DOS GRANDES DESAFIOS PARA LA SUBJETIVIDAD EN EL SIGLO XXI
Diego Alejandro Ramírez Mendoza
A manera de advertencia para el lector
El presente artículo ha sido el fruto de nuestras más recientes reflexiones, mismas que han estado catalizadas por el deseo de escribir un libro en donde podamos defender a la Modernidad de los embates de la Posmodernidad que, entre muchas otras cosas, busca desdibujar la idea de sujeto haciendo una crítica a la metafísica moderna (metafísica de la subjetividad), a los valores y también a los pensadores de la misma Modernidad. Lo que pretendemos es, por ejemplo, defender al humanismo de los ideales del trans y poshumanismo, resaltar la importancia del ser humano y de su singularidad en tiempos en donde la singularidad tecnológica se encomia cada vez más al tiempo que lo humano comienza a desaparecer, defender también a la verdad en tiempos de posverdad y, en general, defender cualquier idea metafísica ordenadora del mundo.
Para poder alcanzar nuestros objetivos echaremos mano de los más grandes pensadores de la humanidad, tales como Kant, Descartes, Husserl o Mane Tatulyan, de quien, cabe decir, somos alumnos y discípulos, ya que en ellos encontraremos una mirada que, más que resultar nostálgica, resulta esperanzadora y revitalizante dado el espíritu de nuestra época, uno que odia, insistimos, al sujeto y a su subjetividad.
Si bien es cierto que, por un lado, las páginas que siguen presentan una defensa de la Modernidad y una crítica sin tapujos a la Posmodernidad y, por el otro, si bien es cierto que somos plenamente conscientes de que pese a que Heidegger fue uno de los discípulos más sobresalientes de Husserl, este [Heidegger] abandonó el rumbo tomado por su maestro y la fenomenología trascendental, siendo este acontecimiento un parteaguas para la potencia que las críticas a la Modernidad adquirirían en el siglo XX, no quisiéramos parecer contradictorios al traer a la reflexión algunas palabras heideggerianas.
Pese a que nuestro objetivo no es encomiar en ningún momento al giro lingüístico, sino a la metafísica, creemos que la hermenéutica de la facticidadPese a que nuestro objetivo no es encomiar en ningún momento al giro lingüístico, sino a la metafísica, creemos que la hermenéutica de la facticidad de Heidegger podría abrir caminos que, de hecho, nos llevarán a reafirmar a la metafísica lejos de, por el contrario, sellar su ataúd. Pero, no nos gustaría dejar de recalcar que estas son solo reflexiones preliminares que buscan ser pulidas y plasmadas en un libro futuro que recoja el legado de los modernos y lo que hemos aprendido de la mano de la doctora Tatulyan en los últimos años. En pocas palabras, tanto el presente artículo como nuestro libro pensado a futuro buscan defensor y resaltar al ser humano como una criatura genial, pensante y digna de todo el respeto y el amor del mundo, lo cual no nos exime de que muchas de nuestras propuestas en ciernes puedan ser criticadas o desechadas. Dicho lo cual, querido lector, lo invitamos a pasearse por los párrafos y las ideas presentadas en este breve artículo sin perder de vista estas palabras que hacen las veces de introducción, pero también de advertencia.
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Como ya todos sabemos, vivimos en un tiempo de la pérdida del sentido y, por supuesto, de la pérdida del sujeto. Lo anterior no es cosa menor, sino algo muy importante que debemos tener en cuenta en virtud de que, como ya nos explica Immanuel Kant:
[…] si suprimiésemos nuestro sujeto, o aun solamente la manera de ser subjetiva de los sentidos en general, [entonces] toda la manera de ser de los objetos en el espacio y en el tiempo, todas sus relaciones, y aun el espacio y el tiempo mismos, desaparecerían; y que, como fenómenos, no pueden existir en sí mismos, sino solamente en nosotros.
Así, el mundo tiene sentido porque hay un ser humano que se vuelca sobre él para dotarlo de sentido, al mismo tiempo que el mundo lo impacta y lo toca de una manera especial. De forma tal que el ser humano, gracias a que puede pensar (verter sus categorías sobre los objetos) puede dar razón de sus experiencias vividas. Sin embargo, creemos que uno de los efectos más importantes de esta pérdida del sentido por la disolución del sujeto es, precisamente, la pérdida del pensamiento singular y, por lo tanto, la pérdida de la identidad, pues si hoy ya no es posible sostener la relevancia mayor, por ejemplo, del hombre ante los montes, lagos, ríos, animales distintos o máquinas, aquello que nos depara es, pues, la pérdida de la dialéctica que genera lo vivo y lo distinto necesario para que “lo otro” aparezca en el mundo.
Si de pronto nos quedamos sin la oportunidad de dar razón de lo otro —simplemente porque ya no habrá otro del cual nos podamos distanciar, gracias al aplastamiento de la homogeneización—, estaremos renunciando al pensamiento y, por tanto, también habremos renunciado a la palabra.
Creemos que es en este sentido que se torna necesario hablar del avance de la ciencia, de la técnica y de la tecnología, ya que esos avances que nos han de llevar a la aparente “mejora” del ser humano ya nuevos paradigmas de convivencia con las máquinas, son aquellos que también nos pueden llevar a la extinción. Byung-Chul Han nos dice muy claramente que, “la técnica moderna destierra (entterranisiert) la vida humana”. Ese destierro no solo se da porque hoy el hombre puede orbitar “el espacio conocido” fuera de los confines de la Tierra, sino porque la misma tecnología amenaza con poder emular los comportamientos y operaciones esenciales de los humanos. Nos dice la filósofa Mane Tatulyan, en La singularidad radical. Ensayos sobre los fenómenos singulares, que,
Para que el hombre se volviera el centro del mundo, era necesario que el lenguaje y la Razón se volvieran el centro del hombre.
Posmoderno, poshumano, poslingüístico. La misma indefinición lingüística de términos como «poshumano» o «posmoderno» ya nos habla de la indefinición de los mismos discursos; la crisis de lo humano es paralela a la crisis de la palabra. Es más, todo este terror global de positivización del mundo también amenaza al lenguaje. Con lógica binaria, la megasimplificación, la neutralización computacional, toda esa fuerza simbólica del lenguaje se desvanece, queda aniquilada por la supremacía de su interpretación puramente operacional. Como todas las otras funciones humanas, el lenguaje está al borde de volverse inútil ante el código digital (destino fatal de una especie cuyo privilegio se basaba principalmente en esta facultad). El imperio de la cibernética, de la inteligencia artificial y de la informatización reducen la interpretación del mundo a un único lenguaje, a un único código.
Ahora bien, si esto lo trasladamos al plano de, por ejemplo, nuestras relaciones interpersonales e intersubjetivas, lo que obtenemos es, insistimos, la imposibilidad de la diferencia, de la dialéctica, esa misma que era capaz de llevarnos a conocer ya conocer que conocemos (epistemología y ontología) y, además, a ya no dejarnos actuar desde la espontaneidad creadora. Tal como escribe Tatulyan en La singularidad…, "El pensamiento genera un nuevo estado de conciencia, un nuevo entendimiento de la realidad, pues su luz ilumina el color de las cosas. El pensamiento es dialéctico, tiene en sí una negatividad que lo lleva siempre a ser otra forma. La inteligencia artificial es igual a sí misma". Así pues, la dimensión del lenguaje se vuelve imperante cuando hablamos de la subjetividad, del sujeto y de sus retos.
Pensamos que hoy, por ejemplo, los conceptos, sobre todo aquellos sobre los cuales está fundido nuestro entendimiento del mundo al ser estos los ejes articuladores de nuestro propio pensamiento, son sumamente importantes. Nos parece que esta es una tarea que tenemos que asumir todos en general y los filósofos en particular, defender, pues, a la metafísica. Cuando Martin Heidegger ofreció su conferencia en Francia sobre la esencia de la filosofía, misma que después se editó como libro bajo el título: ¿Qué es la filosofía?, el pensador advirtió que la filosofía es, pues, “un modo privilegiado del decir”, lo que significa que la reflexión filosófica guarda una relación esencial con el lenguaje y el discurso. Si se afirma, como lo acabamos de hacer, que lenguaje y filosofía son “dos caras de la misma moneda” (el ser humano) no es sino porque, en tanto humanos, estamos atravesados por el logos. ¿Qué significa esto? Pues para contestar a esta pregunta tenemos que reflexionar brevemente sobre lo que significa pensar. Si queremos reflexionar brevemente sobre lo que pensar significa, o mejor, sobre lo que pensar es, tenemos que regresar a Heidegger, ya que él sostiene que, de hecho, la filosofía es aquello que nos habla (corresponde) sobre lo que nos habla el logos, esto es, aquello que nos habla sobre la armonía, sobre que todo ente está reunido en el ser. Insistimos, como él dice: la correspondencia con el ser.
Cuán importante es, pues, recordar lo que nos dice la doctora Tatulyan, ya que ella recalca que el ser es siempre para un ser humano que, en este caso, puede escuchar su llamada, comprenderla, porque, como escribió Heidegger en su Ser y tiempo: “Solo el que ya entiende puede escuchar”. Si esos grandes relatos que nos hablaban sobre lo uno se escuchan cada vez más tenues, entonces habrá que volver sobre ellos, volverlos a pensar para que así se pueda dar pie al entendimiento y, a partir de él, que no implica la verdad, sino la comprensión —no porque la verdad no exista o sea relativa, sino porque comprender es solo el primer paso hacia ella—, se produzca una verdadera recuperación de los conceptos a través de las palabras.
Ahora bien, pensamos también que lo anterior nos ha de llevar a la hermenéutica de la facticidad. Regresando a lo planteado por el alumno de Husserl, él nos dice, en una propuesta para entender qué es la filosofía, pero que creemos que puede también servirnos para cubrir nuestro propósito, que:
Evidentemente, una declaración de este tipo sólo la podemos efectuar si ya tenemos una panorámica de la filosofía. Para ello es necesario que previamente sepamos qué es la filosofía. Así, de una manera extraña, nos vemos atrapados en el interior de un círculo. La filosofía misma parece ser este círculo. Suponiendo que no pudiéramos liberarnos inmediatamente de la órbita de este círculo, todavía nos restaría la posibilidad de dirigir nuestra mirada al círculo.
Luego entonces, podemos ver que, evidentemente ese círculo al cual nuestro filósofo alemán se refiere no es otro que no sea el círculo hermenéutico. Si hablamos del círculo hermenéutico, inevitablemente estamos hablando, pues, de la hermenéutica de la facticidad, es decir, de un haber previo, de una vida pre-teórica, de un haber previo con las cosas y con el mundo como aquella totalidad de sentido. Por ejemplo, conocidas son las palabras de Rosi Braidotti, en cuanto que sostiene que, “hoy en día el concepto de ‘humano’ es un campo abierto y disputado”. Por más que la alumna de Deleuze diga eso, sostenga eso, el mismo hecho de que lo sostenga y se refiera a la categoría de humano como algo en disputa, quiere decir que hay características esenciales que nos permiten predicar cosas sobre esa sustancia que llamamos humano; el concepto tiene notas que lo identifican y, lo sepamos o no, las podemos intuir porque antes ya nos las hemos visto con ese concepto, con lo humano, por lo que habrá que recuperar esas notas, teorizar sobre ellas y cerrar, definir el concepto de lo humano y teorizar sobre él recuperando nuestras experiencias previas, nuestras experiencias en la vida fáctica.
Pero no solamente, sino que también habrá que entender a la facticidad como aquellos estados de cosas que son, en efecto, efectivos, que existen y, por tanto, constituyen la facticidad del mundo. Pero, los hechos, sólo podrán ser estudiados, filosofados, pensados y descritos si se acepta que estos son siempre para un sujeto que los puede conocer. Por lo cual, dos grandes retos para la Subjetividad en este siglo han de ser la escucha y el pensar, el pensarse a sí misma y el escucharse de nuevo, pues solo así podremos preservar y protegernos a nosotros mismos, prestando atención a la llamada del ser que siempre es para un sujeto que la puede entender y atender.
Créditos:
Creado con imágenes de Hashita - "Futuristic human hand reaching out to a robotic hand, symbolizing the connection between technology and humanity, digital art depicting innovation and collaboration." • Aodsy - "Abstract Representation of Digital Transformation with Human Silhouette Merging Data and Technology Concepts in a Creative Art Style" • Thanapipat - "Pop concert vibrancy surrealism art collide in abstract geometrics" • Vergiliy - "Human brain illustration showcasing cognitive processes, emotions, and mental health with overlapping silhouettes in blue and orange hues" • Kristian - "This dynamic image presents colorful paper figures in motion, capturing themes of diversity, unity, and social connection in an innovative and artistic visual representation." • vanzerim - "Illuminated Mind: A Digital Art Depiction of Inner Radiance and Enlightenment" • reddish - "Urban Collage With Street Art Graffiti and Cityscapes"