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Introduction
Introducción
Durante el Invierno Doloroso, el pueblo puede sentirse inmóvil, tan quieto que parece completamente sin tocar. El frío intenso bloquea incluso los rayos más fuertes del sol y el humo de las chimeneas contamina el aire, ennegreciendo los cielos, las paredes y el suelo cubierto de nieve. Durante el día, todos tienen una nube de aliento que los sigue. La agudeza del aire congelado puede hacer que los pulmones más poderosos se sientan débiles y doloridos. Sin embargo, la pequeña comunidad trabaja a través de las luchas del frío para sobrevivir a lo que parece un invierno interminable.
En un cierto momento del día, en un momento específico del Invierno Doloroso, una sombra se proyecta sobre todo el pueblo cuando los rayos del sol se esconden detrás de las torres de la iglesia que casi tocan el cielo, cubriendo y excluyendo a todos en la oscuridad por un corto período de tiempo antes de que el sol se ponga y sólo permanezca la oscuridad. Muchos creen que esto es una maldición de Dios debido al mito de las bestias demoníacas que merodean por el pueblo durante el tiempo de oscuridad. Lo han marcado como el Génesis de la Noche y cuando las campanas de la iglesia suenan, los habitantes del pueblo se esconden en él calidez de sus hogares de ladrillo y madera sin ventanas. Algunos creen que las campanas son una advertencia de Dios. Para muchos, podría verse como un recordatorio para que paguemos por nuestros pecados.
Hay una creencia delirante por parte de la iglesia de que para deshacernos de las bestias, debemos ofrecer un sacrificio si queremos pasar el Invierno Doloroso vivos. Muchos ofrecen ganado y pequeños animales que pueden desechar sin mucho sufrimiento. Algunos proporcionan riquezas personales y recuerdos, creyendo que es suficiente para satisfacer la avaricia de las bestias. Para los enfermos y retorcidos, ofrecen a un miembro de su familia, generalmente el más débil o el más anciano, dejándolos para que se defiendan en los vientos fríos con nada más que un poco de pan viejo y una antorcha tenue. Algunos regresan, otros no.
Nadie ha visto realmente a las bestias que aterrorizan el pueblo y no conocemos sus intenciones impías. Todos excepto un grupo que la iglesia contrata, pero exime de ser un miembro verdadero y santo de su comunidad y la iglesia. Están vestidos de negro durante el día para ocultar su identidad y solo se les ve junto a las paredes de la iglesia una vez que la sombra envuelve al pueblo y las campanas suenan. Caminantes de Sangre, los no bautizados. Son los únicos ojos que han sido testigos de las bestias, cara a cara. Sin embargo, sus historias quedan sin contar.
Blood Walker
Caminante de Sangre
Ningún guardia ni templario ha visto a las bestias como yo, ya que no se les permite. Ninguna lengua en este pueblo puede describirlas visualmente. Sin embargo, los gritos de las bestias son escuchados por todos, que es todo lo que los plebeyos saben de ellas, sus sonidos. Cuando las sombras caen sobre nosotros y la tierra putrefacta se vuelve negra, los ojos blancos y vacíos salen de los infiernos de los que vinieron como halcones tras su presa. Enormes y musculosas, estas bestias pecan al deleitarse en lo que la ciudad les ofrece. Ríen pesada y burlonamente, pero no hablan. A medida que la luna ilumina lentamente las calles de manera débil, solo puedo ver sus ojos, blancos como la luna, fijos en una sombra corpulenta, con su pesada respiración siguiéndoles mientras rebuscan. No me ven, no me huelen. Son ciegos y solo buscan satisfacer sus deseos a través de lo que puedan perforar con sus garras manchadas de sangre. Sus intentos de degradarme son inútiles, ya que no soy considerado santo.
El pueblo nos celebra solo en este sentido, ya que los protegemos de lo que es impío. Los Caminantes de la Sangre son alabados por los plebeyos pero rechazados por los nobles debido a nuestro maldito título como tal. Mientras marchamos por el sendero sucio para prepararnos para una noche de brutalidad, somos bendecidos y orados. "Limpia este pueblo, libéralo de las bestias, Caminante de la Sangre", grita uno. "Que Él vele por ti, salvadores. Te bendiga", susurra otro, arrodillándose. Una anciana me agarró por el borde de mi túnica. "Hijos de Belial, Samael, ¡los bendiga!" Llora, usando toda su fuerza para agarrar mi túnica. Traté de apartarla, pero me encontré con los ojos de desesperación: enrojecidos, vacíos. Cicatrices que cubren su inocencia. Ella retrocedió y continuamos. No podemos pronunciar una sola palabra a la gente, sin embargo.
Antes de que nos envíen a enfrentar una muerte incierta entre el ejército del Infierno, la iglesia nos recuerda de nuestro estigma como no aptos para entrar en las puertas del cielo, a lo que muchos de nosotros bulamos. “Recuerda la marca que te condena, Caminante de Sangre,” se burla un noble, escupiendonos mientras marchamos Nos otorgan hierro grabado con escrituras y cascos bendecidos por los sacerdotes más altos para protegernos de las terribles bestias. “Misericordia sea contigo,” susurra uno, seguido de un aullido del viento. Se recita una oración melancólica, a la que nadie escucha nuestro “Amén”. Luego nos envían a la creciente oscuridad, solos y fríos.
A lo largo del Génesis de la Noche, destrozamos tantas bestias como podemos con nuestro hierro, usando toda nuestra fuerza porque podría no haber un mañana. Nunca olvidaré el espantoso hedor de la caliente sangre negra que derraman, ni los agudos gritos que emiten al ser decapitados. He experimentado muchas noches sin dormir y dolores fantasma de laceraciones anteriores en mi piel que todavía queman. La luna roja de sangre brilla a través del hollín en el cielo y nos guía hacia las bestias. Nos bañamos y nos regocijamos en su sangre para infundirles miedo, siendo vistos como perros rabiosos bailando en la noche. No puedo mostrar piedad y ya no puedo soñar debido a esto, ya que los ojos que me miran durante toda la noche gritan mientras son sacrificados.
New Blood
Sangre Nuevo
Con cada nuevo invierno, llega una nueva generación de Caminantes de Sangre. Por lo general, son convocados por los tribunales en contra de su voluntad antes de llegar a la mayoría de edad, y se ven obligados a llevar la marca de condenación en la piel de la parte trasera de sus cuellos, al igual que nosotros. Muchos de nosotros somos huérfanos o bastardos de madres desterradas. Somos indeseados por nuestra comunidad y por Dios. Hicimos este juramento para comer, dormir y bañarnos. El único coste es que nos arriesgamos a una sentencia de muerte estacional cada invierno. Ya que el proceso ha terminado, están entre el resto de nosotros por su primera noche, sin saber lo que está por venir. Sus primeras noches siempre son mentalmente costosas.
"Las mismas cosas que cazamos, son como nosotros. Nunca antes había contemplado los ojos de las bestias. Sus ojos pasando de rojo a blanco una vez que son sacrificadas, me persiguen", murmuró Adir, soltando su espada por sus manos doloridas y temblorosas. Sobrecalentado, se quitó el casco manchado de sangre, revelando el rostro del trauma. "En caso de que no te hayas dado cuenta hasta ahora, querido Adir, estamos tan condenados como ellos", dije, limpiando el sudor de mi frente con un paño y arrojándolo dentro de las llamas de las bestias ardiendo que habíamos recogido. "No tiene sentido preocuparse si todos somos considerados pecadores incluso después de que la Tierra nos consuma". No podía soportar ver a uno de mis hermanos desmoronarse a pesar de decir esto, pero la noche aún era joven y permanecer en un estado de angustia significa angustiarse entre las bestias. Cada Caminante de Sangre cuestionó su humanidad y propósito la primera semana. Aprendemos a aceptar nuestro destino eventualmente. La confusión y la ira de Adir alimentaron su supervivencia en su primera noche.
Sin embargo, no todas las cacerías son exitosas a lo largo del Invierno Doloroso. Muchos de los enfermos y heridos permanecen en su puesto y esperan la muerte en sus propios términos o intentan regresar a la torre en busca de ayuda para luchar otro día. Algunos se les niega dependiendo de su condición, ya que los sanadores no quieren desperdiciar recursos sagrados en un hombre muerto. Los charcos turbios de sangre derramada en la nieve y las túnicas manchadas hacen que nos resulte difícil distinguir qué sangre es suya y cuál es la nuestra.
End
Fin
Todas las cacerías terminan igual, sin importar si son exitosas o no. Una vez que sale el sol, todo lo que queda del ejército del Infierno se retira. Nos reunimos en el pie de la torre de campana para escuchar el toque de la mañana, y así sabemos que se nos concede misericordia para vivir otro día. Lloramos por las bajas que sufrimos, y la iglesia proporciona más carne para la próxima temporada. Las oraciones se recitan una vez más, nos limpiamos y somos atendidos por las delicadas manos de las monjas.
Las cacerías infructuosas acarrean duras consecuencias. Las heridas sufridas en la batalla son comunes, con muchas laceraciones profundas, desmembramientos y heridas que sangran sin parar y que necesitan ser besadas por el toque de las monjas. Muchas de ellas nos atienden con repugnancia, considerándonos blasfemos a los ojos de Dios, pero aun así cumplen con sus deberes. Somos el único escudo que les protege contra los terrores del Infierno. No pueden hablar con nosotros debido a nuestro estatus, ya que se considera un pecado conmutar con lo que no se considera sagrado. La desobediencia se traduce en latigazos y el destierro a corto plazo de sus funciones.
"Te recompensan generosamente a pesar de tu estado de no bautizado, no entiendo. ¿Por qué permaneces en este estado esclavo y guardas silencio?", dice una joven monja, enjuagando mis cortes, recitando una rápida oración y cosiendo mis heridas.
"Nos pagan generosamente para acallar nuestras dudas y permanecer competentes. No deberías hablar conmigo, doncella. Serás castigada y azotada."
"A negarle a un hombre la purgación desde su nacimiento y enviarlo a los abismos del Infierno...". Una monja mayor la silencia con un látigo en la mano y la expulsa, terminando su ritual.
"Usurpadores, el concilio está inundado de mentiras. Limpiamos vuestros caminos sagrados hasta que llegue nuestro fin, porque este es el camino de los Caminantes de la Sangre."
About the author:
My name is Moises Herandez and I'm a student at the University of Arizona studying Spanish with a minor in Latin American Studies. I've always been fascinated by dark fantasy worlds and religion, so I wanted to mix both into my story. Some of my biggest inspirations actually came from videogames and shows that I've played like Dark Souls, Blasphemous, and Berserk.