Miércoles, 25 de diciembre de 2024 Reverendísimo Cn. Bryan C. Hollon - PhD Decano y presidente TAS

Lucas 2:1-20

1 Por aquellos días, Augusto César decretó que se levantara un censo en todo el Imperio romano. 2 Este primer censo se efectuó cuando Cirenio gobernaba en Siria. 3 Así que iban todos a inscribirse, cada cual a su propio pueblo. 4 También José, que era descendiente del rey David, subió de Nazaret, ciudad de Galilea, a Judea. Fue a Belén, la Ciudad de David, 5 para inscribirse junto con María, que estaba comprometida para casarse con él. Ella se encontraba embarazada 6 y mientras estaban allí se le cumplió el tiempo. 7 Así que dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada. Los pastores y los ángeles 8 En esa misma región había unos pastores que pasaban la noche en el campo, turnándose para cuidar su rebaño. 9 Sucedió que un ángel del Señor se les apareció. La gloria del Señor los envolvió en su luz y se llenaron de temor. 10 Pero el ángel dijo: «No tengan miedo. Miren que traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo. 11 Hoy ha nacido en la Ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor. 12 Esto les servirá de señal: Encontrarán a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». 13 De repente apareció una multitud de ángeles del cielo, que alababan a Dios y decían: 14 «Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad». 15 Cuando los ángeles se fueron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: «Vamos a Belén, a ver esto que ha pasado y que el Señor nos ha dado a conocer». 16 Así que fueron de prisa y encontraron a María, a José y al niño que estaba acostado en el pesebre. 17 Cuando vieron al niño, contaron lo que les habían dicho acerca de él 18 y cuantos lo oyeron se asombraron de lo que los pastores decían. 19 María, por su parte, guardaba todas estas cosas en su corazón y meditaba acerca de ellas. 20 Los pastores regresaron glorificando y alabando a Dios por lo que habían visto y oído, pues todo sucedió tal como se les había dicho.

Al finalizar el tiempo de advenimiento, nos dirigimos a Lucas 2:1-20, la narración clásica del nacimiento de Cristo. Este amado relato bíblico encuentra una vívida expresión en la obra maestra de Gerard van Honthorst, Adoración de los pastores. Juntas, la Escritura y el arte nos invitan a considerar el profundo misterio de la Encarnación: el poder de Dios revelado en humildad.

El evangelio de Lucas presenta una escena de contrastes sorprendentes. En medio del bullicio ordinario de un censo romano, irrumpe lo extraordinario; no nace un niño en un palacio, sino en un humilde establo. Esta yuxtaposición revela el corazón de la Encarnación: Dios entra en nuestro mundo no en un resplandor de gloria, sino en la forma de un niño.

El cuadro de Honthorst (más detallado abajo) capta maravillosamente esta paradoja. El niño Jesús irradia una luz cálida y dorada que ilumina el establo oscuro, una poderosa metáfora visual que recuerda las palabras de Juan: «Esa luz verdadera, la que alumbra a todo ser humano, venía a este mundo» (Jn. 1:9). Sin embargo, esta luz representa algo más que una mera iluminación: encarna el poder de Dios manifestado. En este niño indefenso está el Rey soberano del universo, el Verbo eterno que creó todas las cosas, que ahora habita entre nosotros en cuerpo humano.

Aquí nos encontramos con el gran misterio de la Encarnación: Dios vence al pecado, al mal y a la muerte, no mediante una fuerza abrumadora, sino mediante la humildad y el amor sacrificial. El pesebre presagia la cruz, el niño que recibe el homenaje de los pastores dará un día la vida por sus ovejas.

Tanto en las Escrituras como en la pintura, somos testigos de una reunión variada en torno al pesebre. María, José y los pastores se inclinan hacia él, con los rostros radiantes de asombro, un asombro que también se refleja en quienes escuchan la buena nueva, según el relato de Lucas: «Y cuantos lo oyeron se asombraron de lo que los pastores decían» (Lc. 2:18).

Este encuentro divino transforma lo ordinario en extraordinario: los pastores se convierten en evangelistas; un comedero, en trono; un establo, en santuario. En esta transformación, vislumbramos el poder de Cristo para hacer nuevas todas las cosas; es más, la Encarnación revela que la fuerza de Dios actúa de un modo que confunde las expectativas humanas, desafiando nuestra comprensión del poder y la debilidad, la victoria y la derrota. Así como la luz de la pintura se derrama más allá del pesebre, tocando a todos los que están cerca, así también la gracia de Cristo se desborda en nuestro mundo, obrando de maneras ocultas para realizar los propósitos de Dios.

En este tiempo de advenimiento, todos estamos invitados a esperar la venida de Cristo con un corazón expectante y abierto. Como los pastores, preparémonos para encontrar a Dios mismo en lugares humildes e inesperados; como María, reflexionemos profundamente sobre estos misterios, permitiendo que el milagro de la Encarnación nos transforme desde dentro. En un mundo a menudo demasiado envuelto en tinieblas, el nacimiento de Cristo brilla como una luz de esperanza, iluminando la verdad de que el amor de Dios triunfa sobre todo, que la luz vence a las tinieblas y, a través del niño Jesús, la gracia divina entra en el mundo para hacer nuevas todas las cosas.

Que la maravilla de la Encarnación renueve nuestra alegría, paz y propósito en este tiempo de advenimiento. «Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; […] Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz (Is. 9:6).

Dios todopoderoso, que has derramado sobre nosotros la luz nueva de tu Verbo encarnado: Haz que esta luz, encendida en nuestros corazones, brille en nuestras vidas; por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y siempre; amén.

Reverendísimo Cn. Bryan C. Hollon

PhD Decano y presidente

Seminario Anglicano Trinity

Ambridge, PA

Adoración de los pastores, por Gerard Van Honrhorst (circa 1622)