LA VENIDA DEL SEÑOR: LA OBRA DE FABIÁN CHÁIREZ revista logia

LA VENIDA DEL SEÑOR:

LA OBRA DE FABIÁN CHÁIREZ

Por: Inma Angélica Inclán

En el corazón de la Academia de San Carlos de la Universidad Nacional Autónoma de México, el pasado 5 de febrero de 2025, Fabián Cháirez expuso una colección artística polémica y provocadora: La venida del Señor, una serie de nueve óleos de gran formato que motivan al espectador a cuestionar la sacralidad en el marco de la sexualidad de los representantes del clero católico. Cada lienzo, producido entre 2018 y 2023, recupera la teatralidad barroca —claroscuro dramático, composiciones simétricas, gestos extáticos— para resignificar la iconografía católica: el altar se convierte en piel, el cáliz en muslo, la hostia en caricia. En esta liturgia pictórica, el “Señor” evocado no desciende del cielo en trompetas, sino que emerge de la carne humana, vibrante y vulnerable.

Fabián Cháirez, nacido el 13 de diciembre de 1987 en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, se formó en Artes Visuales en la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas. Desde su temprana pieza La Revolución (2014), que presentó a Emiliano Zapata como figura erótica, Cháirez ha construido un corpus donde lo masculino hegemónico —charros, luchadores, símbolos patrios— se subvierte desde la carnación y el deseo. Inspirado por el tenebrismo de Caravaggio y la teatralidad escultórica de Bernini, así como por la paleta neoclásica de Velázquez y la vibrante sensualidad de Pedro Almodóvar, él logra fundir en sus cuadros la tensión entre culpa y éxtasis, entre lo profano y lo sagrado.

La venida del Señor agrupa piezas como El Éxtasis (2018), La Eucaristía I & II (2019) y, de manera más reciente, Inmaculada Concepción, Anunciación, Estigmas o Agnus Dei (2023). En todas ellas, la referencia eucarística —pan, vino, cáliz— convive con escenas de deseo explícito: parejas masculinas en posturas litúrgicas, rostros entregados al gozo tanto como al martirio. Así, Cháirez no busca escandalizar por el erotismo en sí, sino revelar la paradoja de un cuerpo venerado y al mismo tiempo ocultado en la tradición sacra.

El Extasis. Fabián Cháirez (2018)
La Eucaristía. Fabián Cháirez (2019)
La Eucaristía II. Fabián Cháirez (2019)
Inmaculada Concepción. Fabián Cháirez (2023)
Anunciación. Fabián Cháirez (2023)
Estigmas. Fabián Cháirez (2023)
Agnus Dei. Fabián Cháirez (2023)

Las pinturas de Cháirez no proponen un credo alternativo, sino que despliegan su ambigüedad para invitar al espectador a habitar una espiritualidad encarnada: el templo no está fuera, sino aquí, en la carne que padece y celebra. Se detectan resonancias de la mística española —San Juan de la Cruz y su “loco amor”—, pero habitadas por la piel actual de América Latina, por los cuerpos que resisten identidades normativas.

La muestra suscitó tanto expresiones críticas como reproches moralistas. Fieles católicos protestaron frente a la Academia, acusando “atentado contra la fe”; en marzo, un juez federal ordenó temporalmente su clausura bajo el argumento de vulnerar la libertad religiosa, sólo para que semanas después se levantara la suspensión y la exposición retomara su itinerario en una nueva sede. Estas tensiones revelan que La venida del Señor no se limitó a desafiar lo visible, sino también lo decible: cuestionó los silencios institucionales y las zonas de confort simbólicas.

El arte es un espacio de reflexión crítica y transformación humana, la obra de Cháirez no es una pieza decorativa ni un mero dispositivo de provocación; es un umbral que desmantela categorías obsoletas y propone una relectura de lo sagrado desde la carne y el deseo. La venida del Señor, sugiere Cháirez, no llega para juzgar sino para mostrarnos en un espejo inquietante qué amamos y qué tememos frente a nuestra propia vulnerabilidad.

En última instancia, La venida del Señor confirma que el arte sacro contemporáneo puede convertirse en una herejía necesaria, un acto de fe radical que no rehúye la corporalidad ni el placer. Al abrir grietas en la tradición pictórica y teológica, Fabián Cháirez nos convoca a repensar el altar como espacio abierto: un momento donde lo profano y lo divino se encuentran, sin jerarquías, en la honestidad de la mirada y en la sacralidad de la piel.

CREADO POR
REVISTA LOGIA

Créditos:

TODAS LAS IMAGENES PERTENECEN A FABIAN CHÁIREZ