Martes, 15 de abril de 2025 Rev. Collin Reed (MDiv 2024)

Juan 12:37-50

37 A pesar de haber hecho Jesús todas estas señales en presencia de ellos, todavía no creían en él. 38 Así se cumplió lo dicho por el profeta Isaías: «Señor, ¿quién ha creído a nuestro mensaje y a quién se ha revelado el brazo del Señor?». 39 Por eso no podían creer, pues también había dicho Isaías: 40 «Les ha cegado los ojos y endurecido el corazón, para que no vean con los ojos ni entiendan con el corazón ni se arrepientan; y yo los sane». 41 Esto lo dijo Isaías porque vio la gloria de Jesús y habló de él. 42 Sin embargo, muchos de ellos, incluso muchos de los jefes, creyeron en él, pero no lo confesaban porque temían que los fariseos los expulsaran de la sinagoga. 43 Preferían recibir honores de los hombres más que de parte de Dios. 44 «El que cree en mí —clamó Jesús con voz fuerte—, cree no solo en mí, sino en el que me envió. 45 Y el que me ve a mí ve al que me envió. 46 Yo soy la luz que ha venido al mundo para que todo el que crea en mí no viva en oscuridad. 47 »Si alguno escucha mis palabras, pero no las obedece, no seré yo quien lo juzgue; pues no vine a condenar al mundo, sino a salvarlo. 48 El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue. La palabra que yo he proclamado lo condenará en el día final. 49 Yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió me ordenó qué decir y cómo decirlo. 50 Y sé muy bien que su mandato es vida eterna. Así que todo lo que digo es lo que el Padre me ha ordenado decir».

A medida que leemos y reflexionamos en el pasaje de hoy, viene a mi mente el término incredulidad selectiva. Lo sé, ya puedo oírlos… ¡¿Qué?! Denme un minuto.

Me pregunto cuántas veces hemos practicado, consciente o inconscientemente, la incredulidad selectiva. Me atrevería a adivinar que la mayoría de los que leemos este devocional de Cuaresma somos personas de fe, confiamos en la fidelidad de Dios y creemos en las promesas de las Escrituras, en las tradiciones fundacionales de la Iglesia y en el testimonio de otros que han visto a Dios obrar en sus vidas, del mismo modo que hemos experimentado la obra redentora y la sanación de Jesucristo en nuestras propias vidas. Creemos y confiamos.

Pero ¿y cuando no es así? ¿Qué pasa cuando hemos visto y experimentado a Jesús obrando en nuestras vidas, pero pensamos que su gracia y su misericordia se agotarán? «Me has sacado de este momento difícil o me has sanado de estas cosas, Jesús, pero seguramente no volverás a hacerlo en esta situación».

Una vez más, no quiero decir que experimentemos la incredulidad de la misma manera que la gente de la que hablaba Isaías o de quienes oyeron y vieron a Jesús y decidieron descaradamente no creer por dureza de corazón. El pasaje y las palabras de Jesús aquí en Juan dejan claras las consecuencias de su elección. Pero ¿qué pasa cuando la ansiedad, las voces ajenas y la duda nos invaden y no podemos comprender el poder sin límites del Señor?

Mientras nos acercamos al final de este tiempo de penitencia, reflexionemos sobre el origen de esta incredulidad selectiva y las mentiras que alimentan nuestras incertidumbres y que contradicen las promesas de Dios en las Escrituras. Dirijamos nuestra mirada al Autor y Perfeccionador de nuestra fe, acerquémonos a Dios y refresquémonos en la palabra del Señor pronunciada por medio del profeta Jeremías: «Por el gran amor del SEÑOR no hemos sido consumidos y su compasión jamás se agota. Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad!» (Lm. 3:22-23).

Padre celestial, como tus misericordias son nuevas cada mañana, así también te pedimos que renueves nuestra fe dentro de nosotros cada día. En nuestros momentos de incertidumbre, clamamos a ti para que ayudes a nuestra incredulidad. Amén.

Rev. Collin Reed (MDiv 2024)

Rector Asistente para el Cuidado Pastoral

Iglesia Anglicana de San Esteban

Sewickley, PA

Credits:

Created with an image by Studio-FI - "Setting sun behind moon"