Asumimos que conservamos todo aquello que nos es heredado para el goce de futuras generaciones porque su materialidad se reviste de verdades absolutas, universales, y trascendentales. Sin embargo, el acto de conservar es una práctica que se nutre del uso y función de los objetos bajo condiciones históricas, sociales, y culturales específicas que les conceden una serie de valores que no son estáticos, son más bien dinámicos y están en constante transformación.
Hace poco más de treinta años se pensaba que el objetivo de la restauración era recuperar en los objetos un estado anterior que los remontara a una autenticidad inmutable. Actualmente la disciplina ya no se concibe de esa manera, y al acto restaurativo se le entiende como un ejercicio crítico que no se limita a mantener íntegra la composición material de los objetos, si no que forma parte de un proceso sociocultural que abre posibilidades para su continua resignificación en el presente.
Comprender el ambiente cultural en el que se encuentran los objetos es fundamental para determinar un tratamiento de conservación-restauración, ya que su acción responde a un lugar, tiempo, y espacio determinado. No es lo mismo conservar una imagen que forma parte de la liturgia dentro de un espacio sagrado, a un objeto que pasó a formar parte de la colección de un museo. Por ejemplo, una escudilla que solía jugar una función utilitaria en la vida cotidiana, al formar parte de un contexto museístico se convierte en objeto de estudio y de exhibición para investigarse, estudiarse y contemplarse, y ya no para usarse.
Como objeto de museo, la restauración de esta escudilla no pretendió recuperar su funcionalidad como plato sopero, en cambio, recuperar sus cualidades estéticas es muy importante ya que nos permite reconocer los detalles de su decoración y huellas de manufactura. Imágenes de antes y después de la limpieza electroquímica, repatinado y colocación de capa de protección.
ANTES DE LA RESTAURACIÓN
Leer los objetos
Leer los objetos es una de las principales habilidades de un conservador-restaurador, cuyo proceso requiere de una documentación sistemática de sus características materiales y no materiales apoyándose de metodologías provenientes de la historia del arte, la antropología y las ciencias exactas.
Caracterizar los objetos por su aspecto material nos acerca a su técnica de manufactura, a identificar sus materiales compositivos, intervenciones, y huellas de uso. Asimismo, nos permite describir el estado en el que se encuentran de acuerdo con las propiedades químicas y por el comportamiento físico de sus componentes.
Durante la restauración de la capa pluvial, fue posible identificar un recubrimiento al reverso del lienzo que posiblemente corresponde a un apresto o encolante orgánico que refuerza las puntadas del bordado.
Capa pluvial, Puebla de los Ángeles, Nueva España, 1786
Raso de seda bordado con hilos de seda e hilos de oro entorchado.
Acercarse al aspecto no material de los objetos, involucra rastrear su historia de vida a través de cartas, documentos relativos a su compraventa, así como de relatos y anécdotas de individuos que convivieron con ellos. Dicha información impregna a nuestro análisis con nuevas herramientas que develan cambios tanto en su estado físico como en su significado cultural, que nos permiten reconocer actitudes asociadas a los objetos, fluctuaciones de su valor en el mercado, así como a identificar los vestigios que demarcan diversas formas de apropiación.
Desde un punto de vista puramente material, una etiqueta o estampa representa un riesgo para la estabilidad material del papel, dado que su adhesivo tiende a volverse ácido y a migrar al soporte generando manchas y debilitando sus fibras.
No obstante, este Ex libris no solo es una marca de propiedad, es un vestigio que denota los gustos e intereses de Franz Mayer en la formación de su colección particular. Por lo tanto, es tan importante conservar el libro como su Ex libris.
El momento de la intervención
El conservador-restaurador, a diferencia de otros especialistas que tienen a la herencia cultural como objeto de estudio, incide directamente sobre su materia, y aunque asumimos su papel como preservador del objeto físico, olvidamos su papel como intérprete.
Cualquier tipo de intervención representa un momento de interpretación y no existe una definición precisa que señale cual es el estado ideal que debe tener un objeto concluida su restauración. Está en las manos del conservador-restaurador y en su pericia para leer los objetos, identificar los mensajes que se buscan transmitir, considerando que no todas las alteraciones materiales representan un daño, y que borrar las huellas de eventos particulares generaría una contradicción histórica e incluso una falsificación.
Dado que los objetos inevitablemente envejecen, es únicamente cuando existen daños que desfiguran sus significados o que ponen en riesgo su funcionalidad, que el conservador-restaurador decidirá intervenirlos estableciendo una metodología regida por principios éticos que se inclinan por el uso de materiales compatibles y reversibles, así como a mantener una clara distinción entre el original y las adiciones de restauración.
Las diferentes intervenciones en el abanico, indican la preocupación del propietario anterior por conservarlo debido a sus cualidades artísticas, históricas, estéticas, simbólicas e incluso económicas.
Al colocar refuerzos con papel japonés e hilos de seda para unir las hojas del paisaje, el abanico recobró estabilidad estructural sin perder su capacidad de plegarse sobre si mismo. Además, recuperar la unidad visual de las escenas pintadas promueve nuevas lecturas en torno a su procedencia, técnica de manufactura y representación gráfica.
Las craqueladuras se forman cuando los estratos pictóricos pierden plasticidad a causa del envejecimiento de sus materiales compositivos. Como resultado, la película se seca, se contrae y quiebra formando una red o patrón.
Al intervenir un objeto se toman decisiones de manera conjunta para determinar, por ejemplo, si un repinte sobre los estratos pictóricos de una pintura representa una amenaza o si contribuye a su significación, y, por lo tanto, si debe o no eliminarse. Del mismo modo, se seleccionan los métodos más adecuados en caso de que sea necesario agregar nuevos materiales para recuperar su estabilidad estructural.
Procesos de restauración tales como la limpieza, resane y reintegración de color, son operaciones que transforman al objeto, y una mala interpretación puede ser tan nociva como una mala selección de materiales o una mala ejecución. Contrariamente, una buena interpretación promueve la resignificación de los objetos en su ambiente cultural actual.
Conservar para el futuro
Un museo, por definición, está al servicio de la sociedad y tiene la función de conservar, investigar e interpretar su colección. La conservación-restauración, en este contexto, tiene un papel clave para el desarrollo de sus demás funciones, en tanto que contar con una colección debidamente resguardada provee de oportunidades para que su colección continuamente se revitalice y resignifique.
Rompiendo con la noción de que la conservación-restauración es una actividad puramente mecánica que depende de la habilidad técnico-manual del ejecutante, hoy en día se le considera como una práctica con responsabilidad cultural que colabora en los procesos de cambio y construcción social.
En el Museo Franz Mayer trabajamos conservando una colección que sobrepasa los once mil objetos para que mediante su constante relectura se transmitan ideas, que inspiren a la formación de una sociedad más creativa e incluyente.