Juan 11:1-16
1 Había un hombre enfermo llamado Lázaro, que era de Betania, el pueblo de María y su hermana Marta. 2 María era la misma que ungió con perfume al Señor y le secó los pies con sus cabellos. 3 Las dos hermanas mandaron a decirle a Jesús: «Señor, tu amigo querido está enfermo». 4 Cuando Jesús oyó esto, dijo: «Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para la gloria de Dios, para que por ella el Hijo de Dios sea glorificado». 5 Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. 6 A pesar de eso, cuando oyó que Lázaro estaba enfermo, se quedó dos días más donde se encontraba. 7 Después dijo a sus discípulos: —Volvamos a Judea. 8 —Rabí —objetaron ellos—, hace muy poco los judíos intentaron apedrearte, ¿y todavía quieres volver allá? 9 —¿Acaso el día no tiene doce horas? —respondió Jesús—. El que anda de día no tropieza, porque tiene la luz de este mundo. 10 Pero el que anda de noche sí tropieza, porque no tiene luz. 11 Dicho esto, añadió: —Nuestro amigo Lázaro duerme, pero voy a despertarlo. 12 —Señor —respondieron sus discípulos—, si duerme, es que va a recuperarse. 13 Jesús hablaba de la muerte de Lázaro, pero sus discípulos pensaron que se refería al sueño natural. 14 Por eso les dijo claramente: —Lázaro ha muerto, 15 y por causa de ustedes me alegro de no haber estado allí, para que crean. Pero vamos a verlo. 16 Entonces Tomás, apodado el Gemelo, dijo a los otros discípulos: —Vayamos también nosotros para morir con él.
Meditación
La resurrección de Lázaro, pintada por Vincent van Gogh en mayo de 1890, es un cuadro basado en un boceto de Rembrandt sobre el mismo tema. Quizá lo más curioso sea que Van Gogh dejó fuera de la escena al Cristo de Rembrandt: solo se ve su brazo en la esquina superior derecha. Es difícil saber por qué hizo esto, y podría considerarse motivo de preocupación. Una pista sobre la motivación de van Gogh es la barba roja de la figura de Lázaro, que lo hace parecer mucho al propio artista. El cuadro es, al parecer, una reflexión sobre la muerte; o mejor dicho, es una expresión de la intensa lucha de van Gogh con su propia mortalidad. La pregunta que parece hacerse en su pintura es si él será levantado en la resurrección por un Jesús que no podemos ver. Es una buena pregunta, y es una pregunta a la que la historia de la resurrección de Lázaro responde con claridad: mientras enfermaba, sufría, decaía y moría, se le negó el regalo de ver a su Señor; de hecho, su Señor había retirado intencionalmente el privilegio de su presencia corporal (11:6, 15). Pero aun cuando cierra los ojos en la muerte y deja de ver, la incapacidad de Lázaro para observar no es la última palabra. Cristo lo ve, y al verlo, ¡lo levanta a la vida! Nosotros estamos entre aquellos que no han visto a Cristo en la carne y, sin embargo, creen (Jn. 20:29). Y creemos por fe que este milagro de resurrección volverá a suceder porque vemos, en la Palabra, que ya ha ocurrido antes. La Cuaresma es un tiempo para reconocer que nosotros también debemos «ir por el camino que todo mortal transita» (Jos. 23:14; 1 R. 2:2), pero también es un tiempo de esperanza de resurrección.