Jueves, 13 de marzo de 2025 Rev. Dr. Joel Alan Scandrett - Profesor Asociado de Teología Histórica

Lucas 5:17-26

17 Un día, mientras enseñaba, estaban sentados allí algunos fariseos y maestros de la Ley que habían venido de todas las aldeas de Galilea y Judea, y también de Jerusalén. Y el poder del Señor estaba con él para sanar a los enfermos. 18 Entonces llegaron unos hombres que llevaban en una camilla a un paralítico. Procuraron entrar para ponerlo delante de Jesús, 19 pero no pudieron a causa de la multitud. Así que subieron a la azotea y separando las tejas, lo bajaron en la camilla hasta ponerlo en medio de la gente, frente a Jesús. 20 Al ver la fe de ellos Jesús dijo: —¡Amigo, tus pecados quedan perdonados! 21 Los maestros de la Ley y los fariseos comenzaron a pensar: «¿Quién es este que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?». 22 Pero Jesús supo lo que estaban pensando y les dijo: —¿Por qué razonan así? 23 ¿Qué es más fácil, decirle: “Tus pecados quedan perdonados” o decirle: “Levántate y anda”? 24 Pues, para que sepan que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados —se dirigió entonces al paralítico—: A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. 25 Al instante se levantó a la vista de todos, tomó la camilla en que había estado acostado y se fue a su casa alabando a Dios. 26 Todos quedaron asombrados y ellos también alababan a Dios. Estaban llenos de temor y decían: «Hoy hemos visto maravillas».

«Al ver la fe de ellos Jesús dijo: ¡Amigo, tus pecados quedan perdonados!».

La curación del paralítico por parte de Jesús (Lc. 5) rebosa de significado espiritual. En primer lugar, a diferencia de prácticamente todos los relatos de sanidades de los Evangelios, Jesús no responde inmediatamente a las necesidades físicas de este hombre, sino que primero aborda las necesidades de su alma. No sabemos lo que Jesús ve en él, pero parece que su parálisis es tanto física como espiritual. Su ejemplo nos advierte que, aunque estemos físicamente sanos, podemos quedar espiritualmente paralizados por el pecado, postrados en un lecho creado por nosotros mismos, incapaces de levantarnos y seguir adelante. Como dice San Agustín: «Has sido un paralítico interior» (Exposición sobre los Salmos, 41.4). Aunque aparentemos estar bien ante los demás, Jesús ve nuestra parálisis espiritual.

En segundo lugar, observen que Jesús no responde a la fe de este hombre, sino a la fe de sus amigos. En momentos de debilidad y cansancio, podemos sentirnos espiritualmente incapacitados, pero el amor fiel de los amigos del paralítico nos recuerda que no estamos solos. Somos miembros vivos del cuerpo de Cristo y herederos de la familia de la Fe; tenemos padres y madres espirituales, hermanas y hermanos a quienes podemos acudir en busca de oración, acompañamiento y apoyo. ¿En qué amigos o consejeros cristianos te apoyas en tiempos de parálisis espiritual?

Por último, leemos la poderosa afirmación de Jesús sobre su autoridad divina tanto para sanar como para perdonar el pecado (5:24). No hay enfermedad espiritual de la que el Verbo encarnado, nuestro Señor Jesucristo, no tenga autoridad para sanarnos y liberarnos. En este camino de Cuaresma, acerquémonos a Él con fe –tanto la nuestra como la de los demás– para recibir el perdón, la sanidad y la liberación del pecado.

Señor Jesús, reconozco ante ti aquellas áreas de parálisis espiritual en mi vida. Gracias porque siempre me perdonas, no importa cuántas veces falle, y gracias por la fe de los demás que también me sostiene. Por favor, sáname y sálvame para que pueda ser libre de caminar en tus caminos todos los días de mi vida. Amén.

Rev. Joel Alan Scandrett, PhD

Profesor Asociado de Teología Histórica Seminario Anglicano Trinity

Ambridge, PA

Credits:

Created with an image by funstarts33 - "Jesus heals a sick man with people gathering around to witness the miracle. Religious biblical concept."