GEOMETRÍA SAGRADA EN EL ARTE EGIPCIO de Schwaller de Lubicz
Una Revisión de la Lectura Simbólica de la Arquitectura de Luxor
Por: Dulce M. Velázquez Vera
Una mirada distinta al antiguo Egipto
En la historia del pensamiento moderno hay figuras que no encajan fácilmente en las casillas del saber académico. René Adolphe Schwaller de Lubicz (1887–1961) es una de ellas. Químico de formación, alquimista por vocación y místico por convicción, este pensador francés dedicó más de una década de su vida a desentrañar lo que creía ser un mensaje oculto en los templos del antiguo Egipto. Su propuesta, audaz y profundamente simbólica, sostiene que los muros y las proporciones del Templo de Luxor no sólo fueron pensados como arquitectura religiosa, sino como un tratado en piedra sobre la naturaleza del ser humano y del universo.
Entre 1939 y 1951, Schwaller vivió y trabajó en Egipto, fascinado por los templos de Tebas. Lo que otros veían como vestigios arqueológicos, él lo interpretaba como un lenguaje sagrado. A través de una meticulosa observación arquitectónica, un profundo conocimiento hermético y una sensibilidad que rozaba lo visionario, elaboró su obra cumbre: El Templo del Hombre (1957–1958), donde plantea que el Templo de Luxor fue diseñado siguiendo las proporciones del cuerpo humano. Para él, este edificio era una representación física del "hombre cósmico", una imagen del universo condensada en la anatomía humana.
El camino que llevó a Egipto
Para entender el enfoque de Schwaller, hay que volver la mirada a su biografía. Su trayectoria no es la de un egiptólogo tradicional. Se formó inicialmente en química farmacéutica, pero pronto se sintió atraído por los saberes antiguos: la alquimia, la teosofía, la sinarquía. Durante los años veinte, fundó en Suiza un laboratorio llamado Suhalia, donde elaboraba tinturas homeopáticas mientras reflexionaba sobre la evolución de la conciencia. En ese entorno desarrolló una visión integradora que combinaba ciencia, mística y arte, y que sería la base de su aproximación al arte egipcio.
Lo que lo distinguía no era sólo su capacidad para medir columnas o estudiar relieves, sino su empeño en leer los templos como si fueran libros sagrados. Para él, cada línea arquitectónica tenía un significado espiritual. No se trataba de decorar, sino de codificar.
Un templo que es un cuerpo
El Templo de Luxor fue construido principalmente durante los reinados de Amenhotep III y Ramsés II. A ojos de los historiadores, era el centro de importantes festividades religiosas, como la Opet, que renovaba simbólicamente el poder del faraón. Pero Schwaller veía algo más: no un simple lugar de culto, sino un mapa cósmico. Un libro de piedra que hablaba en la lengua de las proporciones.
Su propuesta es provocadora: las medidas del templo no serían arbitrarias, sino cuidadosamente dispuestas para reflejar las proporciones del cuerpo humano y las leyes universales. El templo, según él, representaría la figura humana desde los pies hasta la cabeza. Cada sala, cada columna, cada eje arquitectónico se correspondería con una parte del cuerpo. Así, Luxor no era simplemente un espacio sagrado: era la encarnación de una sabiduría ancestral que unía al ser humano con el cosmos.
La geometría sagrada como lenguaje del alma
El corazón del pensamiento de Schwaller es su uso de la geometría sagrada. Creía que los antiguos egipcios conocían las leyes armónicas del universo y las expresaban en sus construcciones. Hablaba del número áureo (φ), de la secuencia de Fibonacci, de proporciones que, según él, no sólo eran estéticamente bellas, sino que contenían un poder espiritual.
En su visión, la arquitectura egipcia no era funcional, sino metafísica. El templo era una herramienta para despertar la conciencia, para recordarle al ser humano su lugar en el orden cósmico. Desde esta perspectiva, no es exagerado decir que Schwaller consideraba a los arquitectos egipcios como iniciados, transmisores de un conocimiento sagrado a través de la forma.
También propuso que los templos egipcios estaban alineados con ciertos ciclos astronómicos, como la precesión de los equinoccios, y que reflejaban el paso de las eras astrológicas. Estas ideas lo llevaron a formular una historia alternativa del Egipto antiguo, donde las construcciones más monumentales no eran simples obras de ingeniería, sino dispositivos simbólicos para conservar y transmitir la sabiduría de una humanidad más antigua y profunda de lo que solemos imaginar.
Las críticas no se hicieron esperar
El trabajo de Schwaller ha sido intensamente debatido. Sus ideas fueron acogidas con entusiasmo por algunos escritores esotéricos y artistas del siglo XX —entre ellos André Breton y Jean Cocteau—, pero con escepticismo o abierto rechazo por buena parte de la academia. Se le ha criticado por proyectar sus propias ideas en los monumentos egipcios, por carecer de fundamentos filológicos, y por apoyarse en intuiciones que no siempre pueden comprobarse.
Además, su pasado lo ha vuelto una figura polémica: en su juventud estuvo vinculado a círculos esotéricos de derecha, como "Les Veilleurs", algo que ha dado pie a sospechas ideológicas que, aunque matizadas por sus biógrafos, han empañado su legado. A esto se suma que muchas de sus interpretaciones no encuentran respaldo en fuentes jeroglíficas conocidas.
Pese a ello, algunos académicos, como Erik Hornung, reconocen que sus observaciones empíricas sobre el templo de Luxor tienen valor, incluso si no se comparten sus conclusiones. Y en el terreno de la egiptología alternativa, su figura es central. Autores como John Anthony West han recogido su herencia, ampliando sus tesis sobre Luxor y la Gran Esfinge de Guiza.
Lo simbólico como puente
Más allá de las polémicas, la obra de Schwaller de Lubicz plantea una pregunta de fondo: ¿cómo podemos —y debemos— leer el arte antiguo? ¿Como documentos arqueológicos? ¿Como expresiones estéticas? ¿O como símbolos vivos que aún pueden hablarnos si afinamos nuestra mirada?
Su propuesta no es científica en el sentido convencional, pero tampoco es una mera fantasía. Es una invitación a mirar con otros ojos. A considerar que, quizás, los antiguos egipcios hablaban a través de la forma. Que sus templos, lejos de ser ruinas mudas, son tratados de filosofía natural inscritos en piedra.
Schwaller insistía en que hay que "leer con el ojo del corazón". Tal vez, lo más importante de su legado no sea si tenía razón o no, sino el modo en que nos obliga a detenernos, a contemplar y a preguntarnos por el misterio que late en toda gran obra humana.
Créditos:
Creado con imágenes de AlexAnton - "Columns and statues of the Luxor temple main entrance, first pylon, Egypt" • Calin Stan - "Karnak Hypostyle hall columns in the Temple at Luxor Thebes" • Alfredo - "Entrance to Luxor Temple at sunset, a large Ancient Egyptian temple complex located on the east bank of the Nile River in the city today known as Luxor (Thebes). Was consecrated to the god Amon-Ra" • EastVillageImages - "Heiroglyphs at Medinat Habu. Luxor, Egypt" • Jason - "Pillars in Karnak temple, Luxor Egypt during the day" • Sergii Figurnyi - "Dendera temple in Luxor, Egypt"