Zurcidos POR Paola De Gaudio

MUPIM RevistaALMA CREATIVA

¿Qué hacemos con lo que se rompe? ¿Y con lo que duele? En este cuento, Paola De Gaudio nos propone una metáfora delicada y poderosa: zurcir no es solo reparar lo visible, sino también reconstruir desde lo interno. Una historia sobre memoria, resiliencia y la belleza imperfecta de lo que vuelve a tomar forma, con puntadas de amor, coraje y sentido.
Ilustración realizada por Paola De Gaudio, perteneciente al libro Costurera de Sueños, con texto de Sandra Ferrarini. Homo Sapiens Ediciones, Rosario, Santa Fe, 2018.

La belleza de lo imperfecto

Es un desastre, sí, lo reconoce. ¿Debería tirarlo? Uno, dos, cuatro, diez…pierde la cuenta de los agujeros.

“Soltar, soltar, desprenderse de lo viejo para dar lugar a lo nuevo”. Palabras que como mantra circulan en redes, libros, artículos y en tantas voces que invitan a andar liviano por la vida. Concede que es un punto tentador, sonríe pensando en la vidriera en la cual se detuvo la semana anterior admirando los diseños de temporada. “Quizás más adelante, cuando haya menos prioridades” se había dicho.

Además, hay un tema que no deja de molestarle: todo se usa y se tira a la primera de cambio, el mínimo intento de reparar, cuidar e intentar dar segundas oportunidades se considera una pérdida de tiempo. La cultura del descartable en la cual vivimos le suena a canto de sirenas en un mundo cada vez más contaminado y entra en claro conflicto con esa costumbre arraigada en ella de querer conservar y perpetuar objetos, relaciones, momentos.

Regresa su mirada al viejo saco, recuerda el día en que lo compraron. Él lo había elegido, a ella le había parecido un gasto excesivo, como de costumbre. Por suerte él había insistido. El abrigo justo, ni mucho, ni poco. Una armonía delicada de azules, grises y tostados que parecía combinar con todo y ella sentía muy propios, como una evocación de mar, de cielo y arena. Durante años la había acompañado, salidas con amigas, paseos con los chicos, tardes en el jardín rodeada de hojas amarillas, crujientes, perfumadas, formando capas, así como las memorias queridas que acuden al mero tacto del tejido.

¿Cómo ocurrió? No lo sabe, a veces, por más esmero que pongas algo falla. Lo había guardado como siempre, entre flores de lavanda y hojas de laurel, su fórmula infalible para proteger ropa de lana, no soporta el olor de la naftalina. Infalible hasta ese día en que descubrió una polilla enorme que luego de la panzada que se había dado, dormía cual princesa Aurora sobre la colección de agujeros que había dejado. Así, sin más, lo que tanto cuidaste se desintegra, lo que trataste de evitar sucede y de repente te encontrás con un saco y el corazón sufriendo el mismo destino.

¿Y qué hacer ahora con ese puñado de fibras deshiladas? Acaricia la prenda, y ve su mano frente al espejo el día del adiós, repitiendo el gesto, deslizándose por su propia mejilla, enjugando lágrimas en la promesa de cuidarse, rearmarse y reinventarse. Busca una aguja, elige los colores adecuados entre ovillos de lana que supo guardar. Siente el goce de encontrarle nuevo propósito a lo que está dormido, latente y comienza a construir tejidos nuevos sobre las cicatrices; trama, urdimbre, familia, amigos, trabajo. Tira de las hebras, las deja fluir, une, sostiene, juega, inventa y disfruta. Aparecen flores, hojas, tallos, nudos, punto relleno, punto yerba, punto margarita. Margaritas… casi a punto de recitar el consabido ritual de deshojarlas en su imaginación, decide recrearlo: “¿Me quiero? Sí, me quiero y me vuelvo a querer”.

Su obra crece en extensión y osadía mientras sigue bordando, incluso conquista y redefine partes sanas, las cambia y mejora a su gusto. Se siente bien esa libertad. En algún momento le enseñaron a hacer zurcidos invisibles, así se hacían las cosas, nadie tenía que notar la mácula, la intrusión de polillas o cualquier tipo de descuido. Lo carcomido, roto, desgastado e imperfecto tenía que ocultarse, en todo sentido.

Por suerte algo está cambiando. Una de las ventajas del mundo globalizado es que nos permite abrir nuestras miradas observando cómo aquí y allá se lidia con lo cotidiano y también con lo profundo. Ideas e inspiración que pueden sentirse asequibles, cercanas, aunque provengan de lugares y tiempos lejanos. Piensa, por ejemplo, en el Kintsugi, la antigua técnica japonesa de reparar piezas cerámicas con laca, resinas y polvo de oro, en la belleza de esas suturas doradas uniendo la fragilidad. O en los tejidos de los campesinos orientales que durante siglos han remendado y unido sus ropas superponiendo retazos y creando puntadas magníficas de Sashiko y Boro. Ninguno de estos procesos intenta ocultar las roturas, por el contrario, las pone de manifiesto, casi como postura filosófica que va más allá de la simple reparación. Cicatrices doradas y puntadas que cuentan historias, de objetos que sobreviven a las adversidades, que respetan su pasado e integran su sanación con hidalguía, se reconstruyen más bellos y fuertes. Estos conceptos se están extendiendo, hasta en las grandes pasarelas y los sitios de moda estos zurcidos visibles se aprecian como un valor agregado. Cada vez son más quienes toman conciencia, se niegan a dejarse llevar por el consumismo y el culto a la imagen perfecta, a la uniformidad y se animan a mostrar objetos, tejidos y a sí mismos un poco deshechos, vulnerables y averiados, mas no vencidos ni desechables; entendiendo que las roturas no desaparecen si dejamos de mirarlas, las escondemos o tapamos; si no las aceptamos perdemos la oportunidad de aprender y evolucionar.

Entretenida en estas reflexiones, ella da unas últimas puntadas, observa su labor satisfecha con su perfecta imperfección. Puede que pronto compre un saco nuevo, claro que sí, pero éste, viejito y remendado la seguirá acompañando un tiempo más, con sus recuerdos lindos y feos, alguna enseñanza y también aires renovados y esperanzas de crear nuevas memorias. Por las dudas, deja a mano el costurero, nunca se sabe qué puede ocurrir. Sea lo que fuere, se siente preparada, con herramientas, valor para hacer frente, trabajar y fortalecer lo que haga falta.

Paola De Gaudio

Ilustradora, bordadora y docente, Paola De Gaudio transforma ideas en imágenes y textos llenos de sensibilidad y color.

Su trabajo ha sido publicado por editoriales de Argentina, España, Estados Unidos, Chile y China, y también acompaña a marcas, profesionales y proyectos personalizados con ilustraciones hechas a mano y con alma.

Coordina talleres de acuarela, bordado e ilustración, donde comparte su universo creativo con pasión y cercanía.

Instagram: @paodegaudio / Behance: PaolaDeGaudio

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