¿Qué es la inflación?
Por definición se trata del crecimiento generalizado y continuo de los precios de los bienes y servicios de una economía, el fenómeno contrario, es decir la caída generalizada y continua de los mismos precios, se denomina deflación.Por lo extenso y general del concepto, también resulta difícil de medir, y cada país dispone de indicadores cercanos a esta medición: entre ellos el deflactor implícito de cuentas nacionales, el Índice de Precios al Productor y el más conocido y utilizado, el Índice de Precios al Consumidor.
Este último, aunque se constituye en el más conocido y el más utilizado, contiene limitaciones para la medición del concepto, esencialmente derivadas del campo de aplicación del indicador, pues sólo se estudian los gastos de consumo final de los hogares.
Fuente: preguntas frecuentes. Departamento Administrativo Nacional de Estadística. DANE - Colombia.
Una explicación ampliada, puede ser consultada en el siguiente vídeo, extractado del Banco de la República de Colombia
Recordemos que la inflación incide sobre numerosas variables de la economía, entre las cuales se pueden contar:
- Los salarios nominales
- El empleo
- La tasa de cambio
- La actividad económica
- El ahorro
- La redistribución de las rentas
- Las tasas de interés
- La competitividad
Inflación y salarios
En los inicios de la ciencia económica se suponía que la mano de obra era una mercancía cuyo precio (salario), al igual que el de los otros bienes y servicios se fijaba por la acción libre de la oferta y la demanda y que por lo tanto, dada esa flexibilidad perfecta de los salarios el sector productivo podría contratar tanta mano de obra como sus perspectivas de producción se lo permitieran sin afectar sustancialmente sus costos. Sin embargo en el mundo moderno el nivel de los salarios en las economías depende cada vez menos de una definida curva de oferta y demanda y mucho más de la presión de los sindicatos, la calificación de la fuerza laboral y sus posibilidades de movilidad. En la actualidad, partiendo del principio de globalización de los sistemas económicos se pretende alcanzar un entorno que permita que la movilidad de los factores sea relativamente alta a corto plazo, pero es claro que aunque ello tendrá un efecto importante sobre los niveles salariales, el precio de la mano de obra seguirá estando vinculado a un factor esencial: la inflación.
Es evidente que en la casi totalidad de las economías del mundo, si una persona el primero de enero deposita bajo su colchón USD 1 (Un dólar, en lo sucesivo utilizaremos la expresión USD para referirnos a “Dólares de los Estados Unidos), con los que puede adquirir dos bolsas de dulces, por ejemplo), cuando llegue el mes de diciembre y quiera adquirirlas concurrirá al mercado con su dólar que está guardando desde hace casi un año y se encontrará que este solo le servirá para adquirir digamos una bolsa y media de dulces... ¿Qué ha pasado?. El dinero ha perdido capacidad de compra o poder adquisitivo por la exposición a un ambiente de incremento de precios. Ahora, si suponemos que nuestro individuo no está guardando un dólar bajo su colchón sino que se encuentra liderando una negociación salarial colectiva, su esquema de pensamiento no sufrirá grandes variaciones en relación con el caso del ahorrador hipotético mencionado anteriormente y pensará “Lo menos que debo asegurar es que el incremento salarial que pacte me permita cuando menos suplir mis necesidades básicas a través del consumo de una canasta esencial de bienes, además de mantener un nivel de ahorro suficiente para garantizar mi futuro o la adquisición de una renta suplementaria o de bienes que mi salario no me permiten adquirir con un solo pago; es decir debo conservar mi poder adquisitivo o, en el mejor de los casos ¡mejorarlo!, todo esto lo lograré si dispongo de una previsión confiable sobre cual será la inflación esperada para el periodo sobre el cual estoy pactando el salario”.Como puede observarse, la inflación determina la expectativa más deseable sobre la cual deben pactarse los incrementos salariales.
Pero ¿Qué pasa si el salario se pacta por debajo de la inflación esperada y las previsiones se cumplen?
En este caso tendríamos dos efectos interesantes:
Primero, por el lado de la demanda se tendría una contracción efectiva del consumo de las familias a través de la conjugación de dos efectos contrarios y asimétricos.
El consumo tiende a incrementarse por el solo hecho del crecimiento de la población, esto es, mas personas = mas consumo “natural”.
La reducción del poder adquisitivo de cada familia que devenga salario hará que con su ingreso puedan adquirir menos bienes y por lo tanto en términos reales la curva de consumo privado disminuirá.
Sin lugar a dudas el efecto de la disminución del ingreso real sobre el consumo de las familias no solo es mayor sino que se hace efectivo a mas corto plazo, por lo cual se explica la asimetría a la que se hacía referencia anteriormente, dando lugar con ello a que el efecto, por el lado del consumo privado sea negativo.
Segundo, si el análisis se efectúa desde la oferta el efecto de una medida de este tipo parece en primera instancia positivo, dado que el incremento de los costos de producción sería relativamente bajo con lo cual se podría ganar competitividad por la vía del mantenimiento de precios bajos, y la producción tendría un pull (halón), favorable desde del sector externo. Este punto es de especial cuidado y lo retomaremos mas adelante cuando efectuemos un análisis de dos cuestiones determinantes para darle piso a esta hipótesis, ellas son la transabilidad de la producción y la productividad sectorial y factorial.
Inflación y empleo
Para abordar el tema de la relación existente entre inflación y empleo debemos citar en primera instancia la evidencia empírica recogida y publicada por el economista británico A.H.W Phillips en el año 1958 [1]. En primera instancia vale la pena indicar que el interés inicial de Phillips era demostrar la relación casi perfecta que existía entre el ciclo de los salarios nominales y el desempleo, argumentando que un menor nivel de desempleo provocaba incrementos en los salarios nominales. Fue solo después de la publicación de su obra en el ´58 cuando un grupo de economistas, retomando el concepto de que mayores tasas de inflación conducen a mayores salarios nominales, decidieron presentar la curva de Phillips como una relación inversa entre la tasa de desempleo (en el eje de las abscisas) y la de la inflación (en el eje de las ordenadas), situación esa que se validó empíricamente para Estados Unidos durante la década de los sesenta, comprobando un gran ajuste que, desde dicha década, no se ha vuelto a presentar. La validez de la curva de Phillips para diversas economías debe comprobarse de manera empírica a través de estudios estadísticos que permitan calcular las tendencias, las cuales suelen ser diferentes en periodos de plazo medio (Hasta 10 años), que en los de plazo largo, siendo mayor el ajuste aparente en el segundo caso.
Pese a lo dicho hasta acá la mayoría de las programaciones macroeconómicas de las naciones subdesarrolladas e incluso las de desarrollo medio con economías altamente influenciadas por el sector externo pero con poca capacidad de incidir sobre este (Economías importadoras de bienes y capitales y con moderada competitividad externa), aceptan implícita o explícitamente la existencia de un efecto sustitución de orden inverso entre inflación y tasa de desempleo similar al planteado por la curva de Phillips.
Como corolario de la teoría planteada puede suponerse pues que los planeadores de la política económica se encuentran frecuentemente ante la disyuntiva de decidir si aceptan mayores niveles de inflación (moderada), como condición necesaria para el logro de la disminución en la tasa de paro o, si por el contrario y por el mecanismo que será explicado posteriormente, prefieren aceptar mayores niveles de desempleo a corto plazo a costa de disminuir las presiones inflacionarias que ocasionan pérdidas de competitividad en un entono internacionalizado.
Sin embargo, la apertura de las economías latinoamericanas ha llevado a replantear esta relación inversa y, por el contrario, se busca que exista una inflación baja y estable con la finalidad de asegurar, en última instancia, la competitividad internacional y el crecimiento de largo plazo, a través de la reducción de la incertidumbre y el incentivo a la inversión.
En este video, producido por el Banco de la República de Colombia, se ejemplifican las razones por las cuales es necesario mantener una inflación baja y estable.
Inflación y actividad económica
La evidencia empírica ha permitido demostrar que el comportamiento deducido de la curva de Phillips no es tan automático como dicha teoría pareciera demostrarlo. Es claro que en algunos países Europeos, en Estados Unidos y en la mayoría de los países suramericanos durante la década de los setenta y particularmente durante la de los ochenta se presentaron fuertes tirones en la espiral alcista de precios, pero dicho incremento inflacionario no se vio acompañado de descensos en la tasa de paro, sino, muy al contrario de severos incrementos en este, provocando un fenómeno económico conocido como ESTANFLACIÓN el cual puede definirse como la coexistencia de altos niveles de desempleo e inflación. Pero ¿Por qué se llega a esta situación?.
Es evidente que si la inflación es demasiado alta el consumo real de las familias (cantidad de bienes que adquieren), empieza a contraerse, pero por su parte, el sector productivo pierde competitividad por la vía de los costos, mientras las tasas de interés y los salarios mantienen una presión al alza que distorsiona el entorno productivo y contrae de manera conjunta la oferta y demanda de bienes, provocando, como es lógico un descenso en los ritmos de crecimiento de la producción agregada ( o incluso crecimientos negativos en esta), acompañados, por supuesto, de una menor utilización de los factores productivos (crecimiento de la capacidad ociosa instalada y desempleo de la mano de obra).
Un ambiente inflacionario que provoque reducciones en el atractivo inversionista, tanto local como externo, no es proclive para apoyar el crecimiento de la economía. En consecuencia debe haber un nivel de producción que incentive la producción al señalar que hay un desbalance favorable entre la oferta y la demanda, sin que se afecten severamente ni la capacidad de compra ni la inversión.
La redistribución de las rentas
La inflación tiene un efecto socialmente indeseable a primera vista pero que merece un análisis detallado. Vamos por partes:
Primero definamos qué es un impuesto y para ello nos valdremos de la explicación aportada por Eduardo Lora Torres, José Antonio Ocampo y Roberto Steiner en su libro “Introducción a la macroeconomía colombiana” [2] así:
“Los impuestos tienen el carácter de imposición (sic), unilateral del Estado, cuyo pago por parte del contribuyente es obligatorio. Su objetivo es el financiamiento de aquellos servicios que, por su naturaleza colectiva, deben beneficiar a toda la población. En consecuencia, el pago que hace el contribuyente no guarda necesariamente una relación directa e inmediata con el beneficio que se deriva de los servicios del Estado”.
Como puede deducirse de la anterior definición lo que hace un impuesto en esencia es redistribuir el ingreso generado socialmente, en beneficio de esa misma sociedad, a través del papel que el Estado cumple en la economía.
Pues bien, la inflación también “redistribuye el ingreso”, pero de una manera socialmente inaceptable, dado que cuando las familias pagan un precio mas alto por los bienes que adquieren transfieren una mayor parte de su ingreso a los productores y comercializadores, es decir, redistribuyen (concentran), el ingreso a favor de los agentes económicos que, en general, de manera natural poseen ya una parte importante de este. Pero el proceso no termina ahí, es válido que en la medida que los precios se hacen mayores la acción de los impuestos que se fijan sobre el valor monetario de los bienes (impuestos que gravan las ventas o el valor agregado y que se denominan indirectos), se incrementa, generando que las familias efectúen una mayor transferencia de sus ingresos nominales al Estado por la vía impositiva; además las empresas se enfrentan en general al hecho de que la variación de costos provocada por la presión inflacionaria tiende a ser menor que la variación en los ingresos nominales generada por el mismo fenómeno, razón por la cual los niveles de renta neta que sirven de base para los impuestos directos que deben pagar a la Nación se incrementan generando con ello una mayor transferencia al Estado.[*]
En síntesis, el impuesto inflacionario concentra el ingreso y produce por ende una menor posibilidad de que las familias puedan atender la satisfacción de sus necesidades básicas o de sus aspiraciones adquisitivas sin una intervención del Estado.
[2] LORA, Torres Eduardo y Otros. Introducción a la macroeconomía colombiana. Tercer Mundo Editores. 1994.
[*] Esta afirmación es válida para los países en donde la verificación estadística del impacto de la variación de precios demuestre que los costos de producción son más insensibles al empujón inflacionario, quizá por que el Estado los subsidie o porque las empresas disponen de economías de escala que les permiten atenuar la presión del incremento de precios. Pero para que los ingresos por ventas aumenten la demanda de los bienes afectados por el proceso inflacionario debe ser relativamente inelástica al precio de forma tal que su quantum promedio no se altere (como ocurre con la mayoría de los productos de la canasta básica de consumo familiar), y por último, debe suponerse que no existe una gran tendencia a la evasión del pago de la carga impositiva por parte de los contribuyentes, como condición para que los ingresos fiscales del Estado se vean incrementados.
Inflación y ahorro
Pensemos en lo siguiente:
Supongamos que nuestro amigo Juan trabaja como portero en una prestigiosa compañía desde hace dos años y, por supuesto, su estilo de vida y el de su familia se ajustan a los niveles de ingreso derivados de su actividad económica. Juan está ya terminando sus estudios profesionales en la Universidad nocturna y su amabilidad, buenos modales y gran inteligencia han sido ya observados por el Presidente de la compañía quien ante una vacante corporativa en la Dirección Financiera de la empresa decide convocar a Juan a concurso para que se postule a ocupar el cargo. Con algo de indecisión Juan decide aceptar esta, que considera la oportunidad de su vida y, para su sorpresa, es el mejor calificado de todos los candidatos, siendo nombrado como el nuevo Director Financiero de la compañía. Imaginemos ahora el antes y el después de este episodio.
Su nuevo salario es de 900 dólares mes, es decir, el ingreso marginal (diferencia entre su anterior ingreso y el nuevo), es de 750 dólares mes. ¿Que hará Juan con su ingreso? Seguramente elevará considerablemente su nivel de consumo, dado que deseará trasladase de su zona habitual de residencia, su nuevo cargo le exigirá cambiar su vestuario, querrá igualmente cambiar su mobiliario y por supuesto, adquirir un coche, un computador y todo aquello que su nuevo “estilo” de vida le exige. Es decir de su ingreso marginal dedica un alto porcentaje al consumo y un bajo porcentaje a incrementar su ahorro a corto plazo, o sea, “la propensión marginal a ahorrar PmS (tasa del ingreso marginal que se dedica al ahorro), es baja mientras que la propensión marginal al consumo PmC, es alta.
PmC = Consumo marginal USD / Ingreso Marginal (USD)
PmS = Ahorro marginal USD / Ingreso marginal (USD)
Además PmC + PmS = 1
Pero la historia aún no termina. Meses después del nombramiento de Juan en su nuevo cargo el Presidente de la Compañía decide solicitar ante la Junta Directiva un periodo de cinco años de licencia no remunerada para adelantar estudios de posgrado en el exterior y presenta una terna de candidatos para que lo suplan en su cargo durante este periodo, la cual, por supuesto, incluye a nuestro querido amigo Juan quien a la postre es el elegido para guiar los destinos de la Empresa, completando de esta manera una vertiginosa y loable ruta de ascenso en la organización.Su nuevo salario será de 2000 dólares mensuales y gozará de un porcentaje interesante de acciones de la Empresa.
Siguiendo con nuestro análisis Juan tiene ahora un ingreso marginal de 1100 dólares al mes y debemos preguntarnos ¿Qué hará ahora con su ingreso?
Es claro que dado que ya tiene la totalidad de sus necesidades básicas y buena parte de las sociales, satisfechas, el porcentaje de su ingreso marginal que Juan dedicará a nuevos consumos será mucho mas bajo que el que dedicó en su anterior nombramiento, mientras que, por otro lado, dispondrá de una mayor cantidad de recursos para ahorrar.
Podríamos decir entonces que en la medida en la que el ingreso tiende a infinito la propensión marginal al consumo tiende a cero mientras que la propensión marginal al ahorro tiende a uno.
Esta apreciación, derivada de un análisis particular y extremo, es sin embargo, extrapolable a los comportamientos de los diferentes estratos socioeconómicos dentro de un país y, por supuesto, al análisis de países en el mundo, sin que los resultados finales difieran notablemente. Podemos pues, deducir que si los ingresos tienden a concentrarse en manos de las Empresas y el Estado, como lo logra una inflación moderada, los niveles de ahorro monetario agregado no se verían seriamente lesionados por cuanto el dinero estará “pasando” de los agentes económicos con más baja propensión marginal al ahorro (familias), a los agentes con mas alta propensión marginal al ahorro (Empresas y Estado).
Sin embargo este análisis es sólo válido en un ambiente de inflación moderada dado que si los niveles de crecimiento de los precios se encuentran muy por encima de lo que pudiera considerarse “aceptable” para una economía cualquiera podría presentarse un fenómeno de inflación con estancamiento (stagflation), como el descrito anteriormente.
Inflación y tasa de interés
¿Qué motiva a los diferentes agentes económicos a ahorrar? La respuesta a este interrogante fue por si sola suficiente para construir una elaborada teoría en torno a los factores determinantes del ahorro y del consumo en la economía. Sin embargo y con el expreso ánimo de simplificar el análisis diremos que estos efectúan ahorro para:
Efectuar transacciones que solo requieren en el futuro
Reunir fondos para adquirir bienes cuya cuantía es tan alta que no pueden ser comprados con sus ingresos corrientes
Especular, es decir apropiarse de riqueza generada por el rendimiento (cambio de precio), en los activos financieros.
Centremos nuestra atención en el último aspecto mencionado. Obsérvese que cualquiera sea el motivo que induzca al ahorro, los depositantes de dinero en el sistema financiero siempre desearán que sus activos financieros conserven por lo menos su poder adquisitivo, es decir, que los rendimientos financieros sean iguales o superiores a la tasa de inflación efectiva, sin embargo si ello fuera así en realidad no se habría acumulado ninguna riqueza y los ahorradores se ubicarían en un espacio de “indiferencia”frente a comprar activos financieros u otros activos cuya variación de precios sea similar a la inflación (Una casa, tierra o un auto, por ejemplo), por lo tanto para que en realidad haya un estímulo para el ahorro los rendimientos de los activos financieros (tasa de interés), deben ser superiores a la tasa efectiva de inflación, por ende mientras mas alta sea esta última, mayor será la presión de los depositantes por negociar contratos a mas altas tasas de interés nominales, generándose con ello una presión al alza en los costos de los deudores en general a largo plazo.
De otro lado, es absolutamente necesario recordar que el principal instrumento disponible para el control de la inflación y la garantía de un crecimiento estable de largo plazo es la tasa de interés. Para el caso de Colombia ello queda en evidencia en la manera como se diseña e implementa la política monetaria, aspecto que será abordado de manera posterior.
Inflación y tasa de cambio
Hemos sostenido a lo largo de las anteriores explicaciones, que la inflación descontrolada afecta de manera negativa a la inversión por el aumento de la incertidumbre, a la vez que resta competitividad a la economía por la variabilidad de los costos de producción. En ese escenario los agentes económicos prefieren en el largo plazo, aumentar la preferencia por la tenencia de moneda extranjera y resienten la liquidez en moneda local, la cual empieza a perder valor relativo frente a las restantes divisas.
En consecuencia, una inflación, por encima de las expectativas tiende a generar devaluación de las tasas de cambio en el mediano plazo.
Inflación y competitividad
Para abordar este apartado utilizaremos un breve ejercicio analítico que nos permitirá adquirir los elementos conceptuales necesarios para la discusión.
Pensemos en primera instancia que en una economía cualquiera existe una Empresa X con la característica de que su producción puede ser vendida indistintamente en el mercado interno o en el mercado externo. Para tomar la decisión de dónde vender dispone de la siguiente información:
Devaluación esperada de la moneda local frente al dólar de los Estados Unidos 10%
Inflación interna anual esperada 19%
Inflación externa anual promedio * esperada 5%
* Promedio ponderado de la inflación de los países hacia donde se dirige el comercio exterior.
La decisión se tomará considerando todas las demás variables como no determinantes (condición de ceteris paribus)
La pregunta es ¿Cuál mercado (interno o externo), elegir para colocar la producción y por qué?
Si usted está interesado en obtener la respuesta a este ejercicio, por favor dirija una comunicación a info@grupoagora.co
El desarrollo de este caso nos permite establecer que los niveles de inflación interna son determinantes para definir la competitividad de los bienes transables.... Pero ¿Qué tan importante es esto?.
La mayoría de las economías del mundo han fijado como base para sostener la tasas de crecimiento de su producción la capacidad que tengan de transar mercancías con el resto del mundo, esto es, cada vez se pasa mas del concepto de economías cerradas y altamente protegidas al de economías abiertas y desreguladas, buscando con ello la generación de ventajas competitivas que les permitan sostenerse en los esquemas de comercio internacional basados en alta competencia, optimizando en teoría el comportamiento de los precios y la eficacia en el uso de los factores, todo ello dentro de la mas pura ortodoxia neoliberal.
En el apartado de “inflación y empleo” hacíamos alusión a la disyuntiva a la que se enfrentaban los planificadores de la política económica al tener que decidir entre soportar no deseables niveles inflacionarios para asegurar aceptables niveles de paro, mientras que de otro lado si se generan las condiciones para frenar la tendencia alcista en el comportamiento de los precios el problema a resolver era ya el de un alto nivel de desempleo. Pues bien, la disyuntiva parece haber llegado a su fin si partimos de los planteamientos de competitividad basada en bajos niveles de precios, observemos:
Si a corto plazo es cierto que la reducción necesaria en los niveles inflacionarios genera un enorme peso sobre la tasa de ocupación a largo plazo esa tendencia se revertirá, dado que el alcance de una mayor competitividad internacional en los sectores productores de bienes transables exigirá la dotación de una mayor cantidad de factores productivos, lo cual permitirá que el desempleo friccional generado por las políticas anti – inflacionarias se vea contrarrestado por el“éxito” en el comercio exterior representado en la dinamización de la actividad exportadora.