Malaquías 3:1-5
3 1 «Yo estoy por enviar a mi mensajero para que prepare el camino delante de mí. De pronto vendrá a su Templo el Señor a quien ustedes buscan; vendrá el mensajero del pacto, a quien ustedes desean» —dice el Señor de los Ejércitos. 2 Pero ¿quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién podrá mantenerse en pie cuando él aparezca? Porque será como fuego de fundidor o jabón de lavandero. 3 Se sentará como fundidor y purificador de plata; purificará a los levitas y los refinará como se refinan el oro y la plata. Entonces traerán al Señor ofrendas conforme a la justicia, 4 y las ofrendas de Judá y Jerusalén serán aceptables al Señor, como en tiempos antiguos, como en años pasados. 5 «De modo que me acercaré a ustedes para juicio. Estaré presto a testificar contra los hechiceros, los adúlteros y los perjuros, contra los que explotan a sus jornaleros; contra los que oprimen a las viudas, a los huérfanos y niegan el derecho del extranjero, sin mostrarme ningún temor —dice el Señor de los Ejércitos—.
En el pasaje de hoy, el Señor promete venir e iniciar un nuevo éxodo, sacando a Israel del pecado como lo sacó de Egipto (Mal. 3:1; Éx. 23:20-21; Is. 40:3). Además, promete purificar a su pueblo para un nuevo sacerdocio, aún mejor que el de los levitas en el Sinaí (Mal. 3:2-4; Is. 66:20-21).
Pero su venida será para juzgar (Mal. 3:5) y su fuego refinador no mostrará ninguna parcialidad por las líneas políticas: vendrá a juzgar a los hechiceros y a los inmorales sexuales que manipulan la realidad para construir su propia identidad y satisfacer sus deseos pecaminosos; vendrá a juzgar a los ricos que se han enriquecido explotando a los pobres y a los asalariados; vendrá a juzgar a los que olvidan a la viuda y al huérfano y desprecian al inmigrante que está a su lado.
De hecho, el Señor vino de repente a su templo y pronunció este juicio. Jesús, recorriendo el camino preparado por el mensajero del pacto –Juan el Bautista–, llegó a Jerusalén, se paró en los atrios del templo y pronunció juicio contra todos los partidos religiosos y políticos de su tiempo: los herodianos, los fariseos, los saduceos, los sumos sacerdotes y los escribas (Mr. 11-12). Y, misterio de misterios, el juez subió al monte Calvario para asumir este juicio e interceder por el perdón de los pecadores (Lc. 23:34).
En este tiempo de Advenimiento, recordamos que vivimos entre el juicio de Cristo en la cruz y el juicio final de su Segunda Venida. Ahora es el día de la salvación para todos los que se arrepienten de su egocentrismo, inmoralidad e injusticia; ahora es el momento de purificarnos con la sangre de Jesús y ofrecer nuestras vidas como sacrificios, cubiertos de su justicia. Pero ese día final será el día del juicio, y ¿quién podrá soportar el día de su venida?
Oh, Señor, justo juez nuestro, en tu misericordia protégenos del juicio venidero por los méritos de la vida, la muerte y la resurrección de Cristo. Perdona nuestros pecados contra Dios y el prójimo, y purifícanos para que seamos tu santo sacerdocio, declarando el día de la salvación a un mundo atado por su propio pecado. Por el honor de tu nombre, amén.
Rev. Dr. Jacob A. Rodríguez
Profesor Asistente de Nuevo Testamento
Seminario Anglicano Trinity
Ambridge, PA
Credits:
Created with an image by Adam Ján Figeľ - "Secovska Polianka, Slovakia. 2019/8/22. The icon of Jesus Christ with bread and wine in His hands. The icon is on the Eucharistic tabernacle. The Greek Catholic church of Saint Elijah. "