Lucas 6:1-11
1 Un sábado, al pasar Jesús por los sembrados, sus discípulos arrancaron unas espigas de trigo, y las frotaban entre las manos para comérselas. 2 Por eso algunos de los fariseos dijeron: —¿Por qué hacen ustedes lo que está prohibido hacer en día sábado? 3 Jesús contestó: —¿Nunca han leído lo que hizo David en aquella ocasión en que él y sus compañeros tuvieron hambre? 4 Entró en la casa de Dios y, tomando los panes consagrados a Dios, comió lo que solo a los sacerdotes les es permitido comer. Y dio también a sus compañeros. 5 Entonces añadió: —El Hijo del hombre es Señor del sábado. 6 Otro sábado entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. 7 Así que los maestros de la Ley y los fariseos, buscando un motivo para acusar a Jesús, no le quitaban la vista de encima para ver si sanaba en día sábado. 8 Pero Jesús, que sabía lo que estaban pensando, dijo al hombre de la mano paralizada: —Levántate y ponte frente a todos. Así que el hombre se puso de pie. 9 Entonces Jesús dijo a los otros: —Voy a hacerles una pregunta: ¿Qué está permitido hacer en sábado: hacer el bien o el mal?, ¿salvar una vida o destruirla? 10 Jesús se quedó mirando a todos los que lo rodeaban y dijo al hombre: —Extiende la mano. Así lo hizo y la mano quedó restablecida. 11 Pero ellos se enfurecieron y comenzaron a discutir qué podrían hacer contra Jesús.
El día de reposo es un tipo de «tabernáculo en el tiempo», un espacio constante donde Dios habita con su pueblo en una presencia especial. Los antiguos rabinos consideraban que el sábado era el culmen de la creación, la última y más grandiosa de las obras de Dios, creado en el séptimo día; además, Dios bendijo el séptimo día y lo santificó (Gn. 2:3), y luego invitó a su pueblo Israel a unirse a Él en la bendición y santidad de este día (Éx. 20:8-11). El día de reposo es el cenit del florecimiento humano (Sal. 92). Por ejemplo, Levítico 24:1-9 nos ofrece una bella imagen de este florecimiento humano cuando Aarón y sus hijos, que representan a las doce tribus de Israel, comen los doce panes de la presencia ante el resplandor del rostro de Dios en el Lugar Santo cada día de reposo. En un mundo atormentado por el sufrimiento de la maldición, el banquete del día de reposo es una muestra de la creación restaurada que florece ante la sonrisa de su Hacedor.
El evangelista Lucas presenta a Jesús como el Señor que devuelve a la creación su florecimiento sabático. Este evangelio define todo el ministerio de Jesús como una misión de rescate centrada en el jubileo sabático (Lucas 4:16-21). En Lucas 6:1-5, el autor retrata a Jesús como un nuevo David, el gran Rey que tiene todos los privilegios de los sacerdotes que comen el pan de la presencia el sábado. Sus doce discípulos representan a todo Israel reunido en torno a su Mesías Sacerdote-Rey, invitados a la fiesta del séptimo día. Jesús no quebranta el día de reposo, sino que lo llena a rebosar, tal como se ve en el siguiente episodio (Lc. 6:6-11). Los antiguos médicos creían que un miembro marchito era señal de que la muerte había conquistado ese miembro y se abría paso por el cuerpo. Jesús enfrenta a la muerte sanando la mano seca del hombre durante el día de reposo. Este día es el día en que el Creador muestra que está renovando la creación con una vida irrevocable; de hecho, el viaje cuaresmal de Jesús le llevará al gran sábado de su propia sepultura, a la espera del éxtasis de vida en el octavo día (Lc. 23:54-24:6).
En el día de reposo, el Creador nos invita a vivir un anticipo semanal de la nueva creación que llegará a su plenitud en la resurrección final.
Jesucristo, Señor del día de reposo, danos la gracia de descansar en ti.
Rev. Dr. Jacob A. Rodriguez
Profesor Asistente de Nuevo Testamento
Seminario Anglicano Trinity
Ambridge, PA
Credits:
Created with an image by Renáta Sedmáková - "VIENNA, AUSTIRA - JUNI 24, 2021: The fresco Healing the man with a withered hand in the Votivkirche church by brothers Carl and Franz Jobst (sc. half of 19. cent.)."