Exposición, "Los pliegues del instante"
Yolanda Novoa
Mayo | Junio 2026
Fundación Caja Cantabria, sala de exposiciones casyc_Up
Lunes a viernes de 11:00 a 13:00 h y de 18:00 a 21:00 H. Sábados de 18:00 a 21:00 H.
C/ Tantín 25, SANTANDER
EL FINAL DE LA TARDE TODAVÍA NO ES EL PRINCIPIO DE LA NOCHE
"El final de la tarde todavía no es el principio de la noche. Hay una tregua misteriosa, un tiempo mágico de espera, marcado por un silencio espectacular, un silencio que se ve, que es casi como el humo. En la quietud de ese momento, los árboles parecen soportar todo el peso de la jornada y en su cansancio pueden verse también las huellas de la sequía. Las sombras consiguen hacer más amplio el espacio, pero también las sombras parecen surgir del cansancio. Hay un tiempo casi inconcebible, un tiempo para nadie o un tiempo sólo para el silencio íntimo de los árboles. El sol acaba de ponerse".
Vicente Valero
Instalaciones:
LUNARIA
Sus hojas dobles forman un receptáculo que contiene las semillas. La peculiaridad reside en el resurgir, ya que al finalizar su ciclo vital se endurece ligeramente, anacarándose, brillando y resurgiendo ligeramente en esta segunda fase. La lunaria adquiere una segunda característica, una vez que ha llegado a su final. Y es precisamente en ese momento cuando sus hojas se convierten en nácar y adquieren una textura brillante. La lunaria simboliza la metáfora de volver a renacer, del recuerdo y la memoria que queda escrita en el futuro por las acciones realizadas.
Fibra de vidrio, red metálica y naturaleza ,2026 900 x 250 cm.
PETUNIA FIREFLY
La petunia firefly contiene semejanzas y diferencias con la lunaria, pero la petunia tiene una característica muy particular: cuando la luz solar se apaga, la petunia se desprende del día y emite una tenue luz. De esta forma, se produce cierto anonimato pues para poder brillar se transforma en algo casi imperceptible. En el caso de la petunia, brilla en la penumbra necesitando la oscuridad para convertirse.
Cartón, pintura y tela de organza, 2026 Medidas Variables
TERCER TIEMPO
El momento del ocaso es un tercer tiempo entre la luz y la oscuridad.Un espacio donde refugiarse en momentos de confusión en el que los cimientos desconocidos se derrumban. Puede resultar una forma de rebeldía y resistencia.En todos los lugares de la tierra, desierto y mar acontece el ocaso, la despedida del día. A distinta hora pero en toda su dimensión, a la espera de que la oscuridad sea ocupada nuevamente por la luz. Y antes del agotamiento de seres y plantas, la vida recorre ese umbral. Esa última posibilidad antes de apagarse.
Papel, pintura metalizada y collage, 2026 260 x 130 cm.
LUZ CREPUSCULAR
El ocaso, la puerta del horizonte que cierra el día para abrir el tiempo del crepúsculo vespertino. El crepúsculo, el lapso inestable en el que la naturaleza se torna más hermosa y misteriosa. Una belleza que, para Yolanda Novoa, está representada por dos plantas luminosas. La lunaria, con su profusión de joyas, de monedas de plata y nácar que parecen brillar con luz propia, las silículas que se desnudan de sus finísimas membranas protectoras para dejar a la vista unas frágiles formas seductoras translúcidas, que ofrecen su trémulo encantopoco antes de morir, el susurro intangible de esos espejos con los que juega y habla el viento. Y la petunia, el vegetal luciérnaga que enciende su delicada luz verdosa al llegar la noche, gracias a la energía de la luciferina, que, como Lucifer, es portadora de luz. Yolanda Novoa nos invita a un momento de reflexión sobre los seres que despiertan en el crepúsculo, en el momento de las metamorfosis, durante el que todo cambia para continuar con sus ciclos inalterables, en el que el espacio se abre a otra realidad, en el que el sentido común que marca la luz del sol se detiene, en el que se desdibujan las sombras porque dejan de estar señaladas por el dedo impositivo solar, en el que lo que creíamos tangible desaparece para dar paso a un territorio de exaltación, de sueño salvaje en el que los sentimientos toman cuerpo, calor, profundidad.
Es una obra que tiene vocación de habitar la suspensión, el tiempo de duda, de incertidumbre, el momento vital que convoca a los opuestos, al instante detenido y al cambio constante, a la tregua entre la ilusión de lo real y la certeza de lo soñado, al espacio liminar, de frontera, entre morir y renacer. El crepúsculo es el intervalo temporal en el que unos seres despiertan a la vez que otros duermen, el lubricán, el momento del lobo y del perro, la hora de la metamorfosis entre el que inaugura la vigilia y el que empieza a soñar. El perro es un animal diurno, el lobo, nocturno o, más bien, crepuscular. El lubricán, la hora del lobo y del perro, marca el territorio donde se pueden encontrar el habitante del día y el de la noche. Habitar la noche con la incertidumbre de no saber si volverá a encenderse un nuevo día. Vivir el intervalo en el que la naturaleza se queda unos instantes en silencio porque se han apaciguado los ruidos solares y todavía no ha comenzado el bullicio de la noche, los cantos intensos del ruiseñor, la orquesta de los sapos cantores.
La hora crepuscular, mediadora paradójica entre dos mundos opuestos, es el momento en el que sentimos el ritmo, la música inefable de las esferas, el rodar del universo que deja una imagen de fugacidad y permanencia. La noche fecunda, nacida de la respiración de la madre Tierra, nos deja despertar al sueño, al espacio en el que la luz y la sombra bailan para desdibujar los seres vegetales, animales, híbridos. ¿Qué vemos, el Sol caer o la Tierra levantarse? ¿Es el Sol el que se despide con un festival de fuegos artificiales, o es la noche la que crea los contrastes que dejan brillar las últimas luces? El límite de un meteoro, la última luz del sol, toca la línea invisible, la frontera del horizonte geométrico y, en ese instante, como en otros, se besan el tiempo meteorológico y el tiempo cronológico, la duración y la medida, se une lo que nunca deberíamos haber separado, el calor de la vida y el ritmo de las esferas.
Gabriel Rodríguez
Créditos:
Fundación Caja Cantabria, Exposición "Los pliegues del instante". Yolanda Novoa