estos poderes opresores se manifiestan de innumerables maneras, pero Cristo «quiebra su yugo» para liberarnos. En nuestro propio poder y fuerza estamos indefensos ante tales enemigos, pero a través de la vida, muerte y resurrección de este pequeño Niño, Dios derrotó a sus enemigos, ¡incluyendo nuestra enemistad contra Dios! Nosotros mismos debemos ser derrotados. La victoria de Dios significa nuestra rendición; es más, la victoria divina se manifiesta en nuestra reconciliación con Dios.
Por eso, esta tarde, cuando nos encontremos de rodillas «porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo», susurremos: «Señor Jesús, confío en ti»; entonces empezaremos a entender la Navidad. Somos un pueblo que ha caminado en profundas tinieblas, pero la luz del futuro de Dios brilla sobre nosotros.
Rev. Dr. Eric M. Riesen Presidente
Seminario Luterano Norteamericano
Ambridge, PA
Credits:
Created with an image by MP_Artworks - "An illustration depicting shepherds kneeling reverently before the newborn Jesus in the manger, with the radiant Star of Bethlehem illuminating the scene, creating a serene and sacred atmosphere."