Juan 12:1-37
1 Seis días antes de la Pascua llegó Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien Jesús había resucitado. 2 Allí se dio una cena en honor de Jesús. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban a la mesa con él. 3 María tomó entonces como medio litro de nardo puro, que era un perfume muy caro, y lo derramó sobre los pies de Jesús, secándoselos luego con sus cabellos. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume. 4 Judas Iscariote, que era uno de sus discípulos y que más tarde lo traicionaría, objetó: 5 —¿Por qué no se vendió este perfume? Pudo haberse vendido por el salario de más de un año de trabajo y dárselo a los pobres. 6 Dijo esto no porque se interesara por los pobres, sino porque era un ladrón y, como tenía a su cargo la bolsa del dinero, acostumbraba a robarse lo que echaban en ella. 7 —Déjala en paz —respondió Jesús—. Ella ha estado guardando este perfume para el día de mi sepultura. 8 A los pobres siempre los tendrán con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán. 9 Mientras tanto, muchos de los judíos se enteraron de que Jesús estaba allí y fueron a ver no solo a Jesús, sino también a Lázaro, a quien Jesús había resucitado. 10 Entonces los jefes de los sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, 11 pues por su causa muchos se apartaban de los judíos y creían en Jesús. 12 Al día siguiente, muchos de los que habían ido a la fiesta se enteraron de que Jesús se dirigía a Jerusalén. 13 Tomaron ramas de palma y salieron a recibirlo mientras gritaban a voz en cuello: —¡Hosanna! —¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! —¡Bendito el Rey de Israel! 14 Jesús encontró un burrito y se montó en él, como dice la Escritura: 15 «No temas, oh hija de Sión; mira, que aquí viene tu rey, montado sobre un burrito». 16 Al principio, sus discípulos no entendieron lo que sucedía. Solo después de que Jesús fue glorificado se dieron cuenta de que se había cumplido en él lo que de él ya estaba escrito. 17 La gente que había estado con Jesús cuando él llamó a Lázaro del sepulcro y lo resucitó de entre los muertos seguía difundiendo la noticia. 18 Muchos de los que se habían enterado de la señal milagrosa realizada por Jesús salían a su encuentro. 19 Por eso los fariseos comentaban entre sí: «Como pueden ver, así no hemos logrado nada. ¡Miren cómo lo sigue todo el mundo!». 20 Entre los que habían subido a adorar en la fiesta había algunos griegos. 21 Estos se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le pidieron: —Señor, queremos ver a Jesús. 22 Felipe fue a decírselo a Andrés y ambos fueron a decírselo a Jesús. 23 —Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado —afirmó Jesús—. 24 Les aseguro que, si la semilla de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo. Pero si muere, produce mucho fruto. 25 El que ama su vida la pierde; en cambio, el que aborrece su vida en este mundo la conserva para la vida eterna. 26 Quien quiera servirme debe seguirme; y donde yo esté, allí también estará mi siervo. A quien me sirva, mi Padre lo honrará. 27 »Ahora mi alma está angustiada, ¿y acaso voy a decir: “Padre, sálvame de esta hora difícil”? ¡Si precisamente para afrontarla he venido! 28 ¡Padre, glorifica tu nombre! Se oyó entonces, desde el cielo, una voz que decía: «Ya lo he glorificado y volveré a glorificarlo». 29 La multitud que estaba allí y que oyó la voz decía que había sido un trueno; otros decían que un ángel le había hablado. 30 —Esa voz no vino por mí, sino por ustedes —dijo Jesús—. 31 El juicio de este mundo ha llegado ya y el príncipe de este mundo va a ser expulsado. 32 Pero yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo. 33 Con esto daba Jesús a entender de qué manera iba a morir. 34 —De la Ley hemos sabido —le respondió la gente—, que el Cristo permanecerá para siempre; ¿cómo, pues, dices que el Hijo del hombre tiene que ser levantado? ¿Quién es ese Hijo del hombre? 35 —Ustedes van a tener la luz solo un poco más de tiempo —les dijo Jesús—. Caminen mientras tengan la luz, antes de que los envuelva la oscuridad. El que camina en la oscuridad no sabe a dónde va. 36 Mientras tengan la luz, crean en ella para que sean hijos de la luz. Cuando terminó de hablar, Jesús se fue y se escondió de ellos. 37 A pesar de haber hecho Jesús todas estas señales en presencia de ellos, todavía no creían en él.
Meditación
Este extenso pasaje incluye un episodio sobre el cual rara vez he escuchado predicar: aquel en el que Jesús le pide a Dios que lo glorifique allí mismo, en ese momento, y Dios responde al instante. Junto con la Transfiguración y el bautismo de Jesús, este es el tercer caso en los evangelios donde oímos a Dios hablar de forma audible. En el Antiguo Testamento, Dios habló físicamente a algunos individuos (Samuel, Moisés, Elías) o a pequeños grupos (como los amigos de Job), pero no a multitudes. Así que, este suceso en Juan 12 —pocos días antes de la muerte de Jesús— es, por decir lo menos, inusual. Jesús había anunciado a numerosos oyentes, incluidos algunos griegos visitantes, que había llegado su hora de ser glorificado, es decir, de ser crucificado; luego, añadió una serie de referencias desconcertantes (para ellos) sobre la necesidad de morir para vivir. Reafirma que no va a eludir la prueba que se avecina y, entonces, pide al Padre que glorifique su nombre; una voz del cielo hace precisamente eso. Lo que sigue es uno de los mejores ejemplos sobre autoengaño que se encuentran en la Escritura: tenemos a dos personas de la Trinidad hablando entre sí ¿y los oyentes piensan que fue un trueno? Estas personas estaban a menos de medio metro de Jesús, lo vieron y oyeron todo y, sin embargo, ignoraron lo que sus propios ojos y oídos les mostraban. Jesús continuó, ignorando a quienes se negaban a reconocer la voz de Dios, para dejar claro que la muerte en la cruz era la manera en que glorificaría a Dios al derrotar a Satanás de una vez por todas. Este pasaje ofrece un extraño consuelo para quienes hemos presentado claramente el Evangelio y nuestros oyentes han rechazado el mensaje, por lo que nos culpamos a nosotros mismos. No deberíamos hacerlo; hubo ocasiones en las que ni siquiera Jesús pudo llegar a sus oyentes. Todo eso cambió en Hechos 2, cuando las multitudes se dieron cuenta de que lo que oían no eran truenos ni ángeles, sino el Espíritu Santo buscándolos una vez más. Dios, te presentamos los nombres de las personas que conocemos que han recibido más que suficiente evidencia para confiar en ti, y sin embargo se niegan. Oramos por milagros que rompan esos muros interiores impenetrables, para que se vuelvan a ti y sean salvos. Julia Duin (MAR 1992) Issaquah, WA
Credits:
Created with an image by vxnaghiyev - "Crucifixion scene with a cross silhouetted at sunset, reflecting Christian religious observance"