Lunes, 31 de marzo de 2025 Rev. Aaron Rowley (MDiv 2018, STM 2021)

Lucas 11:14-28

14 En otra ocasión Jesús expulsaba de un hombre a un demonio que lo había dejado mudo. Cuando salió el demonio, el mudo habló y la gente quedó asombrada. 15 Pero algunos dijeron: «Este expulsa a los demonios por medio de Beelzebú, príncipe de los demonios». 16 Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal del cielo. 17 Como él conocía sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo quedará asolado, y una casa dividida contra sí misma se derrumbará. 18 Por tanto, si Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo puede mantenerse en pie su reino? Lo pregunto porque ustedes dicen que yo expulso a los demonios por medio de Beelzebú. 19 Ahora bien, si yo expulso a los demonios por medio de Beelzebú, ¿los seguidores de ustedes por medio de quién los expulsan? Por eso ellos mismos los juzgarán a ustedes. 20 Pero si expulso a los demonios con el poderoso dedo de Dios, eso significa que el reino de Dios ha llegado a ustedes. 21 »Cuando un hombre fuerte y bien armado cuida su hacienda, sus bienes están seguros. 22 Pero si lo ataca otro más fuerte que él y lo vence, le quita las armas en que confiaba y reparte el botín. 23 »El que no está de mi parte está contra mí; y el que conmigo no recoge esparce. 24 »Cuando un espíritu maligno sale de una persona, va por lugares áridos buscando descanso sin encontrarlo. Entonces dice: “Volveré a mi casa, de donde salí”. 25 Cuando llega, la encuentra barrida y arreglada. 26 Luego va y trae a otros siete espíritus más malvados que él y entran a vivir allí. Así que el estado final de aquella persona resulta peor que el inicial». 27 Mientras Jesús decía estas cosas, una mujer de entre la multitud exclamó: —¡Dichosa la mujer que te dio a luz y te amamantó! 28 —Dichosos más bien —contestó Jesús— los que oyen la palabra de Dios y la obedecen.

La multitud no ve, tampoco ha oído. La Palabra está ante ellos y la boca del hombre que antes era mudo, ahora está abierta y testifica. La declaración de la multitud que vio el milagro queda suspendida entre la ignorancia y el silencio. No todos los que oyen pueden entender, no todos los que ven pueden comprender ni los que gustan, perciben. Todos los sentidos fallan, excepto los de esa persona a quien Cristo da la capacidad.

El reino de Dios está cerca, pero nosotros, como la multitud, la mayoría de las veces no podemos verlo a través del velo de este mundo. Distorsionados, embotados y desordenados, nuestros sentidos interpretan la corrección divina como abandono. Las misericordias de Dios pasan inadvertidas. ¿Es este el reino de Belcebú o de nuestro Bienamado? ¿A qué amo sirves? Debes elegir a uno, para que tu posición no se vuelva insostenible. A menos que uno escuche la corrección de Dios y ordene su vida de acuerdo con ella, Cristo nos advierte de quienes claman en vano: «Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?» (Mt. 7:22).

Hasta que Cristo nos dé sentidos espirituales, no seremos capaces de interpretar la corrección como gracia o el reino de Dios a nuestro alrededor. Sólo aquellos que buscan y reciben la capacidad (dada por Cristo) pueden recibir la Palabra que gotea como miel, y ver la obra de Dios brotando a la vida en derredor.

Nuestras prácticas cuaresmales forman nuestros sentidos conforme con el don de Cristo, para que podamos contemplar su reino en medio de nosotros. En la oración y la acción de gracias, nuestras palabras ascienden como agradable incienso. En nuestro ayuno, gustamos y vemos que el Señor es bueno. Y en nuestros donativos, contemplamos a Cristo en los ojos de los otros.

Reposemos en el seno de la bendita Iglesia, la cual nos nutre en los sacramentos. Pero no dormitemos allí, no sea que, mientras nos fortalecemos, nos invada el letargo espiritual. Cristo nos ha llamado a sí mismo y nos ha ordenado despertar. No esperes una señal del cielo, en vez de eso, busca a Cristo y el don de la fe, porque el Reino de Dios está ya nos envuelve, si tenemos ojos y oídos para percibirlo. Bienaventurados «los que oyen la palabra de Dios y la guardan».

Rev. Aaron Rowley (MDiv 2018, STM 2021)

Rector Iglesia Anglicana de Todos los Santos (REC)

Raleigh, NC

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