Martes, 18 de marzo de 2025 La resurrección del hijo de la viuda de Naín de Wilhelm Kotarbiński (1848-1921)

Lucas 7:1-17

1 Cuando terminó de hablar al pueblo, Jesús entró en Capernaúm. 2 Había allí un centurión cuyo siervo, a quien él estimaba mucho, estaba enfermo, a punto de morir. 3 Como oyó hablar de Jesús, el centurión mandó a unos líderes religiosos de los judíos a pedirle que fuera a sanar a su siervo. 4 Cuando llegaron ante Jesús, rogaron con insistencia: —Este hombre merece que le concedas lo que te pide: 5 aprecia tanto a nuestra nación que nos ha construido una sinagoga. 6 Así que Jesús fue con ellos. No estaba lejos de la casa cuando el centurión mandó unos amigos a decirle: —Señor, no te tomes tanta molestia, pues no merezco que entres bajo mi techo. 7 Por eso ni siquiera me atreví a presentarme ante ti. Pero con una sola palabra que digas, quedará sano mi siervo. 8 Porque yo mismo soy un hombre sujeto a órdenes superiores y, además, tengo soldados bajo mi autoridad. Le digo a uno “ve” y va; y al otro, “ven” y viene. Le digo a mi siervo “haz esto” y lo hace. 9 Al oírlo, Jesús se asombró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, comentó: —Les digo que ni siquiera en Israel he encontrado una fe tan grande. 10 Al regresar a casa, los enviados encontraron sano al siervo. 11 Poco después Jesús, en compañía de sus discípulos y de una gran multitud, se dirigió a un pueblo llamado Naín. 12 Cuando ya se acercaba a las puertas del pueblo, vio que sacaban de allí a un muerto, hijo único de madre viuda. La acompañaba un grupo grande de la población. 13 Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: —No llores. 14 Entonces se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: —Joven, ¡te ordeno que te levantes! 15 El que había estado muerto se incorporó y comenzó a hablar; luego Jesús se lo entregó a su madre. 16 Todos se llenaron de temor y alababan a Dios. —Ha surgido entre nosotros un gran profeta —decían—. Dios ha venido en ayuda de su pueblo. 17 Así que esta noticia acerca de Jesús se divulgó por toda Judea y por todas las regiones vecinas.

Kotarbiński fue un artista polaco que pasó la mayor parte del tiempo en Kiev. Su vida tiene muchos de los elementos que cabría esperar de un artista: alejamiento de unos padres que querían una carrera más estable, empobrecimiento como joven artista, relaciones tormentosas, ayuda de mecenas ricos. Su trabajo en la catedral de San Vladímir, que incluía dieciocho frescos y ochenta y cuatro figuras de santos, le proporcionó fama instantánea; en estas obras, el artista se dio a conocer con un estilo reconocible que mezclaba el folclor ucraniano con el simbolismo polaco. Durante el resto de su vida siguió pintando temas religiosos y mitológicos, pero la catástrofe nacional de la Gran Guerra y la revolución bolchevique ensombrecieron su obra, cada vez más dominada por un profundo patetismo y una fijación por lo grotesco.

La Resurrección del hijo de la viuda de Naín (que se aprecia con detalle más abajo) es un ejemplo notable de su dominio del movimiento decimonónico conocido como realismo, que pretendía retratar a personas corrientes en circunstancias corrientes; sin embargo, la mirada de Jesús y su mano levantada advierten al espectador que está a punto de pasar algo muy distinto de lo común.

La resurrección del hijo de la viuda de Naín nos remite al relato de la resurrección del hijo de la viuda de Sarepta en 1 Reyes 17, una historia que confirma el cumplimiento de la tradición profética por parte de Jesús y también apunta hacia la propia resurrección de Cristo. El Jesús de Kotarbiński parece común y extraordinario al mismo tiempo; podríamos decir que está –como el Jesús del evangelio de Juan– ya transfigurado: el artista que lo representa lo contempla como el Resucitado.

La resurrección del hijo de la viuda de Naín de Wilhelm Kotarbiński (1848-1921)