Juan 15:1-27 y 16:1-4
15: 1 »Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. 2 Toda rama que en mí no da fruto la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía. 3 Ustedes ya están limpios por la palabra que les he comunicado. 4 Permanezcan en mí y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí. 5 »Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada. 6 El que no permanece en mí es desechado y se seca, como las ramas que se recogen, se arrojan al fuego y se queman. 7 Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. 8 Mi Padre es glorificado cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son mis discípulos. 9 »Así como el Padre me ha amado a mí, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. 10 Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo he obedecido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. 11 Les he dicho esto para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa. 12 Y este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. 13 Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. 14 Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. 15 Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre le oí decir se lo he dado a conocer a ustedes. 16 No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure. Así el Padre les dará todo lo que pidan en mi nombre. 17 Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros. 18 »Si el mundo los aborrece, tengan presente que antes que a ustedes me aborreció a mí. 19 Si fueran del mundo, el mundo los amaría como a los suyos. Pero ustedes no son del mundo, sino que yo los he escogido de entre el mundo. Por eso el mundo los aborrece. 20 Recuerden lo que les dije: “Ningún siervo es más que su amo”. Si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán. Si han obedecido mis palabras, también obedecerán las de ustedes. 21 Los tratarán así por causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió. 22 Si yo no hubiera venido ni les hubiera hablado, no serían culpables de pecado. Pero ahora no tienen excusa por su pecado. 23 El que me aborrece a mí también aborrece a mi Padre. 24 Si yo no hubiera hecho entre ellos las obras que ningún otro antes ha realizado, no serían culpables de pecado. Pero ahora las han visto y, sin embargo, a mí y a mi Padre nos han aborrecido. 25 Pero esto sucede para que se cumpla lo que está escrito en la Ley de ellos: “Me odiaron sin motivo”. 26 »Cuando venga el Consolador que yo les enviaré de parte del Padre, el Espíritu de verdad que procede del Padre, él testificará acerca de mí. 27 Y también ustedes darán testimonio porque han estado conmigo desde el principio. 16: 1 »Todo esto les he dicho para que no flaquee su fe. 2 Los expulsarán de las sinagogas; y llegará el día en que cualquiera que los mate pensará que está prestando un servicio a Dios. 3 Actuarán de este modo porque no nos han conocido ni al Padre ni a mí. 4 Y digo esto para que cuando llegue ese día se acuerden de que ya se lo había advertido. Sin embargo, no les dije esto al principio porque yo estaba con ustedes.
Meditación
John Stott dijo de Juan 15:1-16: «La semejanza a Cristo es el propósito eterno de Dios para su pueblo». Jesús nos dice cómo se hará realidad esa semejanza a Cristo con esta metáfora extendida: Jesús es la vid verdadera, el Padre es el labrador y nosotros somos las ramas que debemos dar fruto. El fruto crece por dos acciones: primero, las ramas son podadas. Jesús dice: «Toda rama que en mí no da fruto la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía». Esta poda es la disciplina de Dios. Hay dolor en seguir a Cristo. Dios permite el sufrimiento para refinarnos: pérdidas, aflicciones y demoras forman parte de negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz y seguir a Jesús. Como se nos muestra en Hebreos 12:10, es voluntad de Dios disciplinarnos «para nuestro bien»; esta poda contribuye a nuestra semejanza a Cristo. La segunda acción que conduce a la semejanza a Cristo es permanecer en Él. Jesús dice: «Permanezcan en mí y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí». Cuando consideramos cómo crece la uva, todo lo que necesita le llega a través del tallo que la une a la vid; la clave es mantener esa unión. Estamos llamados a permanecer en Cristo, seguir unidos, aferrarnos a Jesús. El Espíritu Santo es como la savia que lleva el crecimiento al fruto. «El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio» (Gál 5:22). La semejanza a Cristo llega a través de la disciplina de Dios y por nuestro permanecer en Cristo. Señor, quiero parecerme a Cristo. Ayúdame a creer que tú me estás haciendo como tú. Ayúdame a permanecer en ti, como tú permaneces en mí, para gloria de Dios. Amén. Rdo. Christopher Leighton (MDiv 1979) Diócesis Anglicana de New England Bridgeport, CT
Credits:
Created with an image by Varunee - "wine production in a vineyard, from pruning and flowering to grape harvesting and fermentation, capturing the craftsmanship and artistry involved."