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Domingo, 1º de marzo de 2026

Nicodemo visita a Jesús - por Henry Ossawa Tanner (1899)

Juan 3:1-16

1 Había entre los fariseos un dirigente de los judíos llamado Nicodemo. 2 Este fue de noche a visitar a Jesús. —Rabí —le dijo—, sabemos que eres un maestro que ha venido de parte de Dios, porque nadie podría hacer las señales que tú haces si Dios no estuviera con él. 3 —Te aseguro que quien no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios —dijo Jesús. 4 —¿Cómo puede uno nacer de nuevo siendo ya viejo? —preguntó Nicodemo—. ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y volver a nacer? 5 —Te aseguro que quien no nazca de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios —respondió Jesús—. 6 Lo que nace del cuerpo es cuerpo; lo que nace del Espíritu es espíritu. 7 No te sorprendas de que haya dicho: “Tienen que nacer de nuevo”. 8 El viento sopla por donde quiere y oyes su sonido, aunque ignoras de dónde viene y a dónde va. Lo mismo pasa con todo el que nace del Espíritu. 9 Nicodemo respondió: —¿Cómo es posible que esto suceda? 10 —Tú eres maestro de Israel, ¿y no entiendes estas cosas? —respondió Jesús—. 11 Te aseguro que hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. 12 Si he hablado de las cosas terrenales y no creen, ¿cómo van a creer si les hablo de las celestiales? 13 Nadie ha subido jamás al cielo sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre. 14 »Como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así también tiene que ser levantado el Hijo del hombre, 15 para que todo el que cree en él tenga vida eterna. 16 »Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.

Meditación

En la pintura de Henry Ossawa Tanner, Nicodemo visita a Jesús (que se aprecia bajo estas líneas); vemos a dos hombres conversando, bien entrada la noche. No hay nada inusual en eso; de hecho, es algo que sucede en todo el mundo, todo el tiempo. Es una escena tan poco llamativa que podríamos preguntarnos por qué vale la pena representarla. Pero el pintor, como el escritor del evangelio, pide a su audiencia que mire más profundamente, porque el Señor no ve como ve el hombre (1 S. 16:7). «No juzguen por las apariencias; juzguen con justicia», dice Jesús (Jn. 7:24). Y eso es precisamente lo que Jesús, uno de los dos hombres que conversan, le dice aquí al otro hombre: le dice que, aunque vemos que la gente nace en el mundo todo el tiempo, esto refleja una realidad más profunda, una que no es fácilmente discernible a simple vista. Las personas deben nacer de nuevo del agua y del Espíritu, dice Jesús (Jn. 3:5-7). No deberíamos sorprendernos de que esto sea difícil de entender, ya que nos cuesta comprender algo tan sencillo como el viento, que sentimos y observamos. No sabemos «de dónde viene y a dónde va» (v. 8). Aunque nos cuesta entender las cosas terrenales, este Jesús nos invita a mirar más profundamente para que podamos entender las cosas celestiales (v. 12); nos pide ver las Escrituras de nuevo. Algo más profundo está ocurriendo en la historia de Moisés levantando la serpiente en el desierto, dice Jesús. Este relato es, en realidad, la historia de Jesús mismo siendo levantado ante la vista de todos para que puedan ser salvos (v. 14). Y Jesús nos pide, de manera similar, ver la historia de nuestro mundo con otros ojos, porque mientras vemos —en la superficie— la historia de «nación levantándose contra nación, y reino contra reino. Habrá hambre y terremotos en diferentes lugares» (Mt. 24:7), algo más profundo está ocurriendo. La historia del mundo es la historia del Dios que ama al mundo y le da el don de su Hijo para que «todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Jn. 3:16).

Nicodemo visita a Jesús - por Henry Ossawa Tanner (1899)