Domingo, 22 de febrero de 2026 Boceto de la Tentación de Cristo por Rembrandt

Mateo 4:1-11

1 Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para ser tentado por el diablo. 2 Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. 3 El tentador se acercó y le propuso: —Si eres el Hijo de Dios, ordena a estas piedras que se conviertan en pan. 4 Jesús respondió: —Escrito está: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. 5 Luego el diablo lo llevó a la ciudad santa e hizo que se pusiera de pie sobre la parte más alta del Templo 6 y le dijo: —Si eres el Hijo de Dios, tírate abajo. Pues escrito está: »“Ordenará que sus ángeles te protejan     y ellos te sostendrán en sus manos     para que no tropieces con piedra alguna”». 7 —También está escrito: “No pongas a prueba al Señor tu Dios” —contestó Jesús. 8 De nuevo el diablo lo llevó a una montaña muy alta. Allí le mostró todos los reinos del mundo y su esplendor. 9 Y le dijo: —Todo esto te daré si te postras y me adoras. 10 —¡Vete, Satanás! —dijo Jesús—. Porque escrito está: “Adora al Señor tu Dios y sírvele solamente a él”. 11 Entonces el diablo lo dejó y ángeles acudieron a servirle.

Meditación

Boceto de la Tentación de Cristo por Rembrandt

Los cuarenta años y más en el desierto fueron, para los hijos de Israel, un tiempo de tentación; además, fue una época en la que pusieron a prueba al Señor (Sal. 95:8-11). Los cuarenta días (y noches) en el desierto fueron, para Jesús, también un tiempo de tentación, pero él recibió esta dificultad con humildad, como un período para ser probado por el Señor (Mt. 4:4). (1) A ellos se les había dado pan para comer, pero cedieron a su codicia y se atiborraron, y la ira de Dios se encendió contra ellos (Sal. 78:29-31). Jesús, en cambio, permitió que sus necesidades corporales fueran tratadas correctamente, haciéndolas subordinadas a su dependencia de «toda Palabra que sale de la boca de Dios» (Mt. 4:4). (2) Jesús, como el pueblo de Israel, fue guiado al desierto por el Espíritu de Dios. Incluso el mismo Moisés, el mayor entre ellos, falló cuando puso a prueba al Señor y golpeó la roca en Meriba (Núm. 20:7-12). Pero Jesús se niega a pedir al Espíritu que lo guía que «lo sostenga» para que no tropiece su pie contra una piedra (Mt. 4:6). Él asume todas sus dificultades, pero lo hace sin pecar. (3) Él asumirá voluntariamente todas las dificultades que acompañan su comisión divina como verdadero israelita (Mt. 20:22). Sin embargo, mientras los hijos de Israel ceden a la tentación adorando al becerro de oro (Éx. 32), Jesús adora sólo al Señor su Dios (Mt. 4:10). La temporada penitencial de Cuaresma, que es un tiempo para reconocer nuestra incapacidad de asumir fielmente todos los desafíos que el Señor pone ante nosotros, es también un período para volver nuestros ojos a Jesús, el autor y consumador de nuestra fe (Heb. 12:2). Él «puede socorrer a los que son tentados», ya que «[sufrió] él mismo la tentación» (Heb. 2:18).   Dios todopoderoso, cuyo Hijo bendito fue llevado por el Espíritu para ser tentado por Satanás: ven pronto a ayudarnos a nosotros que somos asediados por muchas tentaciones, y, como conoces las debilidades de cada uno de nosotros, que cada uno te encuentre poderoso para salvar; por Jesucristo tu Hijo, nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y por siempre. Amén.